La ciudad en cifras

 

Durante las pasadas semanas se ha visto bastante actividad por los alrededores de mi edificio y es que han estado llevando a cabo la encuesta de población que este año tocaba. Según ley, esta se debe realizar cada 10 años y entre el 30 de junio y hoy 2 de agosto han venido recogiendo los datos.

Las formas de proporcionar los datos han sido vía telefónica, online o bien con una entrevista. Para ello han designado a personal bien identificado, por eso de evitar posibles fraudes, para llevar a cabo esta labor. Muchos sitios por los que ir recolectando los datos y asegurarse de que todo está en orden. En nuestro caso, cuando estuvimos de vacaciones dejaron un aviso en el buzón y posteriormente hemos mandado los datos por correo. No obstante, han vuelto a dejar un segundo aviso para ver si podíamos ponernos en contacto vía teléfono para concertar una entrevista pero me temo que no haya ya tiempo siendo hoy el último día de plazo. Seguramente querían confirmar nuevamente los datos.

Imagino que llevará su tiempo el procesar todos los datos, pero sabiendo lo eficientes que pueden ser, no me extrañaría que en unas semanas tengamos ya datos sobre la encuesta. De una cosa no hay duda, en Hong Kong hay gente, mucha gente pero creo que bastante bien repartida en función del espacio disponible aunque podríamos entrar en el debate sobre el tema de las viviendas, algo que trae de cabeza a mucha gente y hace que los precios se disparen como en estos momentos.
 

Sacada de este blog

 

Finalmente, Singapur

Parece que ha costado, pero el viaje llegaba a su fin. Una semana bastante intensa pasando el fin de semana anterior en Bangkok y luego la estancia en Koh Tao donde obtendríamos nuestro título de Padi Open Water. Pero aún quedaba lo mejor, un reencuentro con nuestro amigo y compañero de beca Miguel que sigue residiendo en Singapur.

En esta ciudad, sería donde mi viaje terminaría y pondría rumbo a Hong Kong. En cambio, Alberto podría seguir disfrutando de unos días más de relax en la ciudad y luego volver a Tailandia para seguir tostándose al sol, cosa que no tuvimos mucho tiempo durante el curso de buceo pero que mereció la pena.

Para ambos, Singapur era un lugar que para nada nos era extraño, al contrario, anteriormente ya habíamos estado en algunas ocasiones pero siempre es agradable volver y más si se visita a los amigos. Poder disfrutar de la rica comida local en uno de los muchos food court que existen..
 

O contemplar las bonitas vistas nocturnas desde la casa de Miguel
 

¿Qué nos quedaba por ver? Esta es la respuesta: el Marina Bay Sands. Pero no es tan sólo por el edificio en sí, sino lo que uno puede divisar desde lo alto. Recuerdo que en el anterior viaje aún estaba en construcción y cuando hemos ido esta última vez, hace poco que ya celebraban un año desde su apertura. El diseño es arriesgado y no deja a nadie indiferente.
 

Y una vez arriba, creo que las fotos hablan por sí solas 🙂
 

La ciudad en la oscuridad y solamente alumbrada por las luces de los rascacielos, la farolas de las calles y los coches que no dejan de pasar. Estamos a sábado y la gente aprovecha para salir a disfrutar de la tarde-noche, es lo suyo.
 

Haciendo un círculo vamos recorriendo la plataforma acristalada de un lado a otro, parando a cada rato (si es que hay hueco) para sacar fotos desde los distintos ángulos.
 

 

Una chica se ofreció amablemente a sacarnos una foto. Tan entusiasmados estábamos sacando fotos cada uno por su lado, pero una foto conjunta en un lugar como este no podía faltar. Nos merecíamos disfrutar de la noche singapuriense después de tanto ajetreo en días anteriores, y es que en parte, era un alivio estar en un entorno más moderno y sobre todo cómodo.
 

Ya casi habíamos dado la vuelta completa. Si se fijan con algo de detalle, al fondo de esta foto se pueden apreciar las luces de las grúas del puerto de la ciudad. Pero aún no daríamos la visita por concluída…
 

En lo alto también podemos encontrar el restaurante Ku De Ta donde se pueden degustar platos de cocina asiática moderna (japonesa, china, tailandesa o indonesia). Ya que estábamos allí y sería la última noche antes de terminar el viaje, dijos por qué no intentarlo y parece que la suerte estuvo de nuestro lado. Sin reserva previa y en menos de 20 segundos, una mesa para dos salió de la nada, y nosotros tan contentos.

Sashimi de salmón, filete de atún a la plancha, pinchitos de carne y unos chopitos fritos fueron nuestras elecciones. Estaba todo exquisito y las raciones bastante bien servidas. He de decir que me las imaginaba de entrada mucho más minimalistas, pero con los platos que pedimos nos quedamos más que satisfechos.
 

Y de postre: mousse de maracuyá con unas galletitas y un toque de mango (si no recuerdo mal).
 

Muy contentos que quedamos y decir, que el precio no tan caro como uno se pueda esperar, además, era una ocasión especial y lo merecía. Antes de bajar decidimos dar un paseo por la zona del hotel que cuenta con una zona ajardinada y que da acceso a la piscina, y ya se lo imaginarán…
 

Bañarse en ella es todo un espectáculo, aunque nos conformamos con verlo de lejos. Igual si en un próximo viaje a la ciudad y tengo la suerte de alojarme en el hotel, podría contar la experiencia desde otro punto de vista.
 

Ya cenados y dispuesto a salir, la noche no había hecho más que empezar. Nos íbamos alejando despacio del edificio, luce impresionante de noche y con el reflejo en el agua aún más.
 

No era un adiós, sino un hasta pronto. Singapur siempre estará dispuesta a recibirnos con los brazos abiertos y poder descubrir más cosas en cada visita, sino, aquí hay una prueba. Creo que ya sé por donde perderme para la próxima.
 

Bocados

 

Seguro que están conmigo en que no hay nada mejor que terminar una tarde de paseo con una buena comida y reposar tranquilamente. Al poco de llegar a la ciudad y ponernos en marcha, en ese momento aún no había muchas ganas de comer y es que la verdad con las dos comidas del avión aún presentes, el estómago aún no protestaba. Eso sí, el agua que no falte para cuando apretaba un poco el calor pero con una suave brisa muy agradable.

Haríamos uso del metro de vuelta hasta la Plaza de Cataluya y quien dijera que a a esas horas (9 de la noche) aún hay claridad y algo más que duraría. La poca costumbre y que en Hong Kong sobre las 6 y media-7 de la tarde se va anocheciendo, esas horas extra de luz, no veas que vida dan y hasta se nota en la gente que se lanza a la calle.
 

Así a lo tonto, nuestras buenas horitas entre caminata, ver algunas tiendas, sacar fotos… habían pasado volando. Momento de ir buscando por la zona un sitio para cenar, improvisemos pues. Al principio del Paseo de Gracia, y seguro me dirán: «precisamente no será barato», encontramos un sitio en el que sentarnos en su terracita para cenar. Estaba bastante animado, no tenía mala pinta el sitio.

Un vistazito a la carta, primero algo fresquito para beber y estamos listos para pedir. Empezamos con un poquito de pan tumaca «Pà amb tomàquet aclaración del Capitán«, no podía faltar estando en Barcelona, mientras va llegado el resto.
 

Una ensaladita de tomates cherry, aceitunas negras y taquitos de queso. Y casi a la par traían unos champiñones al ajillo. Las porciones con el tamaño adecuado para no quedarnos ni con ganas ni demasiado llenos, que luego había que hacer hueco para el plato princpal
 

 

Y otro de los típicos de nuestra gastronomía: una paellita. Dos raciones bien servidas acompañadas de langostino y con el arroz en su punto. Muy satisfechos que quedamos con la comida, y entre bocado y bocado, algún sorbo de una copita de vino blanco.
 

Ni con hueco para el postre, y eso que yo soy muy de postres, pero en esta ocasión y sabiendo que nos iríamos a dormir en apenas un par de horas, lo mejor era quedarse tal cual y vuelta al hotel estirar un poco las piernas mientras hacemos la digestión.

Nuestro primer día (digamos medio-día), llegaba a su fin. Las luces alumbrando, la actividad de la calle había cesado y sólo de vez en cuando pasaba un coche, todo volvía a la tranquilidad y momento de recogerse a descansar. ¿Qué más nos deparará la ciudad? espero me acompañen mientras lo descubrimos.

¡Buen finde!

 

El yo-yo

 

¿Quién no conoce este popular juguete? Cualquiera de nosotros ha jugado con uno de ellos siendo bien niños o incluso de no tan niños. Un sencillo juguete pero que al principio para cogerle el truco, hay que dedicarle un poco de tiempo y en especial si siendo niños tenemos manos más chiquitas y no tan hábiles.

Recuerdo que los solían regalar en las promociones de verano con algunas marcas. De colores: rojo, azul, blanco o también transparentes y con distintos logos. Por casa seguro que tendría unos cuantos, y ha sido no hace mucho que me encontrase uno al estar con mi novia en casa de sus padres y con su sobrina, que tenía uno por ahí entre sus juguetes. Una versión mucho más moderna y con el look como de llanta de coche.
 

Y si nos remontamos a sus orígenes, seguro que muchos coincidimos en decir que proviene de China aunque parece que algunos dudan y puede que también en la antigua Grecia jugasen con él. Sin embargo, lo más probable es que se iniciase en el continente asiático hace muchos años y ha ido evolucionando con el paso del tiempo, introduciendo modificaciones en su diseño pero fiel a su principio: entretener tanto a peques como adultos y pasar un rato divertido.

El yo-yo incluso ha dado para hacer competiciones donde demostrar lo habilidoso que puede llegar a ser uno con este juguete entre sus manos.
 

Sino vean el siguiente vídeo. increíble!

Lástima que el uso del mismo no es el de años atrás. Los tiempos cambian y las formas de ocio evolucionan, díganse: Nintendo DS, PSP… pero creo que es bonito disfrutar de un juguete más puro para sacar el lado más creativo.

¡Qué tiempos aquellos del trompo o los boliches! Esos recreos en el patio del colegio, memorias imborrables.