Nueva ruta

Despidiéndonos del mes de octubre, mes en el que como saben he tenido cambios en mi rutina diaria y después de unas semanas uno ya se va acostumbrando al nuevo ajuste en la ruta al trabajo.

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Es bueno disfrutar de un nuevo paisaje a la hora de coger el metro o yendo en guagua por la autopista, sobre todo durante el fin de semana que uno puede ir con más calma. Ahora queda algo más distante el aeropuerto para otros viajes, pero quien sabe si de aquí a final de año se pueda hacer alguna escapadita para gastar los días pendientes de vacaciones, veremos.

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Me quedo de momento el poder disfrutar del nuevo vecindario que quiero ir explorando poco a poco. Lo más inmediato es empezar a correr después de unas semanas parado tras la carrera en Lantau. El próximo objetivo es de nuevo la media maratón de febrero y a más corto plazo, volver con el dragonboat que ya se echa de menos.

Se nos viene un nuevo mes ya mismito, parece mentira que sea Noviembre. Para muchos un periodo de mucha actividad o bien de transición, recta final del año la que se nos viene. Además hoy estamos con la celebración de Halloween, que a cada año que pasa se hace más presente. Una excusa para que la gente salga a la calle y se disfrace, en fin..para gusto de algunos.

¡Feliz fin de mes!

A vista de pájaro

Tan cerca y tan lejos a la vez, una estructura que no pasa desapercibida y es la puerta de entrada para millones de pasajeros cada año. El aeropuerto de la ciudad es una obra de ingeniería que nunca dejará de maravillarme por todo lo que se esconde tras su construcción hace más de 15 años ya.

Al norte de la isla de Lantau y frente por frente a Tung Chung (donde resido), una inmensa plataforma que conforma uno de los mayores aeropuertos del mundo, funciona de forma eficiente y casi digamos que silenciosa. Los vuelos salen de forma constante y parten a muchos puntos del globo, desde los más cercanos en Asia, Europa o América. No podemos quejarnos ya que estamos muy bien conectados, aún así, vuelos directos a España no son posibles pero esperemos a corto-medio plazo se solucione.

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Yendo de excursión por las montañas de Lantau uno puede apreciar mucho mejor en la distancia su extensión, es como una pequeña ciudad flotante. En verdad sus orígenes parten de la isla de Chep Lao Kok, de ahí su nombre.

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Cada día a la vuelta del trabajo puedo divisarlo desde el tren pero últimamente le he cogido más gusto a verlo desde la montaña, mucho más impresionante desde luego.

Bella Florencia

Cerrando una nueva semanita y con un destino viajero que tuvimos oportunidad de visita durante las pasadas Navidades. Si recuerdan, decidimos escaparnos hasta Europa para estar a caballo entre Italia y Suiza, junto con una rápida incursión a Tenerife entre medias. Fue un viaje bastante completo pero a la vez con algo de cansancio por los kilómetros en coche pero que nos dejó un buen sabor de boca. Y uno de esos recuerdo es haber estado en Florencia, una ciudad que es todo un referente por sus obras arquitectónicas.

Desde Milán nos desplazamos en un poco más de cuatro horitas. La casualidad hizo que desde donde habíamos dejado aparcado el coche y hacia el centro, nos topamos con el famoso «Puente Vecchio» que tiene muchas historias que contar y de un estilo muy peculiar. Sitio también donde encontrar pequeñas tienditas de joyería, al estilo de los antiguos gremios.

Hay muchos detalles que van desde soportales que te mantienen a salvo de la lluvia hasta esculturas en algunas de las plazas; todo ello evoca a los artistas italianos de aquel entonces y que marcaron una época con sus obras. Es cuando uno se detiene a mirar los alrededores cuando uno siente como se traslada en el tiempo y eso, es una sensación muy especial, sobre todo en una ciudad con tanta historia como esta.

Ante nuestros ojos los establecimientos como pastelerías, no pasan desapercibidas. En casi cada esquina se podía encontrar alguna y con escaparates que a uno le hacían la boca agua. El gelato también estaba muy presente, y se antojaba a pesar de estar en invierno. Y es que estando en Italia, es imposible que uno vaya a comer mal, ¿verdad? tentaciones por todos lados 🙂

La iglesia de San Lorenzo es el icono principal de la ciudad y con su conocida cúpula cuyo autor es Brunelleschi, recuerdos que le vienen a la mente de cuando lo estudiaba en el colegio en clases de historia. Es un monumento impresionante, y en el conjunto también está la basílica de la Santa Cruz. Tuvimos que conformarnos con verlo de tarde-noche, pero de día tiene que ser aún más bonito. El tiempo andaba algo lluvioso y fresco, pero se hacía agradable el pasear viendo el ambiente navideño en bares y restaurante, además de, en los pequeños comercios.

Una pena no habernos quedado más tiempo por la ciudad, fue lo que se llama un viaje de ida y vuelta. Sin duda para otra ocasión, con más calma si que miraríamos algunos hoteles en Florencia para alargar la estancia.

Bonito el poder recordar unas vacaciones navideñas con sabor italiano, recorriendo las calles de una ciudad como Florencia y degustando también sus delicias locales tanto saladas como dulces. Una buena excusa para volver con más tiempo. Feliz finde!

De noche, mejor

Creo que no será la primera ni última vez que me vean decir, en Asia las ciudades de noche tienen otra vida y hasta diría que más vida aún, porque cuando muchos duermen, son otros los que comienzan la actividad. Es cuestión de adaptación y también el estilo de vida de cada uno. Hay sitios que es mejor visitar cuando ha caido la noche y en especial los mercadillos, como este del Shilin.

Las luces de neón ya nos anuncian algunos de los negocios de la zona, tales como: restaurantes, salones de peluquería, accesorios… pero aún hay mucho más que ver y está más adelante. Y tampoco nos olvidemos de lo conocida que es la comida callejera, donde a base de poquitos podemos ir saciándonos probando de esto y lo otro.


 

Los puestos están puerta con puerta y con zonas de mesas para servir la comida. A veces no sabes cuál es cuál, pero todo está muy bien organizado y bastante limpio. Al menos dentro se está fresquito y algo más cómodo que estar de pie comiendo en la calle mientras uno pasea, que también tiene su puntillo.

Los cocineros no pierden ni un segundo atendiendo los distintos pedidos de las mesas. Ya ven que tenemos bastante cosas donde elegir aunque por lo que nos dimos cuenta casi todos los puestos ofrecen lo mismo pero con algunas variantes. Quizás algunos estén más especializados en temas de pescado o marisco, en cambio otros son más de fideos, tortillas o pinchitos varios.


 

 

Cuando nos dirigíamos a la salida, me llamó la atención este panel que indicaba el número total de personas que había en el recinto actualmente y así como el número máximo permitido. El marcador no hacía más que oscilar mientras lo observaba durante algunos segundos, no hay tiempo que perder.

Ya de vuelta a la calle, continuamos el recorrido por algunos puestos más. Ni hace falta decir que la afluencia de gente es constante y sobre todo en aquellos que tienen cierta fama. En concreto, la segunda foto en la que vemos a la gente haciendo cola: sitio de pollo frito. Doy fe que era una porción bastante sustanciosa.

Tampoco podían faltar los puestos de frutas que resultan los más coloridos.

El ambiente que se respira en el mercadillo es muy intenso en lo que respecta a los olores y con mucha mezcla de gente, locales junto con turistas bien sean chinos o japoneses, aunque lo que son occidentales eran se podían contar más fácilmente. Es un lugar de visita obligada para descubrir una de las zonas populares de la ciudad de Taipei. Comprar recuerdos, ropa o incluso algún gadget y también disfrutar de comida a buenos precios.

Tal y como lo recordaba de la vez anterior, aunque se nota que ha habido un cambio a mejor. Sobre todo por el centro de comida, más resguardado del calor y cómodo pero sin perder la esencia de los puestos más de la calle que hacen su día a día, más bien, noche a noche.