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Rural
mar 15
La esencia de la isla en sí nos encantó pero algo que disfrutamos más aún fue el poder adentrarnos en pueblecitos de montaña muy bien conservados y con un encanto especial. Empezamos la ruta desde la zona sur-oeste de la isla y subimos en dirección a Soler situado más al norte. La carretera nos iba guiando a medida que ascendíamos, monte por todos lados y con pocos coches en el ascenso y de vez en cuando algunos que venían de vuelta, puede que de camino al centro de la ciudad u otros núcleos de población cercanos. Me imagino aquellos que vivan en medio del monte, un sitio ideal para estar aislado de todo pero una pequeña odisea cuando se trate de ir a comprar cosas, algo que me recuerda a algunos sitios del sur de Tenerife. Lo que empezó como un día algo gris, más tarde se convertiría en un día de cielo azul y sol radiante.

El paisaje en sí merecía que a cada poco tuviéramos que parar y sacar algunas fotos. La vista de la costa con el verde de la vegetación y de repente el vacío, rocas afiladas y más abajo el mar rompiendo con fuerza. Se notaba el soplo de la brisa y de vez en cuando algo de bruma pasaba de largo, se notaba que habíamos cogido altura.


Creo que apenas habíamos hecho una hora de camino y aún nos quedaba por recorrer. La carretera sinuosa, de esas que uno se tiene que tomar con calma. Algún tramo de bajada y al poco ascendíamos de nuevo, con alguna paradita más de por medio para estirar las piernas.

Al paso por una zona menos elevada en la que poco a poco se va divisando un pueblecito entre la vegetación, apenas unas pocas casas lo conforman mientras la bruma de las montañas observa desde lo alto. Ahora toca del pedal del freno, casi sin tener que acelerar nos vamos dejando llevar por la inercia mientras atravesamos zonas de vegetación con arbustos y también olivos.

La zona gris del día terminaría más adelante, el cielo más despejado y otro verde ante nuestros ojos. La disposición escalonada del terreno y a modo de terrazas descendiendo por los laterales del terreno. Puede que sea para el cultivo de la uva. Desde la distancia en la que estábamos no se podía apreciar del todo bien.

Y las fachadas de las casas de los alrededores, todo en piedra como antaño y con portalones de madera, súper bien cuidado todo. Anda que vivir en una de estas, seguro que son de lo más acogedoras por dentro. Nada como las casas de antes
Un pueblo de paso que en apenas un momento, que tan pronto entrabas, ya estabas saliendo, pero con un entorno muy acogedor.

Con unos cuantos kilóemtros ya recorridos y la hora de comer acercándose, lo mejor era hacer una paradita más seria. El nombre del pueblo Deià, un lugar excelente. Rodeando de pinos, con casas preciosas y donde comimos de maravilla.

La carretera estrechita que pasaba por mitad del pueblo y con muy poco sitio para aparcar, con un guardia vigilando que todo el mundo respetase las zonas de aparcamiento. Nos tuvimos que ir un poco más hacia el final del pueblo y regresar caminando, pero al menos con garantías de no encontrarnos multa a nuestro regreso. El pequeño paseíto desde el coche hasta el núcleo urbano, una buena excusa para poder ver los negocios locales como restaurantes o tiendas con productos de la zona.


Cada pocos metros algún cartel en la pared con los platos del menú del día. Ya iba apeteciendo comer algo y tomarse algo fresquito a la sombra. Después de ver un par de sitios, encontramos el nuestro ¿podrán esperar a la siguiente entrega? …

La catedral de Palma
mar 1
Después de habernos recorrido el centro, otro de los puntos de interés y por no decir que uno de los principales es: la catedral de Palma. Puede que resulte algo tópico, pero es algo que uno tiene que ver de cerca. Fue una de las últimas visitas que hicimos durante esa tarde mientras el calor apretaba.
Nos fuimos acercando poco a poco después de haber venido caminando desde la avenida marítima. Y las distancias a veces engañan un poco, pero también la construcción en sí es bastante grande y a medida que uno se acerca se da cuenta. El sitio perfecto para sacarse una foto es delante de este pequeño estanque y la catedral de fondo.


La presencia de turistas en este punto se intensifica, mientras que cuando estamos por el resto del centro están todos muchos más dispersos. Te los puedes ver curioseando en algunos de los puestos que hay en los alrededores y que venden pinturas. En esta ocasión no compramos ningún souvenir que luego ya tendríamos ocasión en días posteriores.


Para los amantes de la arquitectura, este es un lugar donde no perderse detalle de los edificios. Esas paredes de color amarillo ocre, los ventanales y todo en piedra. Y al otro lado se alza una de las puertas de entrada, impresionante la cantidad de detales de la fachada y sus torres.


Nos quedó haberla visto por dentro. ¿La han visto ustedes? seguro que para los residentes será algo que igual no llama tanto la atención, pero para los que estamos allí por primera vez, no nos dejamos casi nada por alto. Lo bonito hubiera sido ver la catedral desde lo lejos e iluminada de noche como nos dijo Álvaro, pero nos fuimos con muy buen sabor de boca.
Paradita
feb 17
Después de haber tenido una mañana y parte de la tarde bastante productiva, yendo por calitas, nos tocaba emprender el camino de vuelta hacia la capital. Por suerte el camino no era demasiado largo, sin embargo, nunca viene mal hacer un alto en el camino. Apenas llevábamos una media hora en el coche, cuando pasamos por un pueblecito que nos había llamado la atención anteriormente. La carretera lo atravesaba y no era demasiado grande, pero con un aspecto bastante acogedor. Con casitas bajas de ladrillo y un ambiente de lo más tranquilo.

Nos desviamos de la carretera principal y buscamos un sitio para dejar el coche y estirar las piernas por los alrededores. Se podrán imaginar que siendo como era domingo y a eso de las 5 de la tarde en un pueblo de estas dimensiones, el ritmo de vida es como si se frenase.

No podía faltar su iglesia, ubicada en la zona central y acompañada de su plazita por la parte frontal. Y por allí había un bar (no sé si sería el único). Alguna gente en las mesitas, al menos algo de ambiente. En su mayoría turistas como nosotros que iban de paso, aprovechando para refrescarse y después continuar el camino. No faltaba tampoco un grupo de señoras que parecía estar haciendo la tertulia del domingo tarde, hay cosas que no cambian y es agradable comprobarlo.



Nos sentamos en una de las mesitas y pedimos dos refrescos. Fue curioso que el camarero nos advirtiese que no tardásemos mucho por que las mesas eran para la hora de la cena, y en previsión de que llegase más gente en un rato. Y vaya que si piensan en los extranjeros y sus costumbres de cenitas tempraneras, de hecho había una pareja sentado al lado nuestro que ya había empezado con sus platos.
Disfrutamos de la brisita que corría por la plaza y unos minutos de sombrita, se estaba la mar de bien. Al cabo de un rato, pagar la cuenta y de vuelta al coche que aún nos quedaba un poquito menos de la mitad de camino hasta Palma, pero no había prisa ninguna que para eso estábamos de vacaciones, ¿no?

Aprovechen para hacer alguna paradita durante el finde y disfrutar de algunos momentos de relax. Luego ya se verá el lunes, que de momento parece lejos
Rica ensaimada
feb 7
Toda aquella persona que haya oído habla de la isla, sabrá que cuenta con ciertos productos comestibles que son muy apetecibles. No es de extrañar que cuando alguien vaya de visita reciba algún encarguito a modo de souvenir. Nosotros no teníamos ninguno pero no desaprovechamos para traernos algo con nosotros. Se trata de la famosa: ensaimada mallorquina.
Aunque la original sigue siendo la mejor de todas, podemos encontrarnos con algunas variantes con cabello de ángel o crema pastelera. Mientras íbamos de recorrido por las calles del centro, encontramos en un rinconcito un pequeño horno de pan-dulcería. Fue ver las cajas por fuera del establecimiento y tuve la llamada de la ensaimada
andes de que decidiéramos entrar, había también otra pareja que curioseaba desde el exterior pero finalmente no se animaron.

Mala suerte que cuando pedí una tradicional, éstas ya estaban agotadas, por lo que decidí probar algo nuevo y me decanté por una de crema. Como aperitivo seguro que entraría la mar de bien. Le dije a mi novia que posase un poco con ella en lo que yo colocaba el dinero de vuelta en la cartera y aprovechar para sacarle una foto. Sólo compramos una porque ella no se animó a pedirse una para ella sola, así que, me robó un mordisquito.


Ahora era mi turno, sii! y qué cara de satisfacción la mía. Por lo menos para saciar las ganas de comer hasta que fuese la hora del almuerzo. Juraría que en aquel momento aún no habías comido, aunque la verdad que perdía la noción del tiempo. Así fue que las 4 horas que había puesto para el parking, no fueron suficientes con lo que más tarde tuve que volver para ponerle algunas monedas más, no vaya a ser que luego al ir de vuelta al coche nos encontrásemos una sorpresa.

Durante el resto de nuestra estancia, alguna ensaimada más cayó, en uno de los desayunos de nuestro siguiente hotel y como no, antes de partir de vuelta a Barcelona, no pude resistirme a la tentación de comprar una más y con rumbo a Hong Kong. La intención era luego poder compartirla con los compañeros de la oficina, y prueba superada
Seguro no hace falta que les diga que la próxima vez que vayan a Mallorca, no dejen de comer una o sino traerse un par de ellas de vuelta para compartir con la familia.
Las calles de Palma
feb 2
Después de haber tenido nuestra ración de calitas, no podíamos olvidarnos de visitar el corazón de la isla, su capital Palma de Mallorca. A pesar de que el hotel estaba situado a no mucha distancia del centro, serían unos 20-30 minutos a pie, preferimos desplazarnos en coche para estar un poco más cerquita y ya que luego por la tarde-noche nos cambiaríamos a un hotel un poco más hacia las afueras, pues ya nos íbamos directamente desde allí. Encontrar aparcamiento por las callecitas del centro de Palma, no fue empresa fácil. Dando una y otra vuelta, yendo y viniendo, hasta que al rato dimos con un espacio de zona azul. Más que sea, pagar para unas cuantas horas y despreocuparnos.
Desde allí nos fuimos adentrando entre callecitas sumamente tranquilas. Construcciones de piedra y tonos ocres, era como sentirse en otra época. Avanzamos pero aún no dábamos con más turistas, imagino que desperdigados por el resto de la red de callecitas que haría que nos fuéramos adentrando más y más.


Al rato escuchamos que viene alguien y se trata de un grupo de turistas que van motorizados en sus Segway. Si que es una forma práctica de recorrer las calles, más relajada desde luego, pero yo prefiero el método tradicional del pateo, aunque la verdad no me importaría probar un cacharrito de esos. Sé de buena tinta que Pau y Jexweber los han podido probar y hablan muy bien de ellos.

El centro se iba acercando, veíamos algo más de negocios: algunos bares, tiendas de souvenir… pero al ser verano yo creo que el ritmo de la gente se frena. Mucha gente de vacaciones en pleno mes de julio, es normal. Son los turistas los que dan más vidilla al lugar.

Alguna pareja disfrutando de un paseo en coche de caballos. Otra buena forma de recorrer la ciudad mientras se toma el sol y se sacan fotos. Hacía un día estupendo.

Y en lo que respecta a la arquitectura, el centro es una pasada. Cantidad de iglesias y edificios antiguos muy bien conservados.

Fachadas con muchos balconcitos y grandes ventanas, seguro que tiene que ser una gozada desde el interior además de luminosos. El placer de tener un balconcito es algo inigualable, lástima que en Hong Kong es algo que no se ve tanto como debiera. Lo echo de menos en mi casa.

El gentío ha ido aumentando, nos encontramos próximos a la Plaza Mayor. Aritstas callejeros, gente tomando algo en alguno de los bares, de compras, tomando un helado; todo así de repente.



Además en la plaza habían un mercadillo, otro punto más para los curiosos. Lugar de paso por el centro de la plaza para luego volver a perderse por la siguiente callecita, o bajo los soportales para resguardarse del solecito que se dejaba ver entre las nubes.



Seguimos nuestro camino dejando atrás el ajetreo, será cuestión de ir en busca de un sitio para comer/picar algo. Algo seguro que encontramos, pero mejor alejado de la plaza mayor que ya se sabe como se las suelen gastar en los sitios más turísticos. Y finalmente dimos con un bar donde pedimos unos platos combinados y unos refrescos, que nos dejaron más que satisfechos. Anda que no hubiera estado bien sentarse un rato a la sombra en un banquito para echar una pequeña siestecita ![]()

Creo que de haber tenido un par de días más, no nos hubiera importado perdernos más tiempo deambulando de una calle a otra. Especialmente mi novia se quedó prendada de la cantidad de boutiques, tiendas de accesorios, sitios para comer… creo que esto reafirma más que un día tendremos que volver
Si les gustó el relato, no se pierdan otro aún mejor. Nuestro amigo Ignacio relata su paso por estas mismas calles y con las fotos que nos tiene acostumbrados.
Cenita mallorquina
ene 27
Justo la noche antes de que fuéramos a dejar la isla, aún teníamos tiempo para hacer un último reencuentro con cenita incluida. Después de haber tenido un día bastante intenso con unos cuantos kilómetros de carretera, visitando la zona del noreste de la isla disfrutando de paisaje de montaña y con algunos sitios realmente sorprendentes, nos esperaba Álvaro al que ya habíamos tenido ocasión de conocer cuando estuvo visitando Hong Kong a principios de 2011. Nos reencontrábamos justo 6 meses después, curioso
Nos dejamos recomendar y eligió un restaurante situado en la zona de Génova muy cerquita de Palma. A base de Google Maps en el móvil y acierto, dimos con el lugar sin demasiada dificultad. Con amplio aparcamiento y dentro del mismo con bastante ambiente, hasta la bandera de gente. Antes que me olvide, el lugar se llama Can Pedro y conviene reservar por si las moscas, en especial para el fin de semana.

En lo que nos pensábamos los platos que íbamos a pedir, nos trajeron una cestita de pan con salsita alioli y unas aceitunitas. Vaya vicio con el pan y la salsita, que de esas cosas poco se ve en Hong Kong y en viajes como éste, uno aprovecha y más. Finalmente dijimos de pedir un par de entrantitos (calamares y un frito mallorquín), y ya luego un primer plato para cada uno. Avisados de que las raciones eran generosas, no nos pasamos con los entrantes, que tan sólo eramos tres.

Para abrir boca el frito con los calamares de fondo. Todo un descubrimiento el frito, que parece un plato sencillo pero seguro que tiene su arte. Curiosamente la noche anterior en un sitio por el centro nos llamó la atención el plato en cuestión y lo probamos, pero este sin duda, estaba insuperable.

Y ya como plato principal, mi novia se decantó por un platito de bacalao a la vizcaína. Ya pueden ver el tamaño de la ración, la ayudé un poquito al final. El pescado estaba francamente bueno, el punto de la sal y el caldito con cebollita y pimientitos.

Álvaro eligió unas chuletitas de cordero pero no tengo fotos para el testimonio, eso quiere decir que ya tenía con el señor chuletón que me plantaron en la mesa. Creo que describir el sabor, ufff, mejor es en vivo y en directo, pero no se me resistió desde luego.

A estas alturas se pensarán: “ni hueco para el postre”. Pues sí que pedimos uno para compartir entre los tres, algo típico también una tarta de almendra. Y más que a gusto, una pedazo de cena y con muy buena compañía con nuestro anfitrión. Menos mal que cuadraron las cosas y pudimos reunirnos, que sino, a saber cuando. ¿Y la próxima? será en Asia, o bien por España?

Gracias Álvaro, disfrutamos muchísimo!
Calita
ene 17
Una de las cosas que teníamos en mente cuando decidimos ir a Mallorca, es que teníamos ganas de dar con esas calitas tan especiales que en la isla se pueden encontrar. Un rinconcito de costa con agua cristalina y refrescante. Muchas de ellas algo recónditas y más o menos populares. Al día siguiente de haber llegado, con las pilas puestas después de desayunar algo en el hotel, salimos en dirección sureste. La carretera muy agradable de conducir y con un tiempo día claro, poco a poco el calorcito iría apretando.

Era muy agradable a la vista contemplar las extensiones de tierra que estaban salpicadas por olivos y algunas edificaciones de piedra, seguro que con bastantes años en pie pero con muy buena pinta. Muritos de piedra que delimitan las parcelas y también con algunos animales campando a sus anchas. La brisa que se colaba en el interior del coche mientras avanzábamos se agradecía, aunque más adelante usaríamos un fisquito el aire acondicionado, esos calores del verano en el mediterráneo se dejaban notar.

La zona de Santanyi fue la que elegimos para buscar alguna de estas calitas. Apunté también algunas recomendaciones de gente en twitter, pero al final, creo que el azar fue el factor que determinó qué calas visitaríamos. También ir de vacaciones, dejando que las cosas surjan de imprevisto, tiene su emoción ¿verdad?
Llegados a nuestro destino, más o menos y tras unas horitas de conducción, llegamos a la zona. Lo mejor, dejar el coche aparcadito a la sombra, si es posible, coger nuestros bártulos y tirar para la playita. Nos aventurams por un caminito y poco a poco se iba escuchando el sonido del mar y entre la vegetación asomaba el color azul, algunas personas en el agua. Tenía muy buena pinta.

Estaba situada en la trasera de un complejo hotelero, pero no estaba demasiado saturada. En su mayoría turistas alemanes e ingleses, creo que gente local más bien poca. Buscamos un sitito no muy alejados de la orilla y dispuestos a darnos un baño de sol antes de meternos en el agua. A medida que uno se adentraba el color iba cambiando hasta volverse de un azul muy profundo, estaba algo fresquita pero era lo que apetecía. ¡A nadar como un pececillo se ha dicho!

Estuvimos disfrutando del sol y el agua durante un buen rato, hasta que vimos que se iba haciendo la hora de comer. Luego más tarde aún podríamos aprovechar para visitar otra de las playitas cercanas. Una zona bastante turística pero rondando las 3 de la tarde, reinaba un silencio absoluto. O bien la gente estaba echando la siesta o almorzando. No se por qué me sonreí cuando vi venir al camarero con el mantelito de papel que traía dibujada la isla y donde se indicaban los principales puntos de interés, me recordó al mantelito habitual de la isla de Tenerife. Uno se entretiene mientras la comida llega y descubriendo cosas nuevas, hasta puede dar para improvisar un plan después de comer.

Una jarrita bien fresquita de sangría y algo de picoteo. Nos gustaron en especial los mejillones que venían con una salsita de estas para mojar pan y no parar, estaban tremendos.


El servicio muy atento y la relación calidad/precio muy buena. Comida internacional, con algunas tapas y platos combinados pero sin precios excesivos, y súper satisfechos. Mejor irnos a dar un paseíto y hacer algo de digestión. Un perfecto día de domingo con relax, buena comida y sobre todo: playita
Contacto Mallorca
nov 29
Llegaríamos a la isla un sábado de tarde después de pasar unos días increíbles en Barcelona con muy buen tiempo y esperábamos que en Mallorca fuesen igual de buenos pudiendo disfrutar más del mar con algunas raciones de playita.
El vuelo es bastante corto con lo que casi ni te enteras, pero ya se sabe lo que pasa en los aeropuertos que uno invierte más tiempo pasando por el mostrador de facturación, seguridad y llegar a tu puerta de embarque con la consiguiente espera, que lo que fue el vuelo en sí. Lo malo una vez llegado al Aeropuerto de Palma de Mallorca, lo larga que se hizo la espera hasta que pudimos coger el coche que habíamos alquilado para esos días de estancia.
¡Qué ganas, por fin conducir! una de las cosas que más echo de menos estando en Hong Kong, aunque el transporte público con lo bien que funciona y cubriendo nuestras necesidades, uno no necesita más de momento. Y éste fue el coche que elegimos. Mentira, que nos dieron un modelo superior pero al mismo precio y ni tan mal ![]()

Había sido precavido y memoricé los mapas en el móvil para orientarnos por los alrededores de la capital, aunque al final me terminé haciendo un poco de lío con una intersección e hicimos algún kilómetro de más pero finalmente llegamos a nuestro hotel. Mientras dejé las maletas en la puerta con mi novia, me fui a dejar el coche al aparcamiento más cercano. El hotel no estaba en el centro, centro pero se podía ir muy fácilmente bien en coche o igual a pie con algo más de paseíto, eso sí, parecía una zona bastante tranquila y el sitio por fuera inspiraba bastante relax.
¿Qué les parece la habitación? bonita, ¿verdad? Si hay algo en lo que confío, es en el buen gusto de mi chica a la hora de escoger el alojamiento, aunque si es cierto que le cuesta un poco decidirse pero siempre dan con una buena elección y esta no iba a ser menos.



Nuestra primera noche en la isla iba a ser de relax absoluto, luego ya tendríamos el día del domingo por delante para aprovechar y ver más cositas. El plan era ir en busca de algunas calitas por la zona sureste, tenía algunas recomendaciones pero seguro que improvisaríamos un poco. A ver qué tal se nos da, en la próxima entrega lo sabrán. Pero aún quedaban horas de sol para irnos hasta la avenida y disfrutar de un paseíto contemplando algunos barquitos de impresión.






