Corte rápido

 

Aún recuerdo las primeras veces que me corté el pelo y recuerdo con simpatía alguna de esas experiencias. Llegar a una ciudad nueva y uno que está acostumbrado a su peluquero de toda la vida en casa, y es entonces cuando tenemos que buscar otro sitio que nos inspire algo de confianza para dejar nuestros pelos en buenas manos, esperemos. Con el paso del tiempo descubrí algunos sitios aunque desde que di con estas peluquerías de corte rápido, es mi lugar preferido para quitarme un peso de encima.

Por lo general están situadas en los centros comerciales o cercanías de las paradas de metro. La primera de ellas a la que fui, era cuando vivíamos en Olympic hace cosa de unos 2 años y pico. Me pillaba de camino a casa y siempre que pasaba. Una peluquería bastante popular y siempre que pasaba las colas eran habituales y en especial en vísperas del Nuevo Año Chino. Yo creo que iría dos o tres veces en el tiempo que viví por la zona, pero luego al mudarnos a Tung Chung, si que solía ir de vez en cuando si me pillaba de camino a Mongkok. Sin embargo, se agradece que tengas uno un poco más cerca y aunque no es en Tung Chung, en la estación de Tsing Yi (que he estado cantidad de veces) descubrí en una de las esquinas otra de las cadenas de corte exprés «QB«. Corte en 10 minutos y por tan sólo 50 HK$ (sobre 5 euros)
 

Un modelo muy rápido en el que para realizar el pago tan sólo tenemos que usar nuestra tarjeta Octopus o introducir un billete de 50 HK$, con lo que nos dará nuestro recibo y sólo tendremos que esperar nuestro turno. Y son tan rápìdos como dicen, hasta he visto hacerle un corte de pelo a una chica en ese espacio de tiempo. Pero tranquilos que si se pasa del tiempo, no nos van a cobrar ningún extra aunque para algunos un tanto peludos, si que debieran, jeje.

Esta cadena es originaria de Japón y la franquicia tienen varias implantadas a lo largo de la ciudad. Seguro que si cuando estuvieron en el país nipón les llamaría la atención una peluquería de este tipo verdad? imagino que el precio será el mismo, digamos unos 500 yenes. Igual hay alguien que me lo pueda aclarar o si han ido qué tal les pareció la experiencia 🙂

 

Buenos días Kri

 

Nuestra primera noche en el hostal había sido bastante buena dentro de lo que cabe si quitamos algunos ruidos extraños en mitad de la noche, pero nada preocupante, sólo que nos impidió conciliar el sueño durante un rato. Al menos la pasamos resguardados en una de las cabañas, sin olvidarnos el spray para los mosquitos y dejar el ventilador puesto para dormir algo más fresquitos.

La jornada del día anterior con los dos vuelos más el trayecto inicial en el barco, nos había pasado factura y nos fuimos a dormir bastante temprano. Creo que apenas eran las 10 de la noche, y es que al día siguiente, Alberto y yo debíamos madrugar porque íbamos a hacer un par de inmersiones en uno de los resort cercanos. Los primeros rayos de claridad hacía poco que había asomado, todo estaba tranquilo y tan sólo el murmullo de algunos pájaros con el leve sonido del mar con la marea un tanto baja. Agus nos esperaba en su bote para llevarnos al Raja Ampat Dive Lodge situado a unos 15 minutos en dirección este.
 

Las nubes grises cubrían la mayor parte del cielo pero a lo lejos se podían apreciar algunas franjas de tonos anaranjados haciendo presagiar que el sol se dejaría ver un poco más tarde. Nos habían indicado que la lancha para hacer las inmersiones salía a las 8 de la mañana, con lo que debíamos llegar un rato antes. A las siete ya estábamos en marcha, llegar con calma y hacer algunos trámites.
 

 

Un pequeño muellito nos daba la bienvenida al resort. Momento de atracar y despedirnos de nuestro patrón hasta dentro de unas horas. Cogimos nuestras cosas y cruzamos la pasarela que se adentraba entre los árboles en busca de la recepción y gestionar antes que nada, el pago de las inmersiones junto con el alquiler del material.
 

 

Paso siguiente, ir al cuarto de material y seleccionar: neopreno, chaleco y aletas. Tampoco nos podemos olvidar del cinturón de plomos. Una pizarra ocupaba una de las paredes con un mapa de la zona y algunas anotaciones. Imagino que en temporada alta y con mayor ocupación, los grupos de buceadores serán más numerosos y tendrán que tenerlo todo bien planificado. En cambio, ese día que fuimos nosotros, todo estaba muy tranquilo. Junto a Alberto y yo, se nos uniría un grupo de tres alemanes que eran buceadores un poco más experimentados; un poco de compañía tampoco viene mal 🙂
 

Equipo listo y a la lancha. Primera inmersión del día en marcha. Kris, nuestro divemaster, nos indicó que iríamos a un punto donde podríamos ver mantas. Confiamos en que tuviésemos suerte y ver unas cuantas. Mientras la lancha se aproximaba al punto donde nos dejaría, Kris se encargaba de hacernos algunas indicaciones de la ruta a seguir y el tiempo estimado de la inmersión. ¡Qué emoción el poder volver a bucear!
 

Mientras esperábamos para meternos en el agua, vimos como llegaba otra lancha con algunos buceadores más y no tardaría en llegar otra más, eso no era buena señal. Cuanto más gente en el agua, peor sería para intentar ver alguna manta. Los alemanes se hundieron muy rápido apenas se metieron en el agua, en cambio nosotros, con algo más al tener algo menos de experiencia. La suerte no estaría de mi lado cuando en el instante que la lancha decidió moverse al haber un grupo de mantas más abajo en el fondo, el impulso del agua con una de mis aletas (que no estaría del todo fijada) haciendo que la perdiese 🙁 y por más que nuestro instructor y su ayudante intentaron recuperarla, tuvieron que desistir. Lástima, y tener que esperar a la siguiente inmersión.

Mientras los alemanes aprovechaban su inmersión, nosotros nos quedamos en el barco haciendo tiempo y más tarde hacer una pausita y tomar algo de desayuno: cafecito y unos fritos de plátano. Nada de malas caras y con ilusión por hacer la siguiente inmersión.
 

El siguiente punto estaba cerca de la isla de Arborek y a tan sólo unos minutos de donde estábamos. Nada más llegar el agua cristalina y el fondo turquesa dejaba ver el fondo con cantidad de pececitos pasando de un lado a otro. Estábamos listos y esta vez fue todo como la seda, casi media hora de inmersión disfrutando del fondo marino. Fue una gozada poder disfrutar de ese rato a casi 12 metros de profundidad máxima y a nuestro propio ritmo, a la vez que descubríamos los secretos del mar. Nuestros compañeros alemanes fueron buenos anfitriones y uno de ellos me dio una conchita de recuerdo 🙂
 

 

Alberto y yo con cara de satisfacción después de la inmersión. No obstante, aún nos quedaba otra más que después de hablar con el resort pudimos organizar para unirnos a la salida de la tarde y así aprovecharlo, porque a la vuelta nos hubiera sido imposible.
 

Era momento de volver al resort y con un par de horas por delante, con tiempo justo de volver a nuestro alojamiento para almorzar.
 

Y si que estuvimos sincronizados porque nada más llegar, la comida recién servida 🙂 El bueno de Dani que se había quedado por la isla, nos confesó que hacía nada se había levantado. Menuda jartada a dormir que se pegó, pero hizo bien, que para eso eran vacaciones. Ahora lo dicho, a comer!!
 

 

Anda que si este buen señor nos hubiera traido un pescadito de los que llevaba, porque bueno ejemplares si que tenía. Se lo hubiéramos agradecido pero dentro de lo que cabe nos conformamos con arroz, verduritas salteadas y unas tortillitas. El pescadito seguro que caería para cenar, confiamos.
 

Mientras terminábamos de comer, el chavalín que nos acompañaba y uno de los miembros del hostal aprovechabana para pegarse una buena siesta. Seguro que hace tiempo almorzaron, aunque nosotros a esa hora, sobre la 1 y media, tampoco era demasiado tarde. El calor de esas latitudes aunque no con demasiada humedad, invitaba a quedarse en la sombrita y dejarse balancear en una de esas hamacas; es una idea tentadora.
 

En cambio, nos quedaba la inmersión de por la tarde. Poco tiempo para descansar entre el trayecto de Kri al resort (en Pulau Mansuar, isla cercana). Fuimos igual de puntuales que por la mañana pero en cambio nuestros compañeros alemanes parece que iban algo más rezadagos y nos tocó esperar un poquito. Para esta inmersión seríamos sólo un total de cuatro personas, uno de ellos se había descolgado.

Nos dirigimos al sur de la isla Kri. Si la de Arborek había sido sencillita, ésta sería un desafío para nosotros. Kris nos advirtió que la corriente sería un poco fuerte, y no mentía. Una vez en el agua, sentíamos como nos empujaba, teníamos que controlar el ritmo de las aletas y no gastar nuestra fuerzas y el oxígeno demasiado rápido. Una gran pared a nuestra izquierda que descendía hasta perderse en el fondo. Íbamos en paralelo observando el coral e intentando guardar las distancias, fue toda una experiencia aunque como dice Alberto, con algunos momentos de apuro por falta de un poco más de experiencia. No obstante fue satisfactorio, conseguimos ver una tortuga a escasos centímetros y sólo por eso ya mereció la pena el habernos sumergido.
 

Sabiendo que más tarde y a la vuelta de nuestro buceo partiríamos nuestro viaje más al norte, dejamos las cosas preparadas y no demorarnos. Teníamos que aprovechar las horas de luz, aunque no llegaríamos demasiado lejos y terminaríamos improvisando en una de las islas que nos encontramos.
 

El cielo nos quería regalar un bonito atardecer y vaya que si lo conseguiría. Este era sólo el comienzo…
 

¿Qué habrá pasado cuando la noche empezó a caer? no dejen de descubrirlo en el siguiente post. Les dejo con la intriga.

 

Sorong y más

 

El viaje no había hecho más que empezar y después de nuestra breve estancia en la capital, cogíamos rumbo a Sorong. La introducción que les había adelantado, hacía presagiar muchas cosas pero no me voy a adelantar con los acontecimientos, sino mejor será que les cuente cómo transcurrieron el resto de días. Tampoco dejen de visitar el blog de Alberto para seguir sus relatos, aunque por el momento me lleva un poco de ventaja, pero poquito a poco con lo mío.

Habiendo aterrizado bien temprano en un aeropuerto en mitad del campo y con una sala de espera minúscula y a la espera de que nos entregasen en mano el equipaje que habíamos facturado. A muchos kilómetros de nuestras casas y en un lugar nuevo. Nuestro contacto nada más llegar fue Agus, el patrón del barco que nos llevaría durante los próximos días. Un señor de aspecto amable y con una cierta sonrisa pícara, descubriendo más tarde un lado algo gañán cuando se trataba de recorrer algunas millas más. Junto a él estaría su ayudante y el sobrino, que nos enteramos que estaba de vacaciones en el colegio con lo que aprovecharía la experiencia de pasar casi una semana con nosotros.

Momentos antes de subirnos a la embarcación mientras metíamos algunas de las cosas que habíamos comprados en las horas previas. Y es que a pesar de haber llegado bastante tempranito, siendo domingo, se ve que la gente se tomaba las cosas con bastante calma y hubo que hacer algo de tiempo hasta que pudiéramos ir a uno de los supermercados cercanos para aprovisionarnos de cosas.
 

Bolsas con latas de comida, noodles, fruta, bebida… provisiones suficientes para tener nuestro almuerzo y cena, aunque tampoco nos faltaría arroz porque Agus y compañía cocinarían para nosotros y luego nosotros sólo teníamos que buscar un poco de acompañamiento, inventiva 🙂
 

Creo que no nos faltaba de nada, luego sería más difícil estando en medio de la nada pero bueno, en eso consiste la aventura no? Afrontamos con una sonrisa la etapa inicial de nuestra travesía. Vamos allá chicos!
 

Al poco de zarpar, pasamos algunos barcos de mayor envergadura que el nuestro. Nos fijamos en que otros extranjeros momentos antes habían subido a unas zodiac que los llevaba a uno de estos barcos, los denominados «live aboard» y en los que seguro ni te enteras de la travesía hasta Raja Ampat, pero claro, eso tiene un precio ciertamente elevado y nosotros optamos por algo más a nuestro alcance, pero ni tan mal.
 

Sabiendo que tendríamos unas cuantas horitas de barco por delante, lo mejor era acomodarse lo mejor posible. Alberto y Dani los veía con intenciones de echarse una cabezadita mientras que yo leía un poco el libro que había comprado en el aeropuerto de Hong Kong antes de partir. No nos ibamos a imaginar que a los pocos minutos de partir, el motor le daría por empezar a carraspear y tuvimos que hacer una parada en la isla de en frente.
 

Ni que decir que cuando nos aproximamos a la pequeña isla «Pulau Doom«, los primeros en recibirnos fueron los niños. Correteaban de un lado a otro y se daban chapuzones entre los barcos que estaban allí amarrados. Seguro que no todos los días aparecen tres extranjeros como nosotros a hacer una paradita. Algo que pensamos sería cuestión de poco tiempo, terminó alargándose por espacio de más de 2 horas. Parece ser que alguien con muy mala fe, vendió gasolina mezclada con agua y eso al motor no le sentó nada bien. Confiamos en que todo estaría bien después de hacer las reparaciones pertinentes, pero claro, nosotros mientras tanto poco podíamos hacer al respecto.
 

 

Dani aprovechó para darle caña a su indonesio y charlar con Agus y compañía, a la espera de que uno de los locales viniera a echarnos una mano con la reparación. La carcasa del motor encima del bote y luego dále que te pego durante unas horas para dejarlo en condiciones y pudiéramos continuar el viaje con garantía.
 

 

Antes que estar dentro del barco todo el rato, y a dar una vuelta por los alrededores para curiosear. Lo que es andar no apetecía demasiado porque el sol empezaba a ser intenso, pillar algo de refrigerio en una de las tienditas y rodear la manzana. Igual un paseo en uno de estos carricoches, pero mejor que no, que seguro se nos ponen a regatear y eso da mucha pereza.
 

Las casitas bajas, rodeadas de vegetación y con caminitos que las conectan. Por momentos, no me parecía que estuviese en Asia sino que nos habíamos transportado a algún poblado caribeño. Y no es porque haya estado en América pero de lo que uno ha visto por las noticias o documentales, el parecido era bastante grande. Creo que nos dijeron que no había más de 1000 habitantes en la isla, o igual me equivoco, ahora dudo. No les faltaba su pequeño mercado local o algunos kioskitos donde comprar agua, tabaco o golosinas varias.
 

Para nuestra alegría, a eso de las 3 de la tarde pudimos continuar con nuestra viaje. La reparación del motor había concluído y enfilamos hacia el norte. Ahora lo suyo era aprovechar las horas de claridad porque luego por la noche la navegación puede ser algo más complicada. Emprendimos la marcha y cuando llevábamos apenas una hora y media de trayecto, nueva parada en el camino pero esta vez no porque el motoro hubiese fallado, sino que, las condiciones metereológicas no pintaban bien si avanzábamos más al norte y era prudente hacer una parada para ver si el tiempo mejoraba o en cambio, teníamos que pasar la noche en un lugar improvisado. Parece que la suerte no estaba de nuestro lado en estos primeros compases pero ni mucho menos nos ibamos a desanimar.

Llegamos a la isla de Pulau Batanta en la que nos recibieron nuevamente con sorpresa y de forma muy amigable. Pues nada, será cuestión de poner los pies en tierra y ver qué nos ofrece esta isla y su gente. Recorrimos sus calles mientras los niños correteaban de un lado a otro, poco a poco más gente se hacía eco de nuestra presencia y algunos se nos unía. Uno de los habitantes nos estuvo contando un poco sobre la isla y nos acompañó en nuestro pequeño paseo.
 

Momentos como el ver a un niño guiando un neumático con un palo y corriendo a toda velocidad, me hizo transportame en el tiempo, a una época que ni siquiera era la mía. Uno se da cuenta que a veces se puede ser más feliz con cosas tan simples como esas. Da mucho que pensar cuando volvemos a nuestro mundo tan civilizado y a la última en tantos aspectos. Y también ver cómo hay un afecto especial entre los chicos. Porque lo que son mujeres, pocas se dejaban ver. Imagino que harán más vida casera y criar a los niños.
 

El gris del cielo hacía temer lo peor, que hubiese una tormenta o que el mar estuviese demasiado revuelto como para continuar. Finalmente, la buena noticia para terminar el día: «podíamos continuar con nuestra travesía». Era momento de despedirnos de la gente que nos había acompañado tan amablemente durante el rato que pasamos en la isla.
 

Estábamos a tiempo de seguir tirando hacia el norte y hacer noche en una de las islas que Alberto tenía señalada en el mapa. Una buena señal sin importar que se nos hiciera de noche, pero estando ya cerca de nuestro punto final (Pulau Kri) durante esa jornada y dormir en una de las cabañitas del hotel familiar «Yenkoranu«.

 

Grande Lamma

 

Otro fin de semana más y con carrera incluida, esta vez tocaba en la isla de Lamma. Madrugón para coger el primero metro de la mañana rumbo a Central para luego quedar con la gente del equipo en el muelle donde coger el ferry que nos lleva hasta la isla. Salimos un poco antes de las 7 y media de la mañana y con 25 minutos de trayecto, en lo que la gente aprovecha para escuchar un poco de música y dar una cabezadita; el día sería largo.

Una vez llegados a la isla, un paseito hasta la playa donde tenía lugar la competición: Tai Wan To que queda justo al lado de la de Hung Shing Ye, como referencia adjunto el mapa de la zona.
 


Ver mapa más grande

Juraría que el año pasado había hablado ya de esta carrera, pero revisando las entradas del blog veo que no pero en cambio sí que subí un álbum de fotos a mi perfil de Facebook. Este año, a pesar de haber llevado también la cámara, no saqué tantas fotos y es que estando mi segundo año en el equipo, participaba con el equipo de chicos en las carreras preliminares, en cambio en el mixto sólo participaría una vez a lo largo del día.

A lo largo de la playa en una y otra dirección, se extendían las tienditas de los equipos. Lugar para descansar entre carrera y carrera, resguardarse del sol y reponer fuerzas con algo de comida. A pesar de que el día parecía algo nublado, uno no puede confiarse en estas latitudes y no hay que olvidarse de la crema solar, y no una vez, sino varias durante todo el día.
 

Los botes esperan su turno en la orilla a que se anuncie la siguiente carrera y se embarquen sus participantes, mientras que algunos equipos hacen su pequeña reunión para discutir los aspectos técnicos de la carrera. Nuestra primera carrera de 500 metros de la temporada y a la que le seguirán unas cuantas más, las anteriores habían sido de 200 metros, muchos más explosivas si cabe. Que la distancia sea del doble, no quiere decir que uno se relaje pero siempre tiene un poco de margen para guardar un poco de fuerzas y apretar en los metros finales de carrera.
 

Otro elemento importante y que veíamos de cerca cuando les comenté sobre la carrera de Stanley, son los remos. En caso de no contar el nuestro propio, la organización siempre pone a disposición de los participantes los clásicos remos de madera. Uno prueba el remo de madera y luego el de fibra de carbono, y no hay color. Es todo cuestión de acostumbrarse o de gustos.
 

La pena de esta carrera es que al estar situada la línea de salida mar adentro, no se puede ver la evolución de los equipos hasta cuando estos entran en los metros finales. Hay cierta distancia desde la playa y la lente aún así no llegaba del todo, pero a pie de playa es donde se veía más ambientillo cuando la gente subía y bajaba de los botes. Carrera va, carrera viene y así durante toda la mañana hasta la pausa de la hora de comer.
 

 

Un día de playa perfecto para el resto de gente y que puedan disfrutar de las carreras. Muchos niños correteando de un lado a otro y algunos algo traviesos que no dejan de recordarles mientras están en el agua que tengan cuidado cuando los botes se acercan. Menos mal que siempre los hay más tranquilos que disfrutan simplemente haciendo castillos de arena.
 

 

Después de que terminasen todas las carreras y conocidos los ganadores de las distintas categorías, llega el momento más deseado por todos: la entrega de trofeos. Todo el mundo rodea el escenario a la espera de que se anuncien y saltar a recoger la recompensa de un día intenso de dragon boat.
 

Incluso hay algunos que nada más caer el trofeo en sus manos, no duda en llenarlo con cerveza y pegar un buen trago para celebrarlo y compartir con el resto de compañeros.
 

Aquí tenemos a la familia «Buzz Dragon» al completo o casi. El ambiente es distendido, estamos satisfechos con el resultado obtenido. Hemos cumplido 🙂
 

Ah! que aún no he desvelado los resultados.Alcanzamos las finales del equipo mixto y de chicas, además de, la gran final del equipo de chicos consiguiendo un 3er puesto que supo a gloria. Lástima fue que no pudiéramos revalidar el título que conseguimos el año pasado. La carrera de la final fue intensa y junto con algunos de los equipos fuertes de Hong Kong, tales como: HKIPC, Liechtenstein Navy, Lamma Dragons o BGC Stormies. Peleamos hasta el final, con una buena salida (la mejor del día), aguantando bien durante toda la carrera y exprimiendo hasta la línea de meta. El vencedor, un equipo de pescadores, con una victoria indiscutible pero el resto de equipos les plantó cara como es debido.

Lo mejor de todo el metal conseguido que nos dibuja una sonrisa al final del día. Una carrera que da paso a preparar la siguiente que será en cuestión de dos domingos: Deep Water Bay
 

¡Un gran día sin duda!