Llegó lo dulce

Cuando llegan novedades a cualquier ciudad, genera mucho revuelo durante los primeros días o meses. Mucha gente deseosa de probar un nuevo producto recién llegado, bien porque es las primer a vez o bien porque conocían la marca en cuestión de otros países. Este es el caso de Laduree, ¿les dice algo? Seguro que para los golosos les tiene que sonar. Se trata de una conocida marca de repostería y con muy buena reputación por sus macaroons. Recuerdo haberlos probado la última vez que pasamos por Londres en una tienda dentro del propio Harrods.

Las colas eran de esperar en la primera tienda que se abría en la ciudad, situada en el Harbour City de TST. Apenas lleva abierta unas semanas y ya ven la respuesta de la gente.

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En lo que la cola iba avanzando a buena velocidad, con tiempo para ver las variedades que tenían. Tiempo para llamar a mi novia y que me dijese sus preferencias. Un total de 16 sabores tales como: limón, frambuesa, chocolate, café, praliné, vainilla o pétalo de rosa, entre otros.

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Desde fuera de la tienda se podía ver cómo la gente iba curioseando hasta que les tocaba el turno.

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La decoración con macaroons estaba presente por todos lados y como estamos en fechas navideñas hasta con forma de arbolito.

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Finalmente estaba delante del mostrador y dispuesto a pedir, había tenido tiempo más que suficiente para pensármelo bien. ¡A ello!

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Estaba mirando si comprar una cajita de ocho unidades o bien otra un poquito más grande con quince. Finalmente escogería la segunda opción y así poder probar sabores más variados aunque de alguno repetiría al ser más atractivos ¡Misión cumplida!

Pi..erre

Uno que está acostumbrado a las raciones más abundandes, es un contraste cuando uno experimenta yendo a un restaurante de estas características. Un tipo de cocina más creativo, de estilo minimalista pero que de vez en cuando merece la pena probar y más en ocasiones como la que nos ocupaba: mi cumpleaños. De la visita al restaurante Pierre hace unas dos semanas, pero aún recuerdo lo mucho que disfrutamos de ese almuerzo mi novia y yo.

A modo de aperitivo nos trajeron este plato que ven a continuación, y la verdad no me pregunten por los nombres o sus ingredientes porque se me fueron de la cabeza. Creo que para la próxima debiera anotarlo, jeje. Así a simple vista, ¿qué les inspira?

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No podía faltar un poquito de pan calentito para acompañar.

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Aquí tenemos el entrante que era un plato sobre lo frío. Un poquito de coliflor y bajo esas láminas de rabanitos, como una especie de tartar y que iba muy bien con la salsita que vemos al lado.

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Ya sé que en la foto no se va a apreciar mucho, pero ¿me creerán si les digo que lo que había en el plato era cordero? aunque si ven al fondo pueden ver una chuletita. Lo del plato era la parte del hombro, con una salsita que incluía piñones junto con unas hojitas de menta. La carne estaba soberbia, súper tierna y de un sabor, que me dejó sin palabras (sin exagerar). Hacía tiempo que no comía un plato con cordero tan bueno. Ciertamente hice bien eligiendo ese plato. Y al igual que yo, mi novia también pidió un plato de carne y en concreto un solomillo de ternera, y también con la carne al punto, mantequilla pura.

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Muy buen detalle que tuvieron a la hora de traer el postre y colorar en letra de chocolate las felicitaciones de cumpleaños. Este postre en concreto era una panacotta con café, disitinta a la tradicional que suele ser con frutas, original y bastante buena.

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Para despedirnos y cerrar el almuerzo, nada mejor que un buen capuccino. Muy espumoso y con buen aroma, perfecto. Además acompañado con una galletita de almendras que me había reservado de cuando justo antes trajeron los postres.

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¿Y dónde ubicado Pierre? Justamente está en la planta 19 del hotel Mandarin Oriental en la isla de Hong Kong, distrito Central. Un hotel muy céntrico y que no tiene pérdida, de los clásicos en la ciudad pero con mucho encanto. Célebre tambien por su pastelería o la hora del té. Sitio especial, para una ocasión especial 🙂

Sitio amigo

Para contar cómo descubrí este sitio, tendría que remontarme un par de años atrás, hay que ver cómo pasa el tiempo. Era por aquel entonces cuando la zona de Mongkok de la que suelo hablar de vez en cuando, era un elemento presente en mi día a día. Viviendo a pocos minutos de la zona, teniendo el mercadillo cerca, con tiendas y sobre todo restaurantes o cafés.

Era habitual que después de salir del gimnasio y con pocas ganas de llegar a casa para hacer de cenar, solíamos optar por ir a uno de los restaurantes cercanos y entre ellos estaba este café taiwanés llamado Bo Dao. Un sitio no demasiado grande pero con el espacio bastante bien aprovechado. Mesitas con taburetes de madera y capacidad como máximo 4 personas. Menú basado en fideos, arroz, aperitivos y buena variedad de bebidas tanto frías como calientes; una de sus especialidades el té con leche.

El ambiente es muy dinámico y no hay tiempo que perder con los pedidos de los clientes. Por la ventanita donde está la cocina los platos entran y salen mientras la gente espera su comida, cuestión de poco tiempo por lo general a no ser que esté demasiado a tope. Un servicio eficiente y con una relación calidad / precio más que razonable. Así es como casi solíamos visitar el sitio una vez a la semana o en semanas alternas, pero todo cambió cuando nos mudamos de los alrededores y la frecuencia disminuyó.

Una cosa que aprecié bastante es que entre la gente que allí trabaja, había un chico y una chica que se percataron cuando solíamos ir, habiendo veces que iba sólo y les extrañó no verme con mi chica. Puede que pasasen algunos meses hasta la próxima visita pero al entrar por la puerta siempre se acordaban de mi y me recibían con una sonrisa. Sólo por eso, volver al sitio ya tenía más sentido.

Respecto a la comida, había un par de platos que siempre solía pedir, eran mis platos estrella. Un arroz con pollo y salsa de tomate o bien con salsa de carne, que no es que sea nada del otro mundo pero son de esas cosas simples que a uno le hacen feliz, y eso acompañado de un té de jazmín con leche.

Sin duda, las mejores horas para ir son al mediodía o sino a media tarde, pero cualquier momento es bueno si estamos con ganas de comer algo. Si quieren encontrarlo tan sólo tienen que dirigirse a una de las calle perpendiculares a Sai Yeung Choi, concretamente Soy Street, que seguro alguna historia tiene asociada a su nombre (tendría que investigarlo, jeje). Por cierto, curioso el nombre que muestra en Google Maps, pero para mi seguirá siendo Bo Dao 🙂


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Cena elegante

Las cosas improvisadas a veces suelen resultar mejor de lo que uno planea y es una de las cosas que me gusta a mi. Nada de tener que reservar con antelación una mesa, sino llegar al sitio y poder tener una mesa tan tranquilamente. Se entiende que cuando el fin de semana se aproxima, la demanda es mayor y las reservas son inevitables, para ello mejor ir a primera hora con lo que nos aseguramos poder conseguir mesa. La cuestión es que había quedado después de la oficina con mi novia cerca de mi oficina y después de haber quedado con una amiga, nos dijimos: «si cenamos algo por aquí ya que estamos». Una de las primeras opciones que vino a nuestra mente fue el Dan Ryans, conocido restaurante que también tiene en Kowloon Tong, buenas costillas y generosas ensaladas, estilo americano. Esta vez buscamos algo más ligerito y acabamos yendo a «Zelo«, restaurante de cocina mediterránea y como no algo de española no podía faltar en el menú.

Un vinito blanco de uva verdejo para empezar la velada y nos trajeron unos pinchitos de tortilla en lo que llegaban nuestros entrantes.

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Tártar de salmón y aguacate. Muy fresquito, en su punto y acompañado de las tostaditas. Llevaba mucho tiempo queriendo comer tártar y aunque no fuese de carne, este de salmón me supo mucho.

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Gambas salteadas con base de migas con chorizo. Una receta tradicional pero con una vuelta de tuerca añadiendo las migas con chorizo y acompañado de una salsita tipo alioli. Interesante plato.

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Para los segundos platos, estábamos dudando si pedir ambos pescado o bien pedir carne y pescado con lo que así probar de ambos. En el apartado de pescados a escoger entre salmón, bacalo o bien la lubina, finalmente mi novia elegiría esta última. Y por mi parte en la carne, me llamó la atención un plato con chuletitas de cordero.

– Lubina al horno y acompañada de unas verduritas. El pescado estaba bastante jugoso, y aunque a mi novia no le disgustó si que reconoció que igual se esperaba un poquito más del plato.

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Cordero con couscous. No se puede decir que esta receta sea española, pues tiene un ligero toque marroquí con el uso del couscous y además que la salsa tenía un ligero dulzor de unas pasitas y la zanahoria. La carne tiernita y con la salsa estaba tremenda.

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El toque no podía faltar y cerrando la cena con una panacotta y 8 formas de comer chocolate. Nada de café o té, completos por el momento. Luego vendría un paseito hasta Central, la noche estaba estupenda.

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La cena fue más que satisfactoria y destacando tanto el tártar, cordero y la panacotta; fueron los platos que más disfrutamos pero en líneas generales muy bien. El trato y el servicio muy buenos, atentos y eficientes.

Bueno saber que para la hora del almuerzo tienen también un buffet de tapas, es tentador. Igual un día de estos me doy un capricho sabiendo que me queda al ladito de la oficina, ya que el restaurante está en el Pacific Place. Para más señas aquí tienes los datos.


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Hablando un poco de cocina española, últimamente han florecido muchos restaurantes españoles y seguro que no serán los últimos. Las tapas gustan mucho a la gente y hay que aprovechar el filón. Ya les iré contando poco a poco sobre ellos si tengo ocasión de probarlos.

¡Buen provecho y buen finde a todos!