Calita

 

Una de las cosas que teníamos en mente cuando decidimos ir a Mallorca, es que teníamos ganas de dar con esas calitas tan especiales que en la isla se pueden encontrar. Un rinconcito de costa con agua cristalina y refrescante. Muchas de ellas algo recónditas y más o menos populares. Al día siguiente de haber llegado, con las pilas puestas después de desayunar algo en el hotel, salimos en dirección sureste. La carretera muy agradable de conducir y con un tiempo día claro, poco a poco el calorcito iría apretando.
 

Era muy agradable a la vista contemplar las extensiones de tierra que estaban salpicadas por olivos y algunas edificaciones de piedra, seguro que con bastantes años en pie pero con muy buena pinta. Muritos de piedra que delimitan las parcelas y también con algunos animales campando a sus anchas. La brisa que se colaba en el interior del coche mientras avanzábamos se agradecía, aunque más adelante usaríamos un fisquito el aire acondicionado, esos calores del verano en el mediterráneo se dejaban notar.
 

La zona de Santanyi fue la que elegimos para buscar alguna de estas calitas. Apunté también algunas recomendaciones de gente en twitter, pero al final, creo que el azar fue el factor que determinó qué calas visitaríamos. También ir de vacaciones, dejando que las cosas surjan de imprevisto, tiene su emoción ¿verdad?

Llegados a nuestro destino, más o menos y tras unas horitas de conducción, llegamos a la zona. Lo mejor, dejar el coche aparcadito a la sombra, si es posible, coger nuestros bártulos y tirar para la playita. Nos aventurams por un caminito y poco a poco se iba escuchando el sonido del mar y entre la vegetación asomaba el color azul, algunas personas en el agua. Tenía muy buena pinta.
 

Estaba situada en la trasera de un complejo hotelero, pero no estaba demasiado saturada. En su mayoría turistas alemanes e ingleses, creo que gente local más bien poca. Buscamos un sitito no muy alejados de la orilla y dispuestos a darnos un baño de sol antes de meternos en el agua. A medida que uno se adentraba el color iba cambiando hasta volverse de un azul muy profundo, estaba algo fresquita pero era lo que apetecía. ¡A nadar como un pececillo se ha dicho!
 

Estuvimos disfrutando del sol y el agua durante un buen rato, hasta que vimos que se iba haciendo la hora de comer. Luego más tarde aún podríamos aprovechar para visitar otra de las playitas cercanas. Una zona bastante turística pero rondando las 3 de la tarde, reinaba un silencio absoluto. O bien la gente estaba echando la siesta o almorzando. No se por qué me sonreí cuando vi venir al camarero con el mantelito de papel que traía dibujada la isla y donde se indicaban los principales puntos de interés, me recordó al mantelito habitual de la isla de Tenerife. Uno se entretiene mientras la comida llega y descubriendo cosas nuevas, hasta puede dar para improvisar un plan después de comer.
 

Una jarrita bien fresquita de sangría y algo de picoteo. Nos gustaron en especial los mejillones que venían con una salsita de estas para mojar pan y no parar, estaban tremendos.
 

 

El servicio muy atento y la relación calidad/precio muy buena. Comida internacional, con algunas tapas y platos combinados pero sin precios excesivos, y súper satisfechos. Mejor irnos a dar un paseíto y hacer algo de digestión. Un perfecto día de domingo con relax, buena comida y sobre todo: playita 🙂

 

Balance 2011

 

Estos primeros días del nuevo año están siendo de bastante ajetreo, y es lo que suele pasar después de la vuelta de las vacaciones. Uno se encuentra con los papeles acumulados tras nuestra ausencia y hay que ponerse al día en cuanto antes. Si que me hubiera gustado contar algunas cosillas más durante la semana pasada, pero cuando me vine a dar cuenta, nuevamente nos habíamos plantado en el fin de semana. La previsión para esta semana que entra es que sea algo más tranquila con parte del trabajo ya solventado y terminar de ponerme al día.

En lo que respecta al título de esta entrada, es un buen momento para analizar lo que dio de sí el año 2011. La verdad es que hubo bastante cositas entre el trabajo, algunos viajitos, estudio y también deporte. En definitiva no fue un mal año y esperemos que este recién empezado sea mejor si cabe o al menos que se iguale 🙂

Propósitos

– Continuar con el aprendizaje del cantonés y/o mandarín.
– Certificaciones informáticas.
– Mejorar con el dragonboat.
– Hacer mejores fotografías.
– Que no falten escapaditas viajeras.
– Conocer sitios pendientes de Hong Kong.

Y por supuesto, que no decaiga el blogueo. Seguir compartiendo más historias y experiencias como he venido haciendo hasta la fecha. Tenemos muchos meses por delante para responder comentarios, emails y todo aquello que se genera a través de est as páginas.

Por lo pronto ya tengo en mente por dónde irán los posts que vengan a continuación, quieras que no algunas historias siempre se quedan con algo por contar. Se han propuesto ya cosas en firme para el 2012? Quedo a la espera de sus comentarios.

 

Vistas rocosas

 

Esta entrada tendría que haber llegado hace un par de semanas, pero entre que tenía extraviada la tarjeta de memoria y luego que no había tenido un rato para ordenar las fotos, se me han pasado un par de semanas. Antes de que la cosa empiece a decaer con esto de que las Navidades se van acercando, ya se sabe, no quiero despedir el año sin compartir el día tan bueno que tuvimos visitando uno de los rincones naturales del territorio hongkonés.

Seguro que a estas alturas, no hay nadie que no conozca Groupon ¿verdad? pues resulta que había salido una oferta que me pareció bastante atractiva y consistía en un paseo en barco para ver el parque geológico (uno de ellos, porque no hay uno sólo como yo me imaginaba) y además, de un almuerzo posterior. Por menos de 20 euros por persona, me parecía bastante razonable, así que me decidí a comprarlo y aprovechar para pasar un día de domingo diferente al habitual.
 

Implicaba algo de madrugón pero más que sea, el día lo aprovecharíamos mejor aún. El punto de partida era los muelles de Sai Kung, puno habitual de encuentro para muchos de los junk trips que hemos hecho durante los veranos. Ibamos con la idea de que sería un barco para un grupo digamos reducido, pero la verdad es que se juntó bastante gente y por lo que pudimos ver, la mayoría también había comprado la oferta como nosotros.
 

Es un buen reclamo para la empresa, darse más a conocer y si el cliente está satisfecho con la experiencia, se puede repetir. La hora de salida estaba prevista a eso de las 9 de la mañana, pero entre que se organizaba al grupo y demás, tardamos un poquito más, pero luego una vez en el barco es momento de relajarse y disfrutar del paseo con sus vistas. Una vez sentados en el barco, nos dieron un folletito informativo de lo que sería el recorrido por los alrededores y con los distintos puntos de interés. Aunque en su mayoría era gente local, unos pocos extranjeros si que había, pero las explicaciones en cantonés y algunos apuntes en inglés. Para el folleto con la ayuda de mi chica para enterarme de los lugares que visitaríamos.
 

Salimos a la mar, con un tiempo espléndido de domingo y con el sol luciendo en lo alto. Eso sí, con la brisita del mar a uno le entraba un poquito de frío, por lo que no estaba de más haber traído una chaquetita finita. Seguro luego a la tarde también se agradece.
 

Nos vamos alejando de la costa dejando atrás el núcleo de Sai Kung. Rodeados de islotes de roca y el batir del agua que de vez en cuando zarandea el barco, que por momentos pareciéramos estar en una montaña rusa. Parece que sólo es una zona un poco turbulenta y al poco todo vuelve a su calma.
 

 

Las rocas con el paso de los años han adquirido formas caprichosas a base del efecto erosivo del agua, algunas caras de estos islotes parece incluso como si hubiesen sido esculpidos por la propia mano del hombre. El color amarillento de la roca en contraste con el verde de la vegetación y el azul del mar, bonita combinación de elementos.
 

Se fijan en la pequeña lanchita a la izquierda de la foto? me pregunto que estará pescando. Y desde luego que no es una tarea nada fácil, porque con el continuo oleaje y a pocos metros de las olas..
 

Sólo queda disfrutar las formas redondeadas, de los colores y la brisa del mar mientras el barco se abre paso hasta el siguiente punto del recorrido. Mientras tanto la guía van añadiendo comentarios a lo que el resto de visitantes mueven su cabeza de un lado a otro y cámara en mano intentar sacar algo del paisaje, cuestión de mantenerse en equilibrio al ponerse de pie y ser rápido sacando la foto. Espero les gusten algunas de las que saqué yo.
 

 

 

No me hubiera importado darme un chapuzón, pero como que en esa ocasión no iba preparado para ello. Daba gusto ver el color azulito turquesa del agua y super limpia. Buenos recuerdos de los chapuzones del veranito de meses atrás.
 

El paseo de lo más relajante, incluso algunos no dudaron en aislarse un poco más y echarse un sueñecito. Señoraa!! que así no se va a enterar de nada. Yo creo que tenía su mente estaría puesta en el almuerzo de luego, que ahora que lo menciono, a pesar de haber llevado con nosotros algunos frutos secos para aguantar desde el temprano desayuno, el cuerpo iba pidiendo ese almuerzo.
 

 

Cogemos rumbo de vuelta al muelle para dar por finalizada la visita. No se crean que sólo estuvimos dando vueltas en barco si parar durante lo que duró el trayecto. Entre medio hubieron algunas paraditas de lo más interesantes que desglosaré como es debido 🙂
 

El gran buda

 

Cuando la gente me pregunta sobre qué ver en Hong Kong, es inevitable que uno de los primeros sitios que les comente es el gran buda Tian Tan. Al poco de llegar yo, fue uno de las primeras visitas que hicimos durante el fin de semana, buenos recuerdos de aquella primera visita. Y siguiendo un poco esto de los guiness récords, es el buda sentado más grande que hay. Ubicado en el medio de la isla de Lantau, en Ngong Ping, se alza contemplando los alrededores de monte que le rodean. No obstante, la isla es de los territorios más vírgenes que podemos encontrar en Hong Kong, apenas algunos pueblos costeros y la zona del interior donde se encuentra el buda junto con el monasterio de Po Lin.

Está fabricado en bronce y tiene unos 34 metros de alto. Como dato curioso añadir que está formado por un total de 202 piezas que conforman la estructura de la estatua. Uno no se da cuenta del tamaño hasta que poco a poco se va acercando, pero algo se puede intuir en la distancia.
 

Si queremos llegar hasta su base nos toca subir este pedacito de escaleras. Un muy buen ejercicio, y no hay peros que valgan, que hasta las personas de más edad poquito a poco suben hasta arriba del todo, es todo un ejemplo para que no nos pueda la vagancia.
 

Quieras que no, después de la caminata que nos habíamos pegado hace unos instantes, empezamos a notar un poco los efectos, pero nada, pa´rriba que casi estamos chicos!
 

 

En un día soleadito, de domingo, que es cuando los turistas gustan más de salir a visitar cosas, con el buda no podía ser una excepción. Y turistas de todo tipo, aunque justo en esta foto como pueden observar me salieron más occidentales 🙂
 

Podemos dar una vuelta por los alrededores del buda o si queremos entrar al interior por un módico precio para ascender sus tres plantas y curiosear un poco.
 

Ya sólo nos queda iniciar el camino de vuelta, que siendo cuesta abajo se hace mucho más llevadero. Además, con las ganas que nos estaban entrando de comer, creo que bajaremos hasta más rápido y todo.
 

Siempre nos queda volver en otra ocasión si tenemos alguna visita en la ciudad, o darnos un paseito si acaso. Yo la verdad que lo tengo bastante sencillo, ya que, vivo justo al lado de donde está el teleférico que te lleva directo hasta Ngong Ping. Sino otra opción es ir en ferry desde Central a Mui Wo, y de ahí coger una guagua que nos lleva hasta el buda.