Uno de los centros de compras con más movimiento en Kowloon es el eje que forma la calle de Canton Road, sitio de visita obligada para todos aquellos que vayan buscando las marcas más deseadas en cuenta a ropa y accesorios. No sólo son las tiendas oficiales de las marcas sino también el centro comercial de Harbour City que aglutina más tiendas aún si cabe. Para dar con esta calle es bastante sencillo, si nos fijamos en el mapita que muestro a continuación, lo más fácil (o lo que suelo hacer yo) es salir por la salida A1 de la estación del MTR de Tsim Sha Tsui y seguir por la calle que desemboca en la principal, no tiene pérdida. Sino podremos callejear en dirección al mar y cuando hayamos encontrado la terminal de cruceros y una de las entradas del centro comercial, está a pocos metros.
No obstante, el tema de la entrada de hoy se centra en una escena que ya es algo habitual cuando vayamos paseando por esta calle comercial, que ni mucho menos está cerrada al público, mejor así, porque la afluencia de gente es algo constante y no uno deja de asombrarse con algunas de las escenas. Ahora que lo pienso, para dar más misterio tendría que haber borrado los logos de las marcas y preguntar: ¿a qué espera toda esta gente?

Pues ni más ni menos que la gente espera su turno para poder entrar en una de las tiendas, en este caso se trata la de Louis Vuitton. Ésta es una de las más solicitada junto con la de Chanel, dos de las marcas que más furor causan. Y bueno, si uno no tiene intención de comprar nada, al menos sacarse una foto de recuerdo no? como quien visita algún monumento o sitio famoso, cada cual con su tema 😛

Ni mucho menos es gente de Hong Kong, aunque puede que haya alguno de por medio pero en su mayoría son los turistas de China continental que vienen tal cual en masas y a dejarse los dineros en marcas caras. ¿Descuento? que va, nada de nada por lo que haya podido ver.
Al menos mientras hacen la cola, las tiendas se aseguran de controlar mejor a la gente y no verse desbordados con demasiada gente en el interior y así los clientes puedan comprar de forma más cómoda, pero no deja de ser chocante ver a la gente por fuera esperando como cuando se va al cine o a un restaurante.














