Punto wifi

 

La semana pasada comentaba sobre las redes 4G y en esta ocasión le toca el turno a las zonas wifi. El poder estar conectados desde cualquier sitio sin importar dónde y cómo, es algo que muchos consideran casi de primera necesidad. Especialmente, cuando uno viaja a un país extranjero uno espera que donde nos alojemos cuenten con conexión a internet vía wifi, sea gratuita o no. Pero estando en la calle y en un momento dado que necesitemos conectarnos para consultar información turística, nos vemos un poco más limitados. No obstante, esa limitación va desapareciendo poco a poco con la existencia de un mayor número de puntos de acceso wifi repartidos por la ciudad en sitios públicos como: parques, restaurantes, centros comerciales o edificios de oficinas.

Una primera opción es conectarnos a la red gratuita que el Gobierno de Hong Kong pone a disposición en determinados lugares o sino, hacer uso de algunos proveedores locales (que tienen mayor cobertura) pagando una módica cantidad. Uno de los mayores proveedores o por no decir que es el principal, PCCW, cuenta con la mayor red de estos puntos wifi. ¿Y cómo encontrarlos por la ciudad? suelen estar indicados con unas pegatinas en los sitios que cuentan con uno de ellos o bien, en las propias cabinas telefónicas podemos encontrar este indicativo. Bastará con que rastreemos la zona con nuestro dispositivos y llevar a cabo la conexión.
 
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Conviene saber un poco los precios de este servicio antes de llegar a la ciudad, así vamos un poco mejor informados. En su web podemos encontrar la información bastante detallada. Desde una tarjeta prepago que cuesta 20 HK$ por 24 horas de conexión, así como también bonos mensuales. Perfecto para la gente que viene unos días de turismo o por unas semanas de negocios. Es una buena opción para tener datos en el móvil con un precio razonable sin tener que comprar una tarjeta SIM voz+datos.

 

Sencilla

 

Buenos recuerdos me trae la zona de Ho Man Tin, muy cerquita de Mongkok, y aunque muchos puedan pensar que sea un poco ajetreada, está alejada del centro del bullicio habitual. A veces en vez de cocinar en casa, solíamos ir a uno de los restaurantes cercanos y entre nuestros favoritos estaba uno con especialidad en dumplings. Un sitio chiquito en el que apenas cabían diez personas repartidas en unas pocas mesitas, más luego el personal del establecimiento. El tamaño no importa porque era realmente acogedor y la comida, especialmente buena. Para aquel entonces creo que ni había empezado a utilizar foursquare, hace casi 3 años aproximadamente.

Al tiempo nos mudamos a Olympic y de ahí luego a Tung Chung, con lo que dejamos de frecuentar el lugar. Con el recuerdo de esos dumplings en la memoria, me acerqué el otro día para recordar aquellos días. Para mi sorpresa, habían cambiado de local pero a tan sólo unos metros de la ubicación donde lo recordaba originalmente. Lo bueno es que ahora es más amplio y cómodo. Me gusta el detalle cuando decoran las paredes con las fotos de los platos, eso hace mucho más fácil poder elegir aunque no entendamos los caracteres del menú, pero también tienen versión en inglés; preparados ante todo 🙂
 
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Como esa noche fui a cenar solo pedí dos platos: uno de noodles y otro de dumplings con diez unidades, rellenos de verdurita y carne.
 
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Ni qué decir lo mucho que lo disfruté. Me tomé mi tiempo para comer con calma los platos, una cena muy completa y muy sana también. Todo por 5 euros, más que contento.

Creo que la próxima vez iré con mi novia, así podremos pedir un par de platos más, y es que el menú tiene mucho donde elegir. Realmente bueno. El nombre del sitio: Hua Yuan Dumpling Restaurant – 華園餃子館 y la dirección para más señas la pueden encontrar en el mapita de a continuación.
 


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Windows 8

 

Como bien saben, una cosa que me gusta bastante y por la que siento debilidad son los aparatos electrónicos, a aquellos que llamamos hoy en día: gadgets. Aprovechando que una nueva edición de la Feria Computex en Taipei acaba de comenzar, qué mejor forma para compartir un poco sobre tecnología.

A pesar de que apenas recién estén viendo la luz algunos productos, seguro que coinciden conmigo que Windows 8 es de lo que más está dando que hablar en los últimos meses. Las principales marcas del sector aprovechan para dar a conocer productos que estarán a la venta en pocos meses y destacar los tablets que vienen equipados con esta nueva versión de Windows, donde se ha innovado bastante respecto a la interfaz y que viene inspirado de los teléfonos con Windows Phone 7, con sistema de mosaicos. Parece que esta vez Microsoft va por el buen camino ofreciendo un producto con buenas características: rapidez y facilidad de uso.
 

Este es un modelo del fabricante Asus. Básicamente es un modelo del estilo al Transformer con Android. Tampoco puede faltar la base con teclado que le da una mayor autonomía.
 

Si buscan por la red, seguro se encontrarán con algunas noticias relativas a estos nuevos productos con los que algunos reporteros ya han estado jugando y sacando algunas breves conclusiones sobre especificaciones y acabado. No obstante, habrá que esperar hasta que se puedan obtener unas revisiones más detalladas de cada uno de ellos, pero no pintan nada mal.

Dejo por aquí estos enlaces del día que vienen desde la web Netbooknews

– Asus
– Acer

Aunque el sistema operativo no estará disponible hasta el mes de Octubre, éste es un muy buen adelanto. Más fabricantes no tardarán en subirse al carro y sacar nuevos productos. El mercado de tablets se pone más interesante y de cara a los consumidores, una nueva opción a tener en cuenta: iOS, Android o Windows 8. Un servidor aún no tiene tablet pero de momento lo que más me atrae es una con Android, cuestión de tiempo y ver qué modelo se adapta mejor.

No dejen de seguir la feria en estos días. Promete.

 

Momento Wayag

 

Hasta aquí habíamos llegado y nos esperaba otro gran día por delante. Una cenita de las nuestras, charlar un poco después de la odisea por la mañana y coger el sueño prontito. Poco más podíamos hacer cuando pasaban de las 10 de la noche, tan sólo escuchar un poco de música o leer.

El tiempo estaba de nuestro lado cuando comenzamos una nueva jornada del viaje. El cielo azul hacía presagiar que sería un buen día y vaya que sí lo sería. Salimos de nuestro refugio con un par de guías que nos acompañarían durante buena parte del día. Ellos son los que mejor conocían la zona y sus recovecos. ¡Vamos allá!
 

La zona a la que accederíamos distaba como mucho unos 20 minutos de barquita, un paseo agradable al comienzo del día. A pie de playa: el color turquesa del agua y las formaciones rocosas salpicando el paisaje, pero tendríamos que irnos un poco más arriba para contemplarlo mejor.
 

Descendemos del bote y nos adentramos entre la vegetación ¿Preparados? este es el momento que hemos esperado durante todo el viaje. Nos queda escalar monte arriba hasta la cima. Momento de seguir a nuestros intrépidos guías que ni siquiera llevan cholas y uno contempla con asombro como trepan por las rocas como si tal cosa, es lo que se dice estar adaptados al terreno. Nosotros con cuidado y sabiendo dónde agarrarse bien.
 

Vamos ascendiendo poco a poco y tras algunos metros con el efecto de la humedad, el sudor se hace más presente. Alguna paradita para secarnos las frente y darnos de lo que vamos dejando allá abajo. La playa y las rocas se van haciendo chiquititas.
 

Calculo que el ascenso total no más de diez minutos, con un camino sin trazar y agarrándonos a troncos de árboles y rocas; sólo nos hubiera faltado un machete para hacerlo más auténtico, aunque la vegetación no era tan tupida. Y aquí estamos señores, en lo alto. Disfrutemos de las vistas y del silencio 🙂
 

Alberto no duda en escalar un poco más para buscar un sitio privilegiado y no perderse detalle. A continuación unas fotos para su disfrute. Tan sólo verlas es como teletransportarse hasta allí.
 

 

 

 

Ahora sentado en la mesa de trabajo, cerrar los ojos y casi como estuviera allí, recuerdos imborrables. ¡Objetivo conseguido chicos!
 

Si la subida se las traía, el descenso no iba a ser menos con el factor inercia en nuestra contra. Algún que otro resbaló tuvimos pero sin consecuencias que lamentar. Dentro de lo que cabe las rocas tenían formas redondeadas con lo que de caernos, el raspón sería menor. No obstante, con cuidado de donde pisar y agarrarnos.

Menudo aperitivo, más bien plato del día, y eso que apenas habíamos empezado. Ensimismados por el paisaje, continuamos entre los islotes para seguir explorando la zona. En nuestro barco siempre con buen rollo y una sonrisa antes que nada, mientras el motor aguante y no andemos escasos de gasolina, no Agus? jaja, que sino luego se nos ponía tristón y esa carita que ponía era bastante cómica.
 

 

La vegetación de estos islotes tan tupida y que aprovecha hasta el máximo el espacio, sin embargo, siempre hay algún caminito que nos lleve hasta la cima que sólo nuestros guías conocen. Sería nuestra segunda parada de la mañana y sin duda, la que más peligro tenía. No porque lo probase yo, que tuve un pequeño percance en el bote al darme un tirón en el tobillo izquierdo de la forma más tonta y por precaución me quedé en la embarcación mientras Alberto y Dani se perdían islote arriba.
 

A su vuelta, poder contarlo y de cabeza al agua para refrescarse un rato. El sol del mediodía estaba empezando a hacer justicia y creo que no tardaríamos en empezar a regresar para estar de vuelta a la hora de la comida. Un menú de los nuestros nos improvisaríamos 🙂
 

Por la tarde, con un plan más relax y sin la necesidad de tener que escalar, otro de los guías se prestó a acompañarnos y mostrarnos otra de las zonas de islotes. Por muchos que viéramos ese día, no nos cansaría y no dejaríamos de asombrarnos de la diversidad de formas y sobre todo los colores.
 

Nuestro guía no perdía de vista el frente e iba orientando a Agus para saber hacia donde tenía que dirigir la embarcación. Con ritmo lento y hasta por momentos parando el motor ayudándonos con un palo para avanzar debido a la poca profundidad y evitar que nos quedásemos atascados.
 

Nos encontraríamos con la presencia de una tortuga que avanzaba con toda su parsimonia a pocos metros de nosotros. De resto, todo muy tranquilo y con pocos pececitos por los alrededores.
 

Auténtico espejo alguna de las zonas de agua que sólo se veían interrumpidas por nuestro paso
 

Y los manglares que cierran el paso entre algunas de las lagunas. La vegetación se abre paso allá donde puede, diversidad es la palabra.
 

 

¿Ven la zona blanca un poco más al fondo de la foto? Un banco de arena que tuvimos que ir bordeando con cuidado por el extremo de la derecha. Seguiríamos hasta el fondo donde podríamos ver ya el mar abierto.
 

 

El mar en esa zona nos había advertido que era bastante agitado y razón no les faltaba viendo el oleaje a unos cientos de metros por delante de nosotros. De ahí que para meternos por la zona de lagunas tuvimos que acceder por el sur e ir avanzando entre rinconcitos hasta el norte y poder contemplar esa zona de mar. Sólo le faltaba que de repente saliera un galeón cruzando como en la película de los Goonies, tal cual.
 

Para saltar de alegría con el día que nos estábamos gozando todos. Dani no se lo pensó dos veces y se tiró al agua tan sonriente.
 

Creo que nos podíamos sentir más que satisfechos y sobre todo unos privilegiados por estar surcando aquellas aguas. Me pregunto cuántas personas habrán estado allí, seguro que no tantas como podamos pensar. Una de las ventajas de que el turismo en la zona no esté masificado, sólo unos pocos se aventuran a llegar tan lejos y esperemos que el paso del tiempo no lo estropee. ¿Volveremos algún día? quien sabe…
 

Momento de emprender el camino de vuelta a nuestro refugio. Nuestra última noche en Wayag y al día siguiente comenzar el camino de vuelta hacia el sur hasta Sorong con un par de días por delante. Ibamos mejor de lo previsto con nuestro itinerario. Da gusto cuando las cosas salen mejor de lo planeado, pero mejor andar sobrados de tiempo que no ir justos, por lo que puediera pasar.
 

Es el momento del viaje para enmarcar, dudo que se nos olvide en mucho tiempo. La razón de habernos pegado una odisea de unos cuantos kilómetros a bordo de nuestro fiel longboat con su tripulación. Para que luego nos llamen locos; espíritu aventurero en buena compañía.