Érase una cueva

Sigo descubriendo detalles del pasado de la ciudad y a cada cual más interesante. Recuerdo aquella vez que me enteré de la existencia del fuerte de Tung Chung y la historia de muchos años atrás. Es una satisfacción poder salir a disfrutar de la montaña y aprender cosas nuevas también 🙂

Al parecer, data del año 1886 las primeras extracciones de plata de la cueva, de ahí le viene el nombre Silvermine Cave. Contaba inicialmente con tres entradas pero dos de ellas quedarían bloqueadas por la tierra y sólo quedaría la que está orientada al sur. En su interior habitaban murciélagos, pero no sé si a día de hoy sigan habitando algunos. Al caer la noche seguro se podría comprobar.

Tan sólo diez años más tarde se detendrían las extracciones, la plata no era tan buena al parecer. Es el lugar perfecto para refugiarse si nos sorprendiese un palo de lluvia, por suerte, el tiempo sonreía el día que pasaba por allí, un solazo increíble.

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Las vistas desde el lugar bien merecen la pena. A lo lejos se puede divisar la línea de costa del sur de la isla. Hasta el centro de Mui Wo, unos 3-4 kilómetros diría.

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La entrada a la cueva tiene cierto halo de misterio, aunque lástima alguien haya decidido dejar su marca con algunas pintadas en la roca. Quise haberme adentrado algo más pero tras algo de lluvia caída la noche anterior, el suelo andaba algo fangoso y quise evitar posibles resbalones. Se podía escuchar el goteo de agua del interior solamente, todo muy tranquilo.

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Esto no fue lo único que descubrí durantes ese día, pero mejor desgranarlo para un siguiente post, no les parece? Lo bueno si breve…

Fruta nuestra

Ayer mismito ha empezando una nueva edición de la feria Asia Fruit Logistica que se celebra en el recinto ferial al lado del aeropuerto (Asia World Expo). Una feria que lleva varios añitos celebrándose y año tras año va ganando más importancia pero no ha sido hasta la presente edición que hubiese oficialmente representación española. Hasta la ciudad se han desplazado varias empresas de la región de Murcia a exponer sus productos e intentar captar nuevos clientes para abrirse en el mercado asiático.

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Sin duda, la gran protagonista del stand es la uva. Distintas variedades y tamaños, con o sin pipa, y todas con una pinta estupenda. Una oportunidad para que la gente conozca el valor de la uva española y se decida a empezar a importarla a estas tierras.

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También habia hueco para melocotones, ciruelas, melones e incluso granadas. Bastante buen surtido de frutas, ¿verdad? con cuál se quedarían de todas…

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Es un buen comienzo para crear imagen sobre la fruta de España, no sólo por las naranjas que tanta fama tienen, y es que tenemos una gran variedad de fruta y de calidad que seguro están deseando descubrir en muchos otros países. Soy consciente que en la región del sudeste asiático hay bastante fruta tropical donde elegir pero seguro hay gente que sabe apreciar el sabor de nuestras frutas.

Deseo que al término de la feria las sensaciones generales hayan sido positivas y quien sabe si el año que vienen se puede repetir la presencia española con un stand más grande y nuevos productos; todo es dar el primer pasito y apostar por la exportación.

Pasado y futuro

Son los negocios de antaño que conservan su estética y le dan ese tono místico a zonas de la ciudad como Wan Chai, que con el tiempo se ha ido transformando pero manteniendo una identidad propia. Los mercadillos, las tiendas o por ejemplo, esta casa de empeños.

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También edificios que cumplían su cometido hace muchos años atrás y hoy en día quedan para los turistas y los residentes que seguro pasaron alguna vez por esta pequeña oficinita de correos.

A su alrededor crecen se elevan los bloques de oficinas y viviendas. Situada en una de las arterias que conecta Causeway Bay, la calle Queens Road East y si no recuerdo mal, hasta allí llegaba la línea de costa. Mucho terreno se ha ido reclamando hasta nuestros días; la ciudad siempre ha sido pionera en esta técnica.

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Seguro muchos se preguntan cómo será el Wan Chai del futuro, no tengo respuestas. El gobierno tendrá un papel fundamental en sus decisiones y que permita se conserven las zonas de interés o históricas mientras que a la vez se modeniza. Por eso no es de extrañar de vez en cuando los entramados de bambú que indican una renovación en proceso o bien la casi finalización de un nuevo bloque. El entorno convive con los ruidos habituales de la calle, el olor de los puestos de fruta y el gentío.

Historias

Un simple escaparate que lleva a muchas reflexiones, simples objetos que tendrán mil historias que contar y las vueltas de su corta o larga vida como juguetes. Entre medio de tanto plástico también hay intrusos como son algunos relojes de pulsera, pero los protagonistas son otros. Principalemente de pequeño tamaño, son figuritas variadas y entre las que alcanzo a reconocer algunas de los clásicos «Happy Meal». Es todo un poco aleatorio pero dentro de un orden aparentemente razonable y los precios deben de serlo también.

El dueño de tal peculiar tienda se encuentra en un rinconcito, no llego a ver qué hace puesto que está de espaldas. Calculo que son poco más de seis metros cuadrados pero suficientes con otra vitrina al otro lado. Pequeño taller también para reparar algunas de las figuras que no estén en las mejores condiciones. Un cierto aire de nostalgia recorre el lugar aunque mi paso es fugaz. Seguro para algunos coleccionistas es todo un regalo.

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Y la pregunta, ¿cuántos años llevará este hombre dedicado a su tiendita? Son pequeños negocios, que a ojos de algunos no parezcan indispensables pero harán felices a niños y mayores. Mientras pueda seguir subsistiendo y haya mercado, las historias seguirán fluyendo de mano en mano.