Se acerca

 

Para terminar con un toque dulce la semana y como adelanto para la celebración que tendrá lugar dentro de unas semanas: el festival de Otoño junto con el dulce típico que es el mooncake. En otra ocasión comentaba qué es lo típico durante este festival y lo que se suele comer, es una fecha especial para celebrarlo.

Como cada año siempre hay alguno nuevo que descubrir, me ha llamado la atención un mooncake un tanto especial, y es éste de «egg custard». ¿Cómo lo traduciría? digamos que como sabor a natillas, aunque el parecido de su sabor se asemeja a de las famosas tartas de huevo. Esto había que probarlo sin duda, así que, compré una cajita del Mandarin Oriental que es donde tenían esta variedad.
 

La presentación de los mooncake era de lujo. Un total de 6 unidades en la caja, envueltos de forma individual y bien acomodados.
 

Se acerca el momento de la verdad, un último paso antes de darle un bocadito.
 

Ummm, y qué bueno estaba. Nada que ver con el mooncake tradicional o el snowy. La textura más blandita y el sabor del huevo muy conseguido pero sin llegar a ser empalagoso. Uno por persona está más que suficiente o sino también podemos optar por compartirlo, pero con este mooncake la porción es algo más pequeñita.

La publicidad está cada vez más presente en la tele y en los anuncios por la calle. Es el momento de que la gente empiece a comprar mooncakes si es que no lo han hecho ya, y hay que ir preparándose. Como anéctoda, he encontrado este vídeo donde una conocida pastelería de la ciudad ofrece un mooncake aún más especial si cabe. Lo ven y me cuentan..
 

¡Buen finde!

 

Doble M

 

A pesar de que durante nuestro segundo día en la ciudad el tiempo no había amanecido soleado, había que ponerle buena cara. Casualmente nos encontrábamos casi al ladito de un sitio en que resguardarnos durante un rato por si acaso se ponía a llover de nuevo. No fuimos los únicos, un grupo de más gente delante nuestro iba en la misma dirección, al menos entretenerse viendo algunas tiendas haría que la mañana fuese algo más amena.
 

Cruzamos la rambla de mar y llegamos a los alrededores del centro comercial Maremagnum, de aspecto moderno y que nos recibe con un gran espejo que cubre la fachada. Los niños se lo pasaban en grande viéndose reflejados mientras correteaban de un lado para otro.
 

En su interior tiendas de ropa, calzado, regalos, chocolate… En la zona central, bastante luminosa nos encontramos con una cafetería donde tomar algo y descansar si es que el cuerpo no lo tenemos para tiendas.
 

Me llamó la atención la iniciativa «Fotoblogueando» cuyos carteles colgaban en las cercanías de la cafetería. En seguida se me vino a la cabeza: ¿habrán fotos de Ricard, Dani o David? no hubo suerte esta vez, pero sí que me llamó la atención de un nombre que me sonaba: Desenfocado. Me pregunto si volverán a llevar a cabo iniciativas como estas. Había algunas fotos bastante buenas.
 

Total, que entre que sube y baja, mira de una tienda a otra se nos pasaron un par de horitas. Deja me asome a ver cómo sigue el tiempo por ahí afuera… anda hasta parece que ha salido el sol, ya no se notaba el ambiente tan gris como antes.
 

Pero casi que estando aquí, podríamos aprovechar y comer algo no? a todas estas, creo que serían como las 3 de la tarde, el desayuno estaba más que digerido y lo mejor era recargar las pilas que por la tarde se podían aprovechar aún las horas de sol que tendríamos por delante. ¿Hace una cervecita y un poco de panito?
 

 

No nos fuimos muy lejos, justo a la entrada del centro comercial, nos sentamos en el restaurante «Moncho´s – El Chipirón». En su terracita, disfrutando de la brisa del mar y viendo la gente pasar. Una vez menú en mano, nos decidimos bastante rápido y uno de los platos estrella de ese almuerzo fue este: pulpo a la gallega. Una ración bastante generosa y que estaba de bueno, ufff!
 

Casi a la par vinieron unas gambitas al ajillo y unos mejillones a la marinera. Era la ocasión de comer cositas del mar estando en un sitio con tan buen ambiente marino.
 

 

Rematando, un salmón a la plancha con su buena ración de verduritas. A estas alturas mi novia estaba un poco llena después de los platos anteriores pero si que al menos probó el salmón, el resto no desaproveché nada de nada. Tiernito y se deshacía en la boca, quien pudiera tomarse otro igual aquí.
 

Obviamente, no había hueco ni para el postre. Lo mejor reposar un poquito y luego estirar las piernas yendo hacia el centro pasando por las Ramblas. Mucha gente aprovechaba para sentarse y relajarse contemplando el mar.
 

O bien sus ojos estaban fijos en una de estas curiosas estatuas «flotando» en medio del agua.
 

La tarde empezaba a abrir y a sentirse el sol que había estado ausente durante buena parte de la mañana. Tomando el camino de vuelta cruzando el puente, enfilamos hacia el comienzo de la rambla, el sitio en plena ebullición de actividad y gente curioseando como nosotros. Espero me acompañen en un próximo capítulo por Barcelona.

 

B/N

 

El pasado domingo después de un par de meses de haber terminado la primera temporada de dragon boat, me levanté tempranito para retomar los entrenamientos. Quieras que no, eso de madrugar aún más que durante la semana uno lo termina agradeciendo porque la sensación es que el día se aprovecha más.

El plan para el resto del día después del entrenamiento ya estaba montado. Primero un almuerzo, lástima que el sitio que había decidido inicialmente casualmente los domingos cierra, así que, terminamos improvisando. Para unas horas más tarde mi novia y yo iríamos al cine para ver «Rise of the Apes» por lo que tendríamos unas horas para tomárnoslo con calma. Ella ya tenía cita para darse un masaje, eso hacía que tuviera casi 2 horas largas para perderme por el centro, que a pesar de haber estado muchas veces por los mismos alrededores siempre hay algo que capta mi atención y esta vez si había previsto el llevarme la cámara de verdad.

Era un día de los de calor de verdad, esos que sólo se dan en el mes de agosto, verano puro. Y para los que andaban por la calle, algunos optan por protección extra para el sol.
 

La intención de esta entrada a dos colores, es también la de transmitir una sensación más fresquita y evadirnos del calor por unos instantes. Para aquellos que no estaban por la calle, optaban por resguardarse dentro de una cafetería y disfrutar de un cafecito bien sea caliente o con hielo. Eso mismo hice yo al principio (con hielo por favor) pero luego decidí que era el momento de patear y «pasar» del calor, sin que falte una botellita de agua de por medio.
 

Y cuando nos encontramos a la sombra de un puente que pasa por encima nuestro, es de agradecer. Hasta parece que la actividad por la calle a aquellas horas hubiese disminuido, no es de extrañar. Pocos coches circulando y en ese momento ni siquiera pillé ningún tranvía en su recorrido habitual.
 

Apuesto que las vistas desde el ICC tenían que ser especialmente buenas en un día de cielo azul y despejadito. Ahh, recordar que el mirador en la planta 100 ya está abierto al público desde hace no mucho. Espero aprovechar otro día de tan buen tiempo para subir y disfrutar de las vistas desde el otro lado.
 

Con vistas al mar…
 

…a la ciudad. ¿Qué prefieren?
 

 

Finalmente, vuelta hasta un lugar cerrado y con tiendas. Los centros comerciales son la mejor opción cuando las temperaturas aprietan. Comprar o no comprar, ir a ver una película o simplemente dar vueltas para pasar unas horas.
 

Y es que teniendo justo debajo la parada de metro que nos lleva de vuelta a casa, a veces da pereza salir ¿verdad? A seguir llevando el veranito de la mejor forma posible, bien sea dentro o fuera 🙂
 

Hacerse ver

 

Seguro nos ha pasado a todos en muchas ocasiones, ir caminando por la calle sin prestar mucha atención unos metros más arriba de nuestras cabezas. Nuestro campo de visión se centra en una franja relativamente pequeña que va desde el suelo a unos pocos metros más en vertical. Y en Hong Kong, a pesar de ser una ciudad bastante vertical, uno cae en la costumbre y no repara en qué hay más arriba en los edificios que nos rodean.

Pongamos un ejemplo con el de la foto. ¿Serán sólo viviendas? o igual también hay restaurantes o tiendas, pero de un primer vistazo no lo podemos saber.
 

Otros edificios nos lo ponen un poco más fácil con los neones y letreros de la fachada. Un método que a mi particularmente me encanta por lo vistoso que resulta en especial de noche y también presta a ser muy fotografiado. El hechizo del neón es poderoso.
 

Y si no tenemos la opción anterior, ¿cómo hacemos que los clientes vengan a nosotros? banners desplegables en mitad de la calle. La calle Sai Yeung Choi en Mongkok es un claro ejemplo de la transformación que sufre cuando empieza a hacerse de noche. Los coches dejan de circular por ella y es cuando la gente se hace dueña de la calle y también muchos negocios en las alturas aprovechan para «plantar» sus carteles como reclamo. Las tiendas son de lo más diverso: estudios de belleza, productos electrónicos, estudios de tatuaje o de deportes.
 

 

¿Alguien duda si este método es efectivo? en mi propia experiencia, el pasar casi todos los días por la zona hace que uno se quede con los nombres de las tiendas y el día que a uno le surja un necesidad, seguro que se nos enciende una bombilla con una solución para encontrar lo que andamos buscando.

Lo importante es tener presencia y aunque a veces estos carteles a simple vista parezcan invisbles, cumplen su comentido cuando llega el momento. Un complemento para otros medios publicitarios como folletos, anuncios del metro, decoración en taxis o guaguas. Al final nuestro subconscientes se queda con el mensaje aunque nosotros no nos demos cuenta.