Callejero

Hace no mucho publicaba una foto en mi Instagram y diría que es una de las que más ha gustado en lo que va de año. Aunque no me dejo llevar mucho por los números, si que recuerdo otra foto que saqué en la zona de Sham Shui Po y que también gustó bastante, curiosamente también tenía parte de un mercadillo de por medio.

Respecto a la que nos ocupa, está sacada en uno de los pasos elevados que conectan la zona de Prince Edward y Mongkok. Desde lo alto la visión de las cosas nos da cierto privilegio y más en las escenas en las cuales son protagonistas los mercados de la calle.

Hay algo en el ambiente que nos llama, y más cuando empieza a anochecer. Muchos de los puestos después de llevar todo el día abiertos como son los de frutas, verduras o cárnicos se disponen a recoger pero en cambio otros son los que inician su particular actividad algo más intensa como son aquellos que venden utensilios, ropa o incluso juguetes. Este mercado poco se parece al conocido de Ladies Market, que es de los más turísticos; para mi gusto, éste tiene mucho más encanto.

Son un reclamo importante para los turistas, una inmersión en la actividad diaria y donde la mezcla de colores, olores y la gente hace de todo una experiencia que bien define el ritmo de la ciudad. Uno de los mejores sitios en los que practicar fotografía callejera donde captar los rostros en sus momentos cotidianos, asignatura que a veces no resulta tan fácil como uno quisiera. Éste sería un sitio que a Quicoto o Dani les encantaría. Anda que no sería genial poder hacer un photowalk con ellos por la zona 🙂

Pasaba por allí

Poco a poco le voy cogiendo el pulso al nuevo vecindario, y ayer domingo después de almorzar decidí hacer un poco de rodea en la vuelta a casa. Un punto por el que había pasado anteriormente pero que me había intrigado el poder ir más allá. Siempre veía gente yendo y viniendo a cada poco, algo tendría que haber unos cientos de metros más adentro.

Como había anunciado antes en mi página de Facebook una carretera muy tranquila pero que a la vista prometía. El primero de los descubrimientos era un almacén de varas de bambú justo a mano derecha, se veía que era bambú con años a sus espaldas porque el color era algo más grisáceo y también por el efecto del sol. Suelen tener una vida útil bastante larga pero con el tiempo y por seguridad, es mejor retirarlos para paso a una nueva generación. Tal que así que justo al otro lado había un pequeño montoncito de varas que estaban semiocultas con la vegetación, su momento de jubilación y disfrutando del clima otoñal.

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A pocos metros había un camión aparcado en un hueco que daba acceso a un canal de agua. Un hilito de agua transcurría por el fondo, y guiado de más curiosidad me llevó a pasar por un lateral y ver hasta donde llegaría dicho canal, pero todo apuntaba que hacía círculo mientras giraba hacia la derecha.

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Habiéndome adentrado unos cuantos metros más al fondo y tan sólo con el sonido de mis pisadas sobre las ojas secas. De vez en cuando se esuchaba algún que otro coche pasar de una autovía cercana. Algo que me llamaría la atencion fue escuchar un zumbido algo peculiar, y justo al otro lado del canal que había un propiedad, y con un circuito de coches de radio control. Buena forma de pasar una tarde de domingo.

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Volviendo sobre mis pasos hasta el camino principal, descubrir que había algunas parcelas más con algún camión que tenía pinta de llevar aparcado bastante tiempo y junto con algo de material como vallas para obras. Y lo que parecía también un negocio, a lo mejor de compra/venta de metales, aunque le pregunté a mi novia por el signigicado de los caracteres pero no me supo decir exactamente.

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Llegado un punto en la carretera, los coches no podían continuar y tenían que dar la vuelta. En cambio, para los de a pie había un caminito que seguía a lo largo y con varias casitas a los lados. Muy simples, con techos de hojalata y paneles de metal algo herrumbrientos. Tenía pinta que llevasen muchos años en esta ubicación, además algunos de sus habitantes se lo tenían bastante bien montado con un pequeño huertito justo en frente de casa; más fresco imposible.


 
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Y como no, lo mejor siempre viene para el final. Ante mi sorpresa uno de los vecinos de la zona se ve que es un gran aficionado al cultivo de los bonsais y varios de ellos formaban parte del paseo a cada lado. Y de varios tamaños, desde uno bien grandote en esta esquina junto con otros de tamaño medianito en un banco habilitado para ello. Diría haber contado unos más de diez!

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Dejando atrás la «casa de los bonsais», ya tan sólo quedaban pocos metros del pasillo de casitas y de nuevo llegaba el asfalto. Una última casa que cerraba el conjunto y justo a su lado una típica construcción de nichos familiar donde rendir tributo a sus antepasados.

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Un paseo más que agradable y descubriendo una pequeña comunidad. A pocos pasos de otros edificios residenciales y de la estación de tren. Espero que no le de al gobierno un día por tener que desalojar estas familias y construir más bloques de viviendas, entonces el lugar ya no sería lo mismo. Mientras tanto, me dejaré caer de vez en cuando por allí y ver qué tal evolucionan los bonsais.

Paseo tranquilo

A poco que vayan recorriendo estas fotos seguro que el sitio les resulta familiar, y no vale mirar en una de las etiquetas al final del post, a ver si lo adivinan y para ello no voy a poner ninguna pista en las etiquetas del post. Algunas señas puedo dar y es que queda al norte y sólo se puede acceder vía sus puentes, bien sea en coche o sino en el tren.

Recorriendo su paseo bordeando la costa, podemos observar el paso de los barcos, la gente pescando o la gente de paseo. Es bastante verde y tiene bastante edificios, aunque no está demasiado súper poblado. Sin duda es una buena zona para vivir y que cuenta con zonas para actividades deportivas y de ocio como es un centro comercial desde donde se accede al metro.

No faltan pequeños parques para niños aunque siempre con la supervisión de los mayores.


 

¿Adivinan cómo se llama este puente?

Las zonas verdes son otro de sus puntos fuertes lo que ayuda a crear un ambiente más fresco y refugiarse a la sombra de los árboles cuando el sol aprieta.

Digamos como quien da una vuelta a la manzana, tras dejar el paseo marítimo y adentrarnos de nuevo en el núcleo de edificios, regresamos a una de las calles principales y de camino al metro.


 

 

Toca regresar a casa que está tan sólo a un par de paradas de metro, no me puedo quejar por cercanía.

Precisión

Un paseo por los alrededores de Mongkok siempre nos puede deparar muchas sorpresas. No sólo es por las tiendas, las luces, los puestos de comida callejera… siempre hay algo más. Un elemento importante de todo el conjunto es la gente, alguna pasa un poco desapercibida y no son los que precisamente estén atendiendo en las tiendas o en los restaurantes. Otro tipo de servicio en el que la precisión es una de las virtudes el oficio de relojero.

Ubicado en un lateral de las salidas de metro en la calle Sai Yeung Choi, nos encontramos con el pequeño puestito de este señor cuyo oficio son los relojes. Cambiar correas y pilas, está a la orden del día, y la gente espera su turno mientras atiende a uno de los clientes. Parece que el trabajo se le acumula por momentos y una persona más se añade a la cola, yo soy uno de ellos pero antes prefiero dar una vuelta y hacer un poco de tiempo cuando la cosa esté un poco más calmada, ir a cenar y luego ya a la vuelta.

Llevaba tiempo queriendo cambiarle la pila a uno de mis relojes, pero lo típico que uno piensa: «ya si eso voy otro día..» y el tiempo pasó a la vez que le daba uso a otro de los relojes que tengo (que son una de mis pasiones). A la vuelta de haber comido algo estaba desocupado y no tardó nada. Aquí lo vemos reloj en mano y mientras se dispone a cambiar la pila. Uno de los utensilios descansa en la pequeña gaveta que hace a la vez de cajita para el dinero, el espacio bien aprovechado.

La próxima vez que necesite cambiar la pila al reloj, ya sé donde tendré que acudir y seguro que ese rinconcito es su lugar habitual de trabajo, así la gente puede tomar la referencia y saber donde encontrarlo. Como este señor, podemos encontrar a otros más con el mismo oficio, y es que en tan sólo unos pocos metros pueden desenvolverse en su labor y siempre con la buena opción de la movilidad de un sitio a otro.