El dorsal y la ropa lista la noche antes para correr la Hong Kong Maratón 2026. Todo en su sitio para no tener sorpresas en las horas previas a la carrera, o intentarlo. Los meses previos de preparación quedaban atrás y era hora de ver qué tal se daba el día.
Desayuno, vestimenta, metro y llegar hasta Tsim Sha Tsui a eso de las 5.20 de la mañana. Tocaba dejar la bolsa tras el paso previo del control de seguridad y luego dirigirnos a la zona de espera cerca de la línea de salida.
Es la ´última tanda de correros de la maratón y vaya que si se nota la cantidad de gente. No faltan los selfies previos al comienzo.
Apenas quedan unos minutos para que de comienzo.. y luego de sonar la bocina, pasan casi 3 minutos hasta que paso por el arco de salida. Parece que la cosa le cuesta avanzar, pero hay que tomarlo con calma.
La estrategia era empezar con calma y aguantar hasta la primera mitad y luego si me veía bien, aumentar el ritmo de forma progresiva para acabar más rápido. En mi mente: hacer sub 3h30 (al igual que el año pasado), pero hubo que adaptarse y reevaluar la situación; el tiempo era lo de menos, pero acabar con garantías.
Esta imagen de cuando subíamos por el puente Stonecutters, la primera rampa en torno al km 8-10. Esos diez primeros kilómetros me costaron y es que el tapón de gente me hizo ir algo más lento de lo que me hubiese gustado. También unido a que mi pie derecho andaba un poco renqueante de un golpe tonto que me di la semana anterior, y no era lo ideal.
Pasada la media maratón en casi 2 horas, el tiempo que tenía en mente se esfumaba. El pie parece que iba aguantando pero me dolía al apoyar cuando el asfalto cogía un poco de peralte. Era una batalla mental y física, pero estaba dispuesto a terminarla.
Lo que no contaba era con los calambre en los kilómetros finales. Ciertamente fue un día algo caluroso, y a pesar de haber bebido y tomado los geles correspondiente, puede que me haya pasado factura al saltarme alguno de los puntos de agua. Así que me tocó caminar en el tramo final ya en Causeway Bay, la gente animaba y yo lo intentaba, pero mis cuadriceps decían que no. Fui poco a poco, hasta que finalmente veía la alfombra de entrada pero justo un calambre más y tuve que pararme al lado de una valla. Uno de los voluntarios vino a ver si estaba bien, respiré y me di un par de minutos. Parece que ahora podía, y finalmente podía encararar los escasos 20 metros que me faltaban para cruzar el arco de meta.
Un final algo dramático que no me había imaginado, una nueva lección de humildad y con 4h5min finalmente. Una medalla que costó lo suyo pero que recompensa esos metros finales un poco angustiosos.
Han pasado unas semanas y el pie parece que está casi recuperado. Descansar, volver a hacer algo de trote y meter un poco de montaña. Repetiré el año que viene, lo más seguro es que sí pero puede que me decante por la media maratón, que desde 2019 fue la última vez que la hice.
Ahora toca pensar en la próxima e intentar hacer las cosas bien y volver fuerte 🙂