Hola Tenerife

 

Para los que me sigan por la página de Facebook, seguro saben que estos días estoy de vuelta por casa. Hacía tiempo que no me dejaba caer por la isla en verano, concretamente unos 3 añitos desde la vez anterior. Las otras veces ha sido siempre coincidiendo en el periodo de Navidades y la verdad que me apetecía venir en la época del calorcito para disfrutar de la playita.

Llegué el sábado por la noche y el domingo aún seguía con el cuerpo algo molido, normal, pero ya el lunes estaba en perfectas condiciones y adaptado a la nueva franja horaria. Ahora con horario de verano, la diferencia con Hong Kong es de 7 horas y después del viaje, el cuerpo lo termina notando un poquito.

Ayer salí a dar una vuelta por la mañana y hacer unas gestiones, un día espléndido de cielos azules aunque a los inicios había estado algo nublado pero finalmente se levantó. Aquí unas fotos cuando iba por la Rambla de Santa Cruz, cruzando uno de los puentes que cruzan el barranco Santos. Que por cierto, ha quedado muy bien después de la obra que hicieron en el interior con un paseo y carretera, que ayuda a conectar con el centro, descongestionando parte del tráfico de la zona.
 

 

Por delante unos cuantos días, en concreto hasta el viernes 17 que será cuando inicie el viaje de regreso. Aprovechando que es agosto y las cosas están tranquilas en la oficina, no ha habido problema para hacer la escapadita, todo bajo control. Luego en septiembre será cuando la actividad vaya cogiendo poco a poco el ritmo habitual. Es lo que tiene el veranito, algo de relax, buen tiempo y tiempo con la familia y amigos.

A ver si saco más fotos durante el resto de mi estancia. Ahora que puedo conducir, después de haber renovado mi carnet de conducir, aprovecharé para hacer algunos kilómetros y perderme como a mi me gusta por las carreteras de la isla 🙂

 

Puerto de la Cruz

 

Si vamos al norte de Tenerife, una de las referencias como ciudad y donde disfrutar de una oferta variada de gastronomía, compras y ocio. A tan sólo unos 40 kilómetros de la capital de la isla, el Puerto de la Cruz es uno de los sitios al que no debemos de dejar ir. Tanto para la gente extranjera como para los locales, el sitio perfecto para disfrutar de un ambiente tranquilo y perderse por sus recovecos.

Sugerencia: mejor empezar desde la zona alta si vamos a pie porque hacerlo a la inversa y en los días de calor, nos hará sudar un poquito, ya que la ciudad tiene algo de desnivel. No obstante, la zona de mayor actividad se encuentra en la parte baja con lo que podremos dar un agradable paseo desde la zona de La Paz e ir bajando hasta la Plaza del Charco donde encontrar muchos bares y restaurantes para sentarnos a tomar un aperitivo si se tercia. En concreto la esquina del edificio que se muestra a continuación es de uno de los sitios más populares en el que comer unos helados súper buenos.
 

Seguir callejeando en dirección al puerto. Las casas al estilo de las de antes con muros de piedra y pintadas en distintos colores; el centro de la ciudad tiene construcciones que se conservan jóvenes a pesar del paso del tiempo.
 

Sin olvidarnos de la naturaleza pesquera de la ciudad, su vínculo al mar. Una pequeña playa de callados en mitad del centro que es escenario de una de las procesiones más populares y también lugar para el baño si las olas lo permiten, o bien tomar un poquito de sol.
 

Esta estatua nos recuerda los tiempos en lo que las señoras cargaban sus cestas de pescado viniendo de la lonja. Hoy en día prácticamente no se ve mucho, pero seguro que años atrás la actividad era intensa. Seguro que los vecinos nos podrían contar historias con sabor añejo de aquellos tiempos, parte de la historia de la ciudad.
 

 

A la hora de elegir hoteles en el Puerto de la Cruz tenemos muchas opciones con muchos de ellos con buenas vistas al mar y bastante céntricos. Fácilmente accesibles y a poca distancia de la zona de compras, restaurantes o del paseo marítimo que es tan transitado diariamente.
 

Lugar de oleaje intenso y en el que podemos desconectar escuchando el sonido del mar. Los días grises a veces abundan cuando se mete lo que llamamos comúnmente «panza burro» pero no hay que descuidarse con el sol, porque sus rayos se cuelan y no perdonan.
 

Cuando cae la noche el paseo marítimo se anima más aún. Muchas de las tiendas estarán abiertas hasta bien entrada la noche, es lo que tiene ser un destino turístico y nunca es mala hora para sacar las últimas ventas del día. En pareja o con los amigos, es un lugar de paso obligado viniendo desde la zona de Martiánez y si quieren parar a tomar un cafecito o un buen postre, tienen sitios donde elegir, en especial uno que les hablaré un día de estos. Buenos recuerdos de cuando chiquito y no tan chiquito.
 

A disfrutar del fin de semana. Lo dicho, a pasear y desconectar hasta el lunes.

 

Las Teresitas

 

Un lugar al que le tengo mucho cariño, aunque a veces puede ser un poco «odiado», es un rinconcito que queda a pocos kilómetros de Santa Cruz de Tenerife, la capital y mi lugar donde he crecido la mayor parte del tiempo. Da gusto poder tener una playa tan cerquita de casa, exactamente a unos 7 kilómetros más o menos o lo que se traduce a unos 10 minutos de coche o unos 20-30 minutos de guagua. Ubicada en el barrio pesquero de San Andrés, es la playa de las Teresitas. Playa artificial de arena blanca, sitio popular para los santacruceros y también por donde es habitual el paso de turistas.

Recuerdo esos veranos de pequeñito, disfrutando del agua y jugando a hacer castillos de arena, en compañía de mis padres o mis tíos. Luego con el tiempo y uno se hace mayor, ya tiene la posibilidad de ir solo o acompañado de los amigos. A veces preferible ir uno solo, tener tiempo para ti mismo y simplemente no pensar en nada mientras uno se tumba en la arena dejando que los rayos del sol nos den color.

Y en estas pasadas vacaciones de Navidad, hubo uno de esos días que mi madre y yo nos dimos un paseíto hasta la playa, y bueno siendo diciembre, uno no se puede quejar. Cuando llegamos había algunos nubarrones y corría algo de brisita. Vamos por el caminito de madera hasta poner nuestros pies en la arena y empezar a pasear un poco por la orilla.
 

Estábamos como a la mitad de la playa, vista a la derecha y nos encontramos con algunas personas haciendo su paseo matutino. Seguro que muchos de ellos no faltan su cita ningún día del año, a no ser que las condiciones metereológicas estén muy feas que les impidan su paseíto.
 

Nosotros tiramos hacia la izquierda hacia el final cerca de donde comienza el rompeolas. La razón de venir hasta la playa, a parte de disfrutar del sonido del mar y desconectar, es que también la arena es buena para las articulaciones. En concreto, mi madre tuvo un pequeño percance en un tobillo y el fisioterapeuta le recomendó que caminase un poquito por la orillita de la playa que le vendría bien.
 

Poco a poco parecía que el sol salía tímidamente de entre las nubes…
 

Íbamos dejando atrás nuestro punto inicial y acercándonos al final, hasta que luego sería momento de volver sobre nuestros pasos. Creo que en total sería como media horita o cuarenta minutos de paseo. Lo que es bañarse no se me apeteció mucho en ese momento y a parte que no había ido preparado para la ocasión
 

Y efectivamente, las nubes se iban alejando en dirección a la ciudad dando paso a un cielo más claro que luciría bien azul. Lo bueno de ese día es que el viento se comportó y es por que decía, que puede ser un sitio «odiado» porque del viento que se mete no es posible aguantar tumbado sobre la arena y así no se puede. Con poca actividad para el hombre de las hamacas, con tan sólo algunas algo dispersas. Una mañana tranquilita de trabajo sin duda.
 

 

Momento para pasar por la ducha para sacudirnos la arena y poner rumbo al coche. Ahora es cuando el cielo luce bien azulito y se nota algo más de calorcito. Y es que por lo general estas navidades fueron un poco más fresquitas a lo que recuerdo del año anterior. Espero que por lo menos en las próximas se mantenga y esta vez si que me doy un baño de los buenos 🙂
 

 

 

Anda, HK!

 

Una de esas tardes durante las vacaciones de Navidad, aproveché para quedar con una vieja amiga. Llevábamos con una visita pendiente de las veces anteriores que había estado de vuelta en la isla, así que, esta vez no había excusa. Momento para bajar un poco hasta el sur de la isla en la zona del El Médano. Una zona especialmente ventosa, punto de encuentro de aficionados del kite-surf o windsurf, zona de apartamentos de fin de semana. En definitiva, un sitio de lo más tranquilo.

La tardecita estaba refrescando un poco, hice bien llevándome una chaquetita. Mientras esperaba a que mi amiga llegase, fui dando un paseo por los alrededores de la playa. Gente sentada en la plaza o tomando algún cafecito en algunos de los bares del paseo marítimo, con el sonido del mar de fondo.
 

Al poco llegó, nos saludamos y fuimos en busca de un sitio para tomar algo y conversar. Nos pusimos al día mientras disfrutamos de un barraquito, que tenía un puntito extra de licor, jeje. Bien para entrar en calor, porque la brisita al lado del mar es algo más penetrante. Los minutos fueron pasando hasta que se nos iba a hacer de noche, el atardecer estaba llamando. Momento de sacar algunas fotitos, y mi amiga que me enseñó su reciente adquisición (una reflex Canon) pues también probó, espero que para la próxima igual hasta hagamos un photowalk juntos, estaría muy bien.
 

El rato se nos pasó volando y ambos debíamos seguir nuestro camino. Debía volver a Santa Cruz que un amigo me esperaba para echarnos algo. Y de camino a buscar el coche, me encontré con esto:
 

No he estado demasiadas veces en El Médano, me pregunto desde cuando llevará el restaurante en cuestión. Nos acercamos a curiosear el menú, y para mi sorpresa si que tenía algunas especialidades cantonesas como siu mai, bolas de pescado al curry y algo de dumplings. Apenas eran las 7 y media, y ya habían unas cuantas mesas. Ahora que lo sé, igual en la próxima hasta me animo a probarlo.