Quietoo!

 

Todos sabemos que hay unas normas básicas de comportamiento ciudadano y especialmente cuando usamos el transporte público. Algunas tales como: dejar salir antes de entrar, respetar las colas o ceder el asiento a las personas mayores, madres con niños… En el caso que nos ocupa para esta entrada, nos centramos en las marcas del suelo que es habitual ver en la paradas de tren o de metro.

Sin duda, en las primeras son las que debemos prestar mayor atención ya que quedan estaciones en las que aún no hay compuerta de seguridad, con lo que debemos respetar las distancias junto con las indicaciones que vemos en la foto siguiente. Nada nuevo, ¿verdad? pero la gente cuando va a su aire es como si de repente olvidase estas reglas básicas de comportamiento, especialmente cuando es hora punto, todos queremos llegar a casa lo antes posible y nos olvidamos de lo principal.
 

Las líneas nos indican que debemos ponernos a los laterales y dejar que la gente que viene en el vagón pueda salir por el centro, pero una vez más, muchos se saltan esto y se plantan en el medio como si tal cosa, así luego, vienen los empujones y se ralentiza el intercambio de pasajeros. Con el uso de caritas simpáticas en los recordatorios, nos invitan a no apurarnos y no bloquear las puertas, igual a los más pequeños les entra mejor este mensaje que a los mayores, al menos seguro que captan más su atención.
 

Y no sólo es Hong Kong, esta imagen está tomada en uno de los andenes de una estación en Tokio de cuando estuvimos hace unos meses atrás. Aquí si que no tengo quejas, porque los japoneses siempre conservan la compostura y son correctos, de ahí lo eficiente de su sistema de transportes. Si nos apuramos, al final todos perdemos.
 

Del sistema de transporte de la ciudad no tengo queja, pero si a veces del comportamiento de alguna gente que se cree al margen de todo. Por suerte he visto que alguno ha saltado para decir: «a la cola», «no empuje que no entramos más en el vagón». En todos sitios siempre tendremos a los clásicos listillos, pero eso es inevitable, ¿no creen? y no será porque no vean las marcas en el suelo o escuchen los anuncios por la megafonía. En fin… para el resto de nosotros, quietitos y a esperar nuestro turno buenamente.

 

Recordando KK

 

Para dejarles que piensen un poco más la entrada de ayer, nada mejor que llevar nuestra mente y nuestro cuerpo a un sitio que invita al relax, playita y bajar el ritmo. Mi novia me sugirió que hiciéramos una escapadita de fin de semana a un sitio no muy alejado que le apetecía solecito. Empezamos a mirar las posibilidades y entre ellas países como Filipinas, Tailandia o Malasia. Cuando mencionó el nombre de Kota Kinabalu me vinieron buenos recuerdos de la primera vez que estuve por allí y en buena compañía de Juan. Después de barajar otros destinos y ver los horarios/precios de los vuelos, nos decantamos por la isla de Borneo que es donde se encuentra esta ciudad.

Parece mentira que hayan pasado casi 4 años desde que pise el lugar y las cosas siguen tal cual las recuerdo, y las fotos que saqué en aquel entonces. No obstante, se distinguen algunas construcciones nuevas como hoteles o un nuevo centro comercial. Las callecitas estrechas y los bloques de edificios bajos que se alternan con algunos hoteles desde donde contemplar unas buenas vistas de la línea de costa.

Nosotros elejimos el hotel Horizon con una buena relación calidad/precio y a pocos pasos del mercado local o del waterfront. Y desde la habitación teníamos una buena panorámica de la ciudad con una de las islas cercanas de fondo, en este caso la isla de Gaia. Muy curioso como el paso del tiempo ha hecho adquirir las chapas de metal de los tejados distintas tonalidades del óxido. En los bloques de edificios se alternan negocios locales, con viviendas o restaurantes en los bajos.
 

Una vez en la calle y en dirección al mar, recorremos el paseo marítimo fijándonos en los diversos barquitos que esperan en la costa para poder transportar a pasajeros o salir a la mar para hacer la captura del día. Si queremos pasar un día entretenido, no hay nada mejor que subirnos en una de las lanchas y negociar un precio para que nos puedan llevar por las distintas islas, y disfrutar de las playas de arena blanca con aguas claritas, claritas.
 

Después de pasear de aquí para allá, visitando el mercado local de frutas y artesanía, decidimos volver de regreso al punto inicial y buscar al buen hombre que nos había ofrecido los servicios de su lanchita. Ya sólo nos queda esperar en el muelle a que nos vengan a recoger y empezar el recorrido. ¿Me acompañan?
 

La lanchita nos irá llevando por las siguientes islas y la idea es pasar un rato en ellas mientras disfrutamos de la arena y hacer un poco de snorkel.

Manukan.
Mamutik.
Sapi.

A la llegada al muelle, seguimos la pasarela y en la casetita del fondo deberemos pagar 10 MYR por persona (ringits de Malasia) a modo de tasa medioambiental, es un poco tipo Boracay. Pero tranquilos que cuando vayamos al resto de islas, no deberemos pagar cada vez, siempre es bueno saberlo y se fian de nuestra buena palabra. Todo hay que decirlo, la gente local es un muy amable y a pesar de ser un sitio turístico los vendedores locales saben comportarse si les haces un gesto en plan ‘no, gracias’ y siempre sonrientes.
 

Y esto era lo que estábamos buscando precisamente. Un tiempo de cielo azul despejado y listos para darnos unos bañitos. Durante los casi tres días que estuvimos allí, el tiempo fue muy bueno con nosotros y a pesar de que cuando miré la previsión decía de alguna tormenta (me temía lo peor) el sol era radiante y tanto que en las primeras horas cuando tan sólo caminábamos, nos confiamos y terminamos algo colorados. Después ya aprendimos y no nos olvidamos de darnos cremita. Ya se sabe lo traicionero que puede ser el sol por el sudeste asiático.
 

Lo dicho, ya estamos tardando en irnos al agua. Gafas y tubo, a ver si vemos algunos pececitos 🙂 o sino en la orillita para recoger algunas conchitas en el ir y venir de la marea. Bastante animada que estaba la playa pero sin agobios, muchos turistas japoneses y chinos, además de europeos, todo muy diverso.
 

El primer día fue bastante intenso con la visita a las islas y las sesiones de playita. Pero aún no había terminado el día, quedaba una de las cosas que mejor recuerdo de la primera visita: el atardecer. Un espectáculo para la vista, y como muestra algunas fotos. Las palabras sobran…
 

 

No está nada mal tener un reencuentro así. Creo que habíamos tomado una buena decisión viniendo aquí y aún nos quedaban dos días más por delante para descansar, que era lo fundamental.

 

Fideos (I)

 

La categoría de fideos daría mucho de qué hablar y más estando en un sitio como es Asia. La variedad (arroz o huevo) junto con las formas de prepararlos (salteados, fritos o en sopa) da mucho juego y según con qué ingredientes acompañarlos. En este caso hoy se enfrentan dos rivales, por un lado representando al país vietnamita tenemos a Pho y en la otra esquina desde el país nipón, ramen. Ambos fideos en sopa en tazones amplios y a la que se pueden añadir ingredientes diversos, más en el caso del segundo tipo.

Son ejemplos claros que apetecen en un día con frío y sientan la mar de bien para el cuerpo. A principios de esta semana no hubiera dicho que no a un tazón de uno de ellos. La temperatura ha estado en plan montaña rusa. De tener 10ºC y ahora que el fin de semana empieza, sobre los 20ºC. Que empezamos el mes de marzo y en unas semanas la primavera, pero cualquier momento es bueno para darnos una alegría con una bañera de fideos aunque como que con los calores del verano, mejor que no 😀

Este es un Pho del restaurante «Lime Garden«. En este caso, a mi me gusta pedir la carne cruda y que luego vaya cogiendo el puntito con el calor de la sopa, o también se puede penir algo ya hervida. Eso a gusto de cada uno.
 

Y en el mismo centro comercial de Tsing Yi, pero en «Beppu Ramen» donde cené el otro día. Podemos elegir distintas bases de sopa, picante o no, con cerdo o ternera y distintas verduras. Hace no mucho estuve en un sitio por Mongkok cuando una muy buena variedad de ramen. Algunos sitios están cogiendo bastante fama y en la que las colas que se montan son considerables, sitios como: Ippudo. Cuando tenga ocasión de probarlo, espero compartirlo por aquí.
 

Sé que en algunos sitios de España y Europa, el frío aún durará unas semanas más y quizás no sea mala elección uno de estos platos de fideos. La elección es bastante simple: dos contrincantes, dos estilos. ¿Cuál elegirían? ¿Por qué?

¡Buen provecho y buen finde!

 

Los palillos

 

Un elemento que pasa casi desapercibido durante el día a día pero que está presente con nosotros más veces de las que nos podamos dar cuenta. Viniendo de la cultura occidental donde el uso de los mismos es menos habitual, es normal que nuestra destreza con los mismos no sea tan buena. Sólo es cuestión de tiempo, o más bien de práctica y costumbre. Una vez aquí, diría que al menos 5 días a la semana es la herramienta que utilizo a la hora de comer. Son simples, pero a la vez muy efectivos y además cuentan con una historia de bastantes años. Se trata de los palillos.

Con más de 3000 años desde sus orígenes, los palillos nos sirven para coger, mezclar, mover… entre algunas de sus funciones. Su aparición que data del periodo Neolítico en China y con el tiempo el uso de los mismos se fue expandiendo a los países vecinos como Corea, Vietnam o Japón. Supuso una revolución no sólo en la forma de comer sino también como un símbolo de la civilización humana. Y hasta nuestros días, que su uso no se limita a los países asiáticos sino que se ha extendido por todo el mundo.

Los podemos encontrar de varios materiales, longitudes e incluso con elementos decorativos. Desde luego que los más simples son los de madera, que son los más típicos en restaurantes de comida japonesa aunque los podemos encontrar en cualquier otro tipo de establecimiento, eso ya a gusto de cada sitio. Palillos desechables y que tienen muy buen agarre para los platos como el sushi o algunos fideos.
 

En el caso de los siguientes ejemplos, todos ellos son de material plástico con la única diferencia en el color. Suponen una ventaja respecto a los de madera, ya que, basta con lavarlos bien y se pueden reutilizar, en cambio los de madera (aunque se puedan reciclar) no se aprovechan tan bien. En esta foto los tenemos acompañados con otro utensilio a la hora de comer «hot pot»
 

 

Y como comentaba un poquito más arriba, nos podemos encontrar con palillos que tienen elementos decorativos en la parte superior que le da un toque más elegante.
 

De los palillos del principio que eran en bambú hasta materiales como marfil, caparazón de tortuga o incluso en plata que según decían era bueno para esterilizar de posibles bacterias o en oro dentro de los círculos de la realeza. Curioso es el caso de Corea donde los palillos son de metal, y hay que andar con ojito con eso de que conservan el calor, diferentes a los de madera o plástico, así que, con cuidado.

No sólo es un utensilio para comer, sino que también puede servir como regalo y es muy apreciado como elemento de colección. Por la ciudad he visto algunas tiendas especializadas sólo en palillos y la verdad que tienen auténticas preciosidades.