Legado

Teniendo tan cerca de la oficina el barrio de Wan Chai, es habitual que me suela escapar a la hora de comer y quieras que no se agradece estirar las piernas para disfrutar de una atmósfera distinta. El cambio que hay desde Admiralty lo empezamos a notar una vez iniciamos la calle Johnston por donde transcurre el tranvía y se va adentrando en pleno centro del núcleo de este barrio tan activo.

Es justo en esta calle y antes de pasar por la esquina de las canchas, que nos encontramos con un edificio histórico y donde en la actualidad tenemos un restaurante que ocupa las plantas superiores y con una tienda de decoración en los bajos.

Por lo que he podido leer, este edificio data de principios de los años 40. Aunque la edificación actual se compone como un todo, anteriormente era cuatro unidades individuales; cada unidad se denomina tong lau (唐樓), que es el nombre con el que se conoce a un este tipo de vivienda con balcones y para uso comercial o bien residencial. Y el nombre del restaurante en cuestión se debe a que había una casa de empeños en uno de los pisos. Fue en el año 2007 cuando se abriría este establecimiento.

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Yendo por otra de las arterias del barrio pero más pegada hacia el interior, la calle Queens Road East también tiene algún ejemplo más de edificación de este estilo. Muchos meses atrás la fachada estaba cubierta por unas redes, pero parece que casi está disponible del todo. Se ha respetado la estructura tradicional de balcones, mientras que en sus alrededores han levantado unas nuevas torres residenciales. En el bajo de este «tong lau» pondrán algún negocio tipo boutique o tienda de decoración, uno de los negocios que más florecen en la zona.

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No es que la ciudad tenga una extensa fama en conservación de edificios, y es que uno se da cuenta al ver las fotos antiguas lo que ha sido el antes y el después. Es importante mantener el legado de la ciudad con sus construcciones y que las nuevas generaciones puedan verlas por ellos mismos y no sólo en los libros, y Wan Chai es una buena muestra de fusión.

8bits

Finalmente tuve la suerte de encontrarme con una de sus obras, y es que hace no mucho había compartido un enlace sobre este artista que se hace llamar Invader y que ha elegido ir dejando su huella por distintas zonas de la ciudad representando arte de 8-bits.

En la foto que vemos a continuación, podremos ver en lo alto la figura con la que ha dejado su sello; uno de los clásicos bichitos del juego Space Invaders, que todos recordaremos con cierta nostalgia. Pero no es el único, puesto que también se han divisado figuras del personaje HK Phoey y de otro karateka protagonista de otro videojuego.

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Por lo pronto me doy por satisfecho al haber dado con una de sus figuras, pero a medida que vaya dando con más iré actualizando esta entrada.

Por cierto, ¿hay algún artista en su ciudad que tenga una huella de identidad característica y la haya dejado por distintos puntos? Si es así, se agradecen los comentarios.

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Impresión 3D

Hace un tiempo que hablaba de Sammo Hung cuando lo divisaba en una de las grandes vallas publicitarias en Kowloon. En esta ocasión les traigo la versión reducida de cuerpo entero y además realizada con una impresora en 3D, que ahora se están poniendo cada vez más de moda.

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La figurita del conocido actor tan sólo era a modo de ejemplo. En el caso de querer la nuestra propia, tan sólo era necesario facilitar una foto tipo carnet tanto de frente como de perfil y con ello era posible crear un modelo 3D de nuestra cara para luego hacer la correspondiente impresión. Ilustrado en tan sólo unos pasos y también orientado a las parejas puesto que hace nada fue San Valentín.

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Eso me recuerda que hay una startup en la ciudad que lleva ya un tiempo con una impresora 3D con un precio bastante económico, por si le quieren echar un vistazo -> Makibox

Dudo que mucha gente cuente con impresoras de este tipo en casa por ser algo que se está introduciendo poco a poco pero que abre muchas posibilidades y no sólo para figuritas de decoración.

Mi segunda media maratón

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El haber tenido mi primera experiencia el año pasado y sentir buenas vibraciones, hizo que este año no quisiera dejar de participar en la edición 2014 de la maratón de la ciudad. Así que, levantarse a eso de las cinco y media para ir con tiempo, prepararse el desayuno con calma. Todo en la mochila, camiseta con dorsal puesto y rumbo a coger el metro. En mi estación empezaría a encontrarme algunos corredores más, se distinguían por la bolsa plástica que te dan para meter tus pertenencias y que luego las puedas recoger al terminar la carrera. Yo la llevaba dentro de la mochila y una vez tuviese todo listo iría a dejarla al furgón que tenía asignado.

El móvil conmigo junto con el soporte para llevar en el brazo, ir al baño a desalojar líquidos y hacer el calentamiento pertinente. Mucha más gente iba de un lado a otro, bien haciendo trote suave o haciendo estiramientos. Se respiraba ambiente de carrera, qué ganas de empezar!

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Esta vez no cometí el fallo de quedarme demasiado atrás, así que me fui aproximando lo más que podía a la línea de salida. Aún quedaban quince minutos para el comienzo pero por la megafonía estaban animando el ambiente y mientras tanto hacíamos la ola con nuestras voces. Todos estábamos deseosos de ponernos en movimiento; una ligera brisa soplaba por la calle Nathan y es que el día de cielos grises también presagiaba que pudiese llover, pero finalmente se aguantaría. La cuenta atrás estaba al llegar y todos poníamos a punto nuestros relojes y/o móviles. 3,2,1… Piiiiii! Empezaba el trote suave y avanzando la masa mientras se escuchaba el sonido de las pisadas.

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Por delante los 21 kilómetros hasta la llegada al parque Victoria. Teniendo en mente el tiempo anterior, mi idea era acercarme a las 2horas o si fuera posible bajarlas. En los primeros kilómetros fui cogiendo ritmo suave, adelantando cuando hacía falta y sabiendo que luego podría apretar algo más de cara al final según me viese de fuerzas.

El punto de retorno a la altura del km 6,5 es cuando se vuelve en dirección hacia el túnel de Kowloon Oeste que te permite soltar un poco poco las piernas en el tramo que tiene algo de bajada. Una vez dentro del túnel, que se hace más largo de lo que es, aflojé un poco y sabiendo la pequeña rampa con peralte justo a la salida. Llegados hasta la isla, sólo nos quedan 6 kilómetros por delante pero que tiene algunos sube-bajas interesantes.

En alguna ocasión comprobaba el reloj y viendo el tiempo me iba haciendo una idea de la hora de llegada estimada, creo que iba bastante bien aunque los últimos tres kilómetros si que se me hicieron un poco más pesados pero me centré para hacer el esfuerzo final.

Tiempo final: 1h55m19s. No podía estar más contento y es que había conseguido bajar en casi catorce minutos en relación a mi tiempo del año pasado. Los meses de entrenamiento habían dado sus frutos. Ahora a continuar con el buen hábito.