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Sabor local

En cualquier buena visita que se precie a Penang y con la fama que tiene por la variedad de su gastronomía, uno tiene la certeza que la buena comida no va a faltar. Lo mejor de todo es probar de los clásicos puestitos de la calle, a la vieja usanza que es como sabe mejor. Además, a pocos metros de donde teníamos el hotel estaba el sitio perfecto para disfrutar algunos de esos platos típicos.

No todos los puestitos comienzan su actividad desde por la mañana sino que hay otros que empiezan poco a poco sobre la tarde-noche, con lo que siempre nos aseguramos el poder encontrar alguno de ellos abierto independientemente de la hora a la que pasemos. Lo malo es cuando se nos antoje comer algo de un puestito en especial y se tenga que esperar hasta que esté abierto, será por más lugares que hay en la ciudad 🙂

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Como nos anuncia el cartel de la foto anterior, dentro del recinto no se pueden consumir bebidas u otros alimentos de fuera. En el caso de sentarnos a comer tan sólo y sin pedir bebida, pues hay que pagar 1 RM (ringgit) por persona. Puesto que el recinto es de uso compartido entre todos los puestitos; al fin y al cabo es para que todos se beneficien, los que hacen la comida y los que sirven las bebidas.

La gente hacía cola en este puesto esperando a que el cocinero preparase su almuerzo para llevar y sin perder tiempo seguir con el siguiente pedido. Había que probar de este puesto especializado en cerdo y pollo (estilo Hainan o al horno)

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Ración de pollo y acompañado de dos vasitos de limonada. El otro plato vendría en camino…

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Uno de los platos estrella: Char Kway Teow. Para aquellos que no conozcan los ingredientes de este plato, son los siguientes: fideos de arroz planos que se mezclan con gambitas, lap cheong (tipo de salchicha china), huevo, brotes de soja, cebollino y una mezcla de salsa de soja. La elección del grado de picante es ya a gusto del consumidor, aunque no es que sea un plato extremo pero con un toquito de picante le da algo más de gracia. Un plato que pueda parecer sencillo pero que hay que saber manejarse con el wok para darle el punto adecuado.

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Para los que quieran ubicar dónde esta el sitio en cuestión, que por cierto está bastante céntrico y a pocos pasos de la zona histórica de la ciudad. ¡No se lo pueden perder!

En cualquier buena visita que se precie a Penang y con la fama que tiene por la variedad de su gastronomía, uno tiene la...

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Casualidades

No hay nada de extraño en coger un callejón para acortar un poco las distancias o bien para improvisar de forma que cambiemos alguna de nuestras rutas habituales. Creo que no había pasado hasta ahora el fijarme en un detalle en concreto y además en tan corto espacio de tiempo. Detalles que uno archiva en su mente y cuando ve una coincidencia la alarma salta en nuestros sentidos.

Terminada la hora del almuerzo aprovecho para hacer unas diligencias para la oficina, la temperatura es agradable para pasear porque sopla un poco de brisa a pesar de que anda medio nublado, en lo que decido a travesar un callejoncito y a medida que lo atravieso observo que algunos garabatos, porque digamos que no son exactamente unos graffitis pero sin que pase nada extraordinario. Incluso con número de teléfono en caso que tengamos problemas de cañerías o desagües.

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Es a la vuelta cuando regreso hacia la oficina cuando veo en este poste algo que me hace recordar sobre el callejón de hace un rato. ¿Lo vieron?

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El denominador común es el carácter 正 y que significa “positivo”. Puede que esté en lo cierto o no, pero si que me saltó a la vista que se repitiese. Digamos que entre un sitio y otro, apenas hay diez minutos caminando. Una forma de delimitar el territorio del autor o simplemente una seña de que estuvo de paso por el lugar.

Algo que sucede a nivel global en muchas otras ciudades, alguien que quiere darse a conocer con su firma particular pero sin que le podamos poner un nombre o un rostro. ¿Qué opinan?

No hay nada de extraño en coger un callejón para acortar un poco las distancias o bien para improvisar de forma que camb...

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Sabor cantonés

Tras haber pasado la Nochebuena y el día de Navidad por la ciudad, habíamos planeados para el siguiente par de días irnos hasta Guangzhou. El estar viviendo en Fanling la verdad que facilita un poco más las cosas y ahorra tiempo en el transporte. A tan sólo dos paradas de la frontera con Shenzhen y luego coger un tren directo de una hora escasa de trayecto para llegar a la estación de tren Este de la ciudad.

Llegamos en la tarde-noche del jueves. Ese día nos lo tomamos con calma por la mañana descansando un poco más en casa y luego preparar un par de cositas para la escapada hasta el sábado. Y para el tema alojamiento, a pesar de tener algunas referencias ya nunca viene mal una miradita a algunas web como Destinia o similares.

Las luces iluminaban los edificios del distrito financiero, entre ellos el IFC (originales con los nombres, jeje) que es uno de los más altos. En los alrededores hay unos cuantos edificios más en plena construcción, algunos a medio terminar y otros que apenas están empezando. La ciudad ha experimentado muchos cambios en este espacio de cuatro años desde que la visitase por primera vez y aún le queda por crecer, seguro.

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La Torre de Cantón es otro referente que gana mucho con el colorido y es agradable pasear por la esplanada que hay que a sus pies, y bien abrigados porque el frío de hacía notar.

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Hubo tiempo de descubrir lugares con encanto como este café.

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Esta zona que hace años que era principalmente industrial con muchas naves repartidas a lo largo de una calle como eje principal. Un sitio muy interesante en el que hay mucho que ver y merece la pena pasar unas cuantas horas recorriendo las exposiciones, tienditas y algunos de sus cafés o restaurantes.

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Y como no hasta pudimos probar algo de comida callejera, siempre hay un huequito que antes de ir de vuelta al hotel a descansar. Unos dumplings muy caseros que encontramos en un poco puestito y que tan sólo por 10 yuanes nos supieron a gloria 🙂

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Tan sólo con dos días pero parece que lo aprovechamos bastante; esto tan sólo son unas pinceladas digámoslo de alguna forma. Guangzhou tiene bastante que ver y no descarto hacer alguna otra visita en los próximos meses.

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Pasaba por allí

Poco a poco le voy cogiendo el pulso al nuevo vecindario, y ayer domingo después de almorzar decidí hacer un poco de rodea en la vuelta a casa. Un punto por el que había pasado anteriormente pero que me había intrigado el poder ir más allá. Siempre veía gente yendo y viniendo a cada poco, algo tendría que haber unos cientos de metros más adentro.

Como había anunciado antes en mi página de Facebook una carretera muy tranquila pero que a la vista prometía. El primero de los descubrimientos era un almacén de varas de bambú justo a mano derecha, se veía que era bambú con años a sus espaldas porque el color era algo más grisáceo y también por el efecto del sol. Suelen tener una vida útil bastante larga pero con el tiempo y por seguridad, es mejor retirarlos para paso a una nueva generación. Tal que así que justo al otro lado había un pequeño montoncito de varas que estaban semiocultas con la vegetación, su momento de jubilación y disfrutando del clima otoñal.

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A pocos metros había un camión aparcado en un hueco que daba acceso a un canal de agua. Un hilito de agua transcurría por el fondo, y guiado de más curiosidad me llevó a pasar por un lateral y ver hasta donde llegaría dicho canal, pero todo apuntaba que hacía círculo mientras giraba hacia la derecha.

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Habiéndome adentrado unos cuantos metros más al fondo y tan sólo con el sonido de mis pisadas sobre las ojas secas. De vez en cuando se esuchaba algún que otro coche pasar de una autovía cercana. Algo que me llamaría la atencion fue escuchar un zumbido algo peculiar, y justo al otro lado del canal que había un propiedad, y con un circuito de coches de radio control. Buena forma de pasar una tarde de domingo.

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Volviendo sobre mis pasos hasta el camino principal, descubrir que había algunas parcelas más con algún camión que tenía pinta de llevar aparcado bastante tiempo y junto con algo de material como vallas para obras. Y lo que parecía también un negocio, a lo mejor de compra/venta de metales, aunque le pregunté a mi novia por el signigicado de los caracteres pero no me supo decir exactamente.

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Llegado un punto en la carretera, los coches no podían continuar y tenían que dar la vuelta. En cambio, para los de a pie había un caminito que seguía a lo largo y con varias casitas a los lados. Muy simples, con techos de hojalata y paneles de metal algo herrumbrientos. Tenía pinta que llevasen muchos años en esta ubicación, además algunos de sus habitantes se lo tenían bastante bien montado con un pequeño huertito justo en frente de casa; más fresco imposible.


 
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Y como no, lo mejor siempre viene para el final. Ante mi sorpresa uno de los vecinos de la zona se ve que es un gran aficionado al cultivo de los bonsais y varios de ellos formaban parte del paseo a cada lado. Y de varios tamaños, desde uno bien grandote en esta esquina junto con otros de tamaño medianito en un banco habilitado para ello. Diría haber contado unos más de diez!

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Dejando atrás la “casa de los bonsais”, ya tan sólo quedaban pocos metros del pasillo de casitas y de nuevo llegaba el asfalto. Una última casa que cerraba el conjunto y justo a su lado una típica construcción de nichos familiar donde rendir tributo a sus antepasados.

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Un paseo más que agradable y descubriendo una pequeña comunidad. A pocos pasos de otros edificios residenciales y de la estación de tren. Espero que no le de al gobierno un día por tener que desalojar estas familias y construir más bloques de viviendas, entonces el lugar ya no sería lo mismo. Mientras tanto, me dejaré caer de vez en cuando por allí y ver qué tal evolucionan los bonsais.

Poco a poco le voy cogiendo el pulso al nuevo vecindario, y ayer domingo después de almorzar decidí hacer un poco de rod...

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