La catedral de Palma

 

Después de habernos recorrido el centro, otro de los puntos de interés y por no decir que uno de los principales es: la catedral de Palma. Puede que resulte algo tópico, pero es algo que uno tiene que ver de cerca. Fue una de las últimas visitas que hicimos durante esa tarde mientras el calor apretaba.

Nos fuimos acercando poco a poco después de haber venido caminando desde la avenida marítima. Y las distancias a veces engañan un poco, pero también la construcción en sí es bastante grande y a medida que uno se acerca se da cuenta. El sitio perfecto para sacarse una foto es delante de este pequeño estanque y la catedral de fondo.
 

 

La presencia de turistas en este punto se intensifica, mientras que cuando estamos por el resto del centro están todos muchos más dispersos. Te los puedes ver curioseando en algunos de los puestos que hay en los alrededores y que venden pinturas. En esta ocasión no compramos ningún souvenir que luego ya tendríamos ocasión en días posteriores.
 

 

Para los amantes de la arquitectura, este es un lugar donde no perderse detalle de los edificios. Esas paredes de color amarillo ocre, los ventanales y todo en piedra. Y al otro lado se alza una de las puertas de entrada, impresionante la cantidad de detales de la fachada y sus torres.
 

 

Nos quedó haberla visto por dentro. ¿La han visto ustedes? seguro que para los residentes será algo que igual no llama tanto la atención, pero para los que estamos allí por primera vez, no nos dejamos casi nada por alto. Lo bonito hubiera sido ver la catedral desde lo lejos e iluminada de noche como nos dijo Álvaro, pero nos fuimos con muy buen sabor de boca.

 

Paradita

 

Después de haber tenido una mañana y parte de la tarde bastante productiva, yendo por calitas, nos tocaba emprender el camino de vuelta hacia la capital. Por suerte el camino no era demasiado largo, sin embargo, nunca viene mal hacer un alto en el camino. Apenas llevábamos una media hora en el coche, cuando pasamos por un pueblecito que nos había llamado la atención anteriormente. La carretera lo atravesaba y no era demasiado grande, pero con un aspecto bastante acogedor. Con casitas bajas de ladrillo y un ambiente de lo más tranquilo.
 

Nos desviamos de la carretera principal y buscamos un sitio para dejar el coche y estirar las piernas por los alrededores. Se podrán imaginar que siendo como era domingo y a eso de las 5 de la tarde en un pueblo de estas dimensiones, el ritmo de vida es como si se frenase.
 

No podía faltar su iglesia, ubicada en la zona central y acompañada de su plazita por la parte frontal. Y por allí había un bar (no sé si sería el único). Alguna gente en las mesitas, al menos algo de ambiente. En su mayoría turistas como nosotros que iban de paso, aprovechando para refrescarse y después continuar el camino. No faltaba tampoco un grupo de señoras que parecía estar haciendo la tertulia del domingo tarde, hay cosas que no cambian y es agradable comprobarlo.
 

 

 

Nos sentamos en una de las mesitas y pedimos dos refrescos. Fue curioso que el camarero nos advirtiese que no tardásemos mucho por que las mesas eran para la hora de la cena, y en previsión de que llegase más gente en un rato. Y vaya que si piensan en los extranjeros y sus costumbres de cenitas tempraneras, de hecho había una pareja sentado al lado nuestro que ya había empezado con sus platos.

Disfrutamos de la brisita que corría por la plaza y unos minutos de sombrita, se estaba la mar de bien. Al cabo de un rato, pagar la cuenta y de vuelta al coche que aún nos quedaba un poquito menos de la mitad de camino hasta Palma, pero no había prisa ninguna que para eso estábamos de vacaciones, ¿no?
 

Aprovechen para hacer alguna paradita durante el finde y disfrutar de algunos momentos de relax. Luego ya se verá el lunes, que de momento parece lejos 😀

 

Regresar

 

¿Qué es lo que menos nos gusta de los viajes? creo que coincidirán conmigo que ese momento es cuando nos toca poner rumbo al aeropuerto. Después de haber pasado unos días de relax, turismo, buena comida y compañía; nos espera un avión que nos devolverá a casa en pocas horas.

Estas fotos son de nuestro regreso tras pasar un fin de semana largo en Tokio. En lo que era mi segunda visita al país y habernos podido encontrar con buenos amigos como Alberto y también tener el placer de desvirtualizar a gente como Chiqui, Guille, Xavi y Oskar. Lástima no habernos quedado aunque sea un poco más y fuera con prisas, pero quien sabe, igual más adelante toca otra visita y podemos disfrutar de su compañía de nuevo.

Si a la ida decidimos coger el Narita Express, a la vuelta y viendo las combinaciones, optamos por la opción metro que sin duda es más económica aunque íbamos a tardar un poco más de tiempo, pero no estábamos ajustados, al contrario, teníamos tiempo de sobra y así poder dar una vuelta por el aeropuerto para curiosear un poco. El tren no tardaría en llegar, y sabiendo lo puntual que es el servicio aquí 🙂
 

 

Un recorrido muy ameno, primero bajo tierra hasta que el tren salió a la superficie y se alejaba del centro de la ciudad. Las casitas empezaban a escasear y ante nosotros sólo campo y árboles.
 

Una vez llegados al aeropuerto, momento de ubicar nuestro mostrador de facturación y olvidarnos de las maletas, ya con nuestra tarjeta de embarque y sólo a la espera del momento de subirnos al avión. Un paso menos y con un par de horas por delante, ahora toca: momento tienda.
 

Y no es que no hubiésemos comprados algunos regalitos, pero ya se sabe que no viene mal echar un ojo por si acaso vemos algo interesante. Al final siempre acaba picando uno, ¿no les parece? Bien sea un poco de té verde, algunos abanicos o algo de Kit Kat, porque no, sobre todo las cosas de comer siempre son bien recibidas.
 

 

 

 

Y porque todo no va a ser compras y más compras, algo que siempre relaja, es poder salir a ver los aviones que entran y salen

Algunos pasajeros ya rondan las cercanías de la puerta de embarque. Creo que en breve empezarán a llamar, pero nadie quiere abandonar su sitio. Seguro que muchos no les importaría quedarse por Tokio unos días más, ¿verdad? mientras tanto matar el tiempo entretenidos leyendo alguna revista o jugando a algún videojuego.
 

 

Ahora dejo la pregunta en el aire: ¿son de comprar cosas a última hora en el aeropuerto o ya van con todas las compras hechas para familia, amigos, compañeros de trabajo? A mi por lo general me gusta ir con tiempo por si surgiese algún imprevisto y pasear con calmita. Lo de comprar es secundario, pero quien sabe, igual en esa ocasión hay algo que me llame la atención y siento la necesidad de llevármelo de vuelta.

 

Las calles de Palma

 

Después de haber tenido nuestra ración de calitas, no podíamos olvidarnos de visitar el corazón de la isla, su capital Palma de Mallorca. A pesar de que el hotel estaba situado a no mucha distancia del centro, serían unos 20-30 minutos a pie, preferimos desplazarnos en coche para estar un poco más cerquita y ya que luego por la tarde-noche nos cambiaríamos a un hotel un poco más hacia las afueras, pues ya nos íbamos directamente desde allí. Encontrar aparcamiento por las callecitas del centro de Palma, no fue empresa fácil. Dando una y otra vuelta, yendo y viniendo, hasta que al rato dimos con un espacio de zona azul. Más que sea, pagar para unas cuantas horas y despreocuparnos.

Desde allí nos fuimos adentrando entre callecitas sumamente tranquilas. Construcciones de piedra y tonos ocres, era como sentirse en otra época. Avanzamos pero aún no dábamos con más turistas, imagino que desperdigados por el resto de la red de callecitas que haría que nos fuéramos adentrando más y más.
 

 

Al rato escuchamos que viene alguien y se trata de un grupo de turistas que van motorizados en sus Segway. Si que es una forma práctica de recorrer las calles, más relajada desde luego, pero yo prefiero el método tradicional del pateo, aunque la verdad no me importaría probar un cacharrito de esos. Sé de buena tinta que Pau y Jexweber los han podido probar y hablan muy bien de ellos.
 

El centro se iba acercando, veíamos algo más de negocios: algunos bares, tiendas de souvenir… pero al ser verano yo creo que el ritmo de la gente se frena. Mucha gente de vacaciones en pleno mes de julio, es normal. Son los turistas los que dan más vidilla al lugar.
 

Alguna pareja disfrutando de un paseo en coche de caballos. Otra buena forma de recorrer la ciudad mientras se toma el sol y se sacan fotos. Hacía un día estupendo.
 

Y en lo que respecta a la arquitectura, el centro es una pasada. Cantidad de iglesias y edificios antiguos muy bien conservados.
 

Fachadas con muchos balconcitos y grandes ventanas, seguro que tiene que ser una gozada desde el interior además de luminosos. El placer de tener un balconcito es algo inigualable, lástima que en Hong Kong es algo que no se ve tanto como debiera. Lo echo de menos en mi casa.
 

El gentío ha ido aumentando, nos encontramos próximos a la Plaza Mayor. Aritstas callejeros, gente tomando algo en alguno de los bares, de compras, tomando un helado; todo así de repente.
 

 

 

Además en la plaza habían un mercadillo, otro punto más para los curiosos. Lugar de paso por el centro de la plaza para luego volver a perderse por la siguiente callecita, o bajo los soportales para resguardarse del solecito que se dejaba ver entre las nubes.
 

 

 

Seguimos nuestro camino dejando atrás el ajetreo, será cuestión de ir en busca de un sitio para comer/picar algo. Algo seguro que encontramos, pero mejor alejado de la plaza mayor que ya se sabe como se las suelen gastar en los sitios más turísticos. Y finalmente dimos con un bar donde pedimos unos platos combinados y unos refrescos, que nos dejaron más que satisfechos. Anda que no hubiera estado bien sentarse un rato a la sombra en un banquito para echar una pequeña siestecita 🙂
 

Creo que de haber tenido un par de días más, no nos hubiera importado perdernos más tiempo deambulando de una calle a otra. Especialmente mi novia se quedó prendada de la cantidad de boutiques, tiendas de accesorios, sitios para comer… creo que esto reafirma más que un día tendremos que volver 🙂

Si les gustó el relato, no se pierdan otro aún mejor. Nuestro amigo Ignacio relata su paso por estas mismas calles y con las fotos que nos tiene acostumbrados.