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El siguiente

 

Una práctica habitual cuando vamos a comer algo fuera, es la de coger turno en el restaurante al que vayamos. Al menos durante la semana las cosas están algo más tranquilas, aunque también depende de la zona en la que estemos. Desde luego Mongkok, no sería un claro ejemplo ya que la actividad es constante y hay sitios que las colas son a diario.

Durante el fin de semana ya se sabe lo que pasa: la gente sale más a disfrutar del tiempo de descanso y reunirse con los amigos o la familia. Como se pueden imaginar, las esperas son inevitables. Armarnos con un poco de paciencia hasta que nos toque nuestro numerito. En cambio, en España este método donde único lo he visto ha sido cuando estamos en el supermercado y hacemos cola para la charcutería, por ejemplo.

Esta foto es de la semana pasada, creo que fue el viernes, que decidimos ir a comer algo de sushi. Espera total: 40 minutos.
 

Bien con el método moderno: micrófono en mano y con un pequeño altavoz o sino de viva voz ir cantando los números. Eso sí, no nos confundamos de color porque suelen usar distintas series de colores en función del número de personas que hayamos pedido mesa. O esta otra, de este domingo cuando fuimos a comer algo de dim sum, aunque esta vez la cosa fue mucho más ágil y es también ayudaba que el sitio fuera algo más amplio. Un entrar y salir constante de gente.
 

Ya sé que las esperas no gustan a nadie y sobre todo si uno va con ganas de comer, por lo que depende del sitio hay veces que será mejor dar una llamadita para hacer una reserva y más si se juntan unas cuantas personas más que recomendable.

¿Suelen hacer cola cuando van a comer durante el fin de semana? ¿ Inconvenientes o ventajas?

Mientras tanto podemos hacer tiempo trasteando con nuestra red social favorita o echar alguna partidita. Feliz espera :)

Sensacional

 

A ver por dónde empiezo esta entrada del blog. Una de esas cenas que uno siempre recordará y cuando vienen los recuerdos de los platos, la boca se hace agua de nuevo.

Aprovechando la visita a Barcelona, y sabiendo la fama que tiene por restaurantes de calidad, quise elegir uno para tener una cena especial antes de que pusiéramos rumbo a Mallorca al siguiente día (sábado). El lugar elegido fue el: restaurante Cinc Sentits. La apariencia por fuera es bastante sobria, hasta digamos que parece algo escondido por los tonos oscuros de la pared y una leve iluminación.
 

Una vez dentro, el ambiente es simple pero acogedor y con no demasiadas mesas. Yo diría que un total de 12 mesas como mucho. Cuando llegamos ya había alguna gente, aunque posteriormente entraría otra pareja pero serían los últimos en entrar al local. Música de ambiente con el volumen adecuado y un servicio muy correcto en todo momento.
 

Una vez nos sentados nos dieron el menú, y mientras le echábamos un vistazo, disfrutamos de una copita de buen cava junto con un picoteo (almendritas, aceitunas y unos palitos de pan). La carta consistía en dos tipos de menú con productos de temporada, a elegir entre una u otra opción. Una con 6 platos y otra con 8, para poder degustar un poquito de cada cosa. Nosotros nos decidimos por el menú denominado: “Sensaciones” que es el que contaba con un total de ocho platos, la ocasión lo merecía.
 

Un poquito de pan no podía faltar y acompañado de dos tipos de aceite de oliva. Uno de color dorado clásico y ligero de textura, y el otro de tono verde algo más consistente (estaba de vicio). En varias ocasiones uno de los camareros me tuvo que poner otra rodajita de pan, y es que se me iba de las manos.
 

Empezamos con lo que todos estaban esperando, van llegando los platos. De primero, a modo de chupito una mezcla de sabor dulce y con un toque salado al final. El nombre concreto no sabría decir, fallo al no haberlo apuntado sobre la marcha, pero un buen comienzo para los platos que luego vendrían.
 

Una interpretación del conocido “Pa amb tomaquet”. Muy minimalista como se puede ver, pero con la esencia del plato original muy lograda. Sorbete de tomate, con trocitos de tomate y pan. Muy refrescante la combinación.
 

Seguimos con una “Coca de foie gras”. Un espectáculo de plato, con una finita capa de azúcar caramelizado. Cada bocado lo saboreamos como nunca, y eso que apenas habíamos empezado. Estábamos impacientes por ver qué más vendría..
 

“Vieira a la plancha”
Como se puede observar, la presentación de todos los platos era más que impecable. Platos de distintas formas y presentaciones muy originales.
 

 

Sabía que algo se me pasaba por alto: la bebida. Nos dejamos recomendar y optamos por un vino tinto Merlot de la zona de Cataluña, su sabor con ligero toque afrutado y no muy áspero al paladar, estaba combinando a la perfección con los platos. ¡Chin chin!
 

Vamos con más productos del mar, y aquí tenemos un pescadito. En concreto el nombre del plato: “Moll de Roca” con una salsa con toque de limón. Estaba en su punto.
 

 

Tampoco la carne podía faltar. En este plato había opción a elegir entre “Cochinillo asado”. Piel crujiente, carne jugosa y un ligero toque dulce. Según me comentaron, el proceso de cocción es de 12 horas. Ahí es nada, a fuego lento para conseguir un plato muy sabroso.
 

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o bien, la elección de mi novia: un “Solomillo acompañado con un taquito de papas al horno”. Su carne medio hecha, se deshacía en la boca y el complemento de las papitas perfecto (que las terminé yo). Pequeñas porciones de cada cosa pero que iban asentándose bien en nuestros estómagos. Parece que uno come menos así, pero al final cuando uno se da cuenta, se queda con una agradable sensación.
 

Entre que venía uno y otro plato, pausas justas y disfrutando del vino y la conversación sobre nuestras impresiones de la ciudad esos primeros días, además de, planear un poco nuestros siguientes días de viaje en Mallorca. Los postres empiezan a llegar, marchando una “Tabla de quesos” y muy bien acompañados de tarta de almendra, mermelada de naranja amarga y una gelatina con toque de jengibre. En orden de izquierda a derecha, desde un queso más curado y terminando con uno más cremoso. La combinación estaba muy lograda, y todo servido en un plato de pizarra.
 

Y el siguiente plato… ahh! si esto no se come :D Simplemente era una servilleta compactada que cuando le echaron un chorrito de agua caliente encima, ésta se abrió como de una flor se tratase.
 

Para los siguientes dos postres, los dejo a su imaginación. Sólo decir algunos de los ingredientes como: crujiente de galleta, chocolate, fresas o nata. ¡Demasiado bueno todo!
 

 

Para terminar, nada mejor que una infusión y a ver qué elegimos, mmmm. Terminaría optando por una de toques florales y reposar después de tan buena cena. Y la teterita que nos trajeron, a pesar de lo chiquita que aparenta, no veas como pesaba, cerámica de la buena.
 

 

Para más señas, esta es la dirección del restaurante. O también pueden visitar su web: http://www.cincsentits.com/
 


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Conclusión: creo que los adjetivos se quedaron cortos después de la cena que tuvimos. Dos horas en las que disfrutamos como nunca, y creo que el recuerdo seguirá en nuestros paladares por bastante tiempo. ¿Sitios como este en Hong Kong? no me quiero imaginar lo que pueda costar aquí, sería todo un lujo y con la calidad de los ingredientes de los platos. Y sobre todo, gracias al personal del restaurante que estuvieron correctísmos, mimando cada detalle y contándonos sobre los platos a medida que iban llegando.

Nos dimos un gustazo en todos los sentidos.

 

Finalmente, Singapur

Parece que ha costado, pero el viaje llegaba a su fin. Una semana bastante intensa pasando el fin de semana anterior en Bangkok y luego la estancia en Koh Tao donde obtendríamos nuestro título de Padi Open Water. Pero aún quedaba lo mejor, un reencuentro con nuestro amigo y compañero de beca Miguel que sigue residiendo en Singapur.

En esta ciudad, sería donde mi viaje terminaría y pondría rumbo a Hong Kong. En cambio, Alberto podría seguir disfrutando de unos días más de relax en la ciudad y luego volver a Tailandia para seguir tostándose al sol, cosa que no tuvimos mucho tiempo durante el curso de buceo pero que mereció la pena.

Para ambos, Singapur era un lugar que para nada nos era extraño, al contrario, anteriormente ya habíamos estado en algunas ocasiones pero siempre es agradable volver y más si se visita a los amigos. Poder disfrutar de la rica comida local en uno de los muchos food court que existen..
 

O contemplar las bonitas vistas nocturnas desde la casa de Miguel
 

¿Qué nos quedaba por ver? Esta es la respuesta: el Marina Bay Sands. Pero no es tan sólo por el edificio en sí, sino lo que uno puede divisar desde lo alto. Recuerdo que en el anterior viaje aún estaba en construcción y cuando hemos ido esta última vez, hace poco que ya celebraban un año desde su apertura. El diseño es arriesgado y no deja a nadie indiferente.
 

Y una vez arriba, creo que las fotos hablan por sí solas :)
 

La ciudad en la oscuridad y solamente alumbrada por las luces de los rascacielos, la farolas de las calles y los coches que no dejan de pasar. Estamos a sábado y la gente aprovecha para salir a disfrutar de la tarde-noche, es lo suyo.
 

Haciendo un círculo vamos recorriendo la plataforma acristalada de un lado a otro, parando a cada rato (si es que hay hueco) para sacar fotos desde los distintos ángulos.
 

 

Una chica se ofreció amablemente a sacarnos una foto. Tan entusiasmados estábamos sacando fotos cada uno por su lado, pero una foto conjunta en un lugar como este no podía faltar. Nos merecíamos disfrutar de la noche singapuriense después de tanto ajetreo en días anteriores, y es que en parte, era un alivio estar en un entorno más moderno y sobre todo cómodo.
 

Ya casi habíamos dado la vuelta completa. Si se fijan con algo de detalle, al fondo de esta foto se pueden apreciar las luces de las grúas del puerto de la ciudad. Pero aún no daríamos la visita por concluída…
 

En lo alto también podemos encontrar el restaurante Ku De Ta donde se pueden degustar platos de cocina asiática moderna (japonesa, china, tailandesa o indonesia). Ya que estábamos allí y sería la última noche antes de terminar el viaje, dijos por qué no intentarlo y parece que la suerte estuvo de nuestro lado. Sin reserva previa y en menos de 20 segundos, una mesa para dos salió de la nada, y nosotros tan contentos.

Sashimi de salmón, filete de atún a la plancha, pinchitos de carne y unos chopitos fritos fueron nuestras elecciones. Estaba todo exquisito y las raciones bastante bien servidas. He de decir que me las imaginaba de entrada mucho más minimalistas, pero con los platos que pedimos nos quedamos más que satisfechos.
 

Y de postre: mousse de maracuyá con unas galletitas y un toque de mango (si no recuerdo mal).
 

Muy contentos que quedamos y decir, que el precio no tan caro como uno se pueda esperar, además, era una ocasión especial y lo merecía. Antes de bajar decidimos dar un paseo por la zona del hotel que cuenta con una zona ajardinada y que da acceso a la piscina, y ya se lo imaginarán…
 

Bañarse en ella es todo un espectáculo, aunque nos conformamos con verlo de lejos. Igual si en un próximo viaje a la ciudad y tengo la suerte de alojarme en el hotel, podría contar la experiencia desde otro punto de vista.
 

Ya cenados y dispuesto a salir, la noche no había hecho más que empezar. Nos íbamos alejando despacio del edificio, luce impresionante de noche y con el reflejo en el agua aún más.
 

No era un adiós, sino un hasta pronto. Singapur siempre estará dispuesta a recibirnos con los brazos abiertos y poder descubrir más cosas en cada visita, sino, aquí hay una prueba. Creo que ya sé por donde perderme para la próxima.
 

Comida con caracter

 

El viernes pasado nos juntamos un grupo de amigos que hacía tiempo que no nos reuníamos. Uno de ellos hacía poco que estaba recién de vuelta en la ciudad y era una buena ocasión para salir a cenar algo. Unos días antes estuvimos pensando el lugar, hasta que decidimos ir a un restaurante de cocina de Sichuan, región de China que es muy conocida por el toque especiado de sus platos.

Por lo visto el menú lo cambian de vez en cuando, con lo que tendremos ocasión de probar platos nuevos según en qué momento vayamos. Casualidades, un grupo de conocidos twiteros había estado cenando allí la noche antes y así pude intercambiar algunas opiniones más adelante. Un vistazo al menú antes de empezar, bien repartido entre los entrantes, los primeros platos y un pequeño postre para el final.
 

Mientras esperábamos a que llegase la comida, el té y la cerveza amenizaba las conversaciones que parecían estar divididas. Chicas por un lado, chicos por el otro y de vez en cuando palabras que cruzaban de un lado a otro de la mesa. Picoteando algunos frutos secos, había ganas de comer. Finalmente los entrantes:

- Espárragos con salsa de soja.
- Gambitas fritas.
- Tofu.
- Millo… entre otros

He de decir que no toda la comida que traerían era tan picante como uno se pueda pensar, pero más adelante algún plato si que me haría sudar un poco más de la cuenta :) Aunque ahora que me fijo en el menú algo más de cerca, las palabras “chili” y “spicy” se repetían unas cuantas veces.
 

El primer plato que vendría tras los entremeses fue este: pollo al chili con pepitas de sésamo y una base de tiritas de jengibre, diría yo. Un buen comienzo
 

Costilla de cerdo ahumada con miel y hojas de té.
 

Bacalao con salsa agridulce Sichuan (con diferencia fue el que más me picó, pero estaba delicioso)
 

Y cerrando unos noodles “Dan Dan”. Añadir que entre el pescado y este plato, nos sirvieron pato, pero en lo que me vine a dar cuenta el plato había volado sin tiempo para foto. La carne tiernita y un ligero toque dulce, estaba increíble.
 

Cerraba el menú una sopa dulce con bolita de arroz glutinoso. Puede que parezca algo raro este plato, pero entra bastante bien y sobre todo para suavizar los calores de los platos anteriores.
 

Como habrán visto, las raciones no eran excesivamente pequeñas ni demasiado grandes, tenían el tamaño justo. Nos quedamos todos bastante satisfechos. Respecto al precio por persona: unos 30 € + un extra por el té/cerveza, que no lo veo nada mal para toda la variedad de platos que probamos, un poquito de todo. Una cena diferente para romper la rutina y continuar la noche con las pilas cargadas.

Para los que se pregunte por su ubicación, a continuación adjunto el mapa. Puede que parezca estar algo escondido pero podremos ver el cartel que anuncia su nombre “Yellow Door”
 


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Otro sitio que no me importaría repetir, además, creo que sería buen lugar para llevar a alguna visita. Son de esos sitios poco habituales y una vez los descubres, hay que apuntárselos.

 

La perla

 

¿Planes durante el fin de semana? a veces gusta de improvisar aunque en otras ocasiones, sabiendo que la gente sale más para aprovechar sus ratos de ocio, hay que pensar con algo de tiempo y lo mejor es reservar una mesa en el sitio en cuestión, por si acaso, y evitar esperas. Si les pongo la siguiente foto, ¿qué les viene a la mente? seguro intuyen algo sobre el lugar que les voy a comentar.
 

En efecto, nos fuimos hasta el Victoria Peak al restaurante Pearl on the Peak, situado justo en el edificio donde se encuentra el mirador donde cualquier turista que se precie visita para contemplar las vistas que hablan por sí solas, tanto de día como de noche.

El sitio es bastante luminoso y con unas vistas tremendas. La metereología acompañaba a pesar del calorcito, aunque si que había un poco de bruma como se aprecia en la foto anterior. Menú en mano nos pusimos a hojear las distintas opciones, entrantes por aquí, primeros platos y lista de postres, pero esto para más adelante. La selección de platos nos hizo dudar, los nombres de los platos eran muy sugerentes.

Para empezar, nada mejor que un poco panito variado junto con algo de mantequilla y unos untes varios. Hacer boca hasta que llegara los platos, ¡al ataque!
 

 

Me decanté por una ensalada de gamba con mango acompañada de un toque de vinagreta. La presentación del plato era espectacular y de sabor, muy fresco, además el toque de unas hojitas de menta conjuntaban a la perfección. Rena por su parte pidió un carpaccio de carne aunque no me dio tiempo a sacarle foto, ya estaba con las manos en la masa con mi ensalada.
 

Un buen comienzo que mejoraría con el plato principal. Una señora hamburguesa con sus papas fritas y ensalada, un poquito de queso y cebollita caramelizada debajo. Un pintón tremendo. Luego tocará quemarlo en las prácticas de dragon boat :)
 

Y el plato de mi chica, unos liguine con langosta, que por cierto una ración muy abundante.
 

Después de nuestros entrantes y los platos principales, nos quedamos más que satisfechos pero como siempre queda un huequito para el postre, optamos por pedir uno para compartir. Un pudding de plátano con bolita de helado, perfecto para culminar el almuerzo. Nada de café ni copa, lo mejor de todo es ir a dar una paseíto por los alrededores mientras se hace la digestión.
 

Respecto a precio, pues debido a la ubicación y los platos en sí es un poco más caro que un restaurante habitual, pero merece la pena si queremos tener un almuerzo o cena más especial. La opción que elegimos nosotros fue de entrante + primer plato = 288 HK$ más luego bebida y el postre. Tenemos la posibilidad de añadir otro plato adicional o el postre, que al final sale mejor en vez de pedirlo por separado. En definitiva, como unos 30-40 € por persona, pero en un marco incomparable. Merece probarlo una vez aunque sea.

 

Sitio local

 

Un lunes por la noche que a uno no le apetece cenar en casa, pero a veces los sitios habituales cansan y hay que cambiar un poco. Lo que es la oferta de restaurantes en Tung Chung no es demasiado extensa contando un food court dentro del centro comercial Citygate y luego sitios sueltos por los alrededores. Fue entonces cuando mi amigo Yuriy sugirió un sitio en el que había estado en un par de ocasiones, algo más local y auténtico.

El sitio en cuestión se encontraba a tan sólo 5 minutos en coche desde la estación de metro. ¿Cómo lo descubrió? creo que uno de sus vecino se lo comentó, ya que, si es un por uno mismo no sabríamos llegar al sitio en cuestión. Lo mejor de todo es que el restaurante tiene servicio de transporte, que consiste en un par de furgonetas que se estacionan cerca del metro y salen cuando juntan a un poco de gente. En esta ocasión, íbamos nosotros solos y es que siendo lunes la cosa pintaba bastante tranquila.

Aunque parezca mentira, cuando llegamos el restaurante estaba bastante animado pero cogimos la primera mesa nada más al entrar y cerca del sitio donde elegir el pescado y el marisco. Ahí al ladito, fresco y para que el cliente pueda decidir sobre la marcha.
 

La mesa al lado nuestro estaba afanada con la comida y entre bocado y bocado algún trago de cerveza, y bastante que bebieron a juzgar por la cantidad de botellas que acumularon al final de la noche. Sólo decir que nosotros terminamos de cenar y allí seguían tranquilamente charlando, y eso que nosotros nos lo tomamos con calma.
 

Respecto a los platos que pedimos: arroz frito, verduritas, pollo… aunque en esta foto aún no se muestra el plato de un pescadito al vapor que llegaría al poco. Luego tendríamos las manos ocupadas dando buena cuenta de la comida. Las raciones bastante abundantes, sobre todo la bandeja de arroz que para dos personas costó acabarla a pesar de que mi amigo y yo tenemos bastante saque. Y acompañado de cervecita Tsing Tao o un poco de té.
 

La verdad que todo estaba muy bueno. Y de precio tampoco estuvo mal, aunque siendo dos salió a unos 200 HKD (sobre 20 €), que si hubiéramos sido un par de personas más y con la misma cantidad de comida, saldría mejor a repartir, pero sí que nos gustó. Habrá que repetir el sitio, ya sabemos el lugar y cómo llegar, ahora sólo queda que cuadre un día para ir, el resto está hecho.

Para más indicaciones, aquí está cómo llegar. El nombre del sitio: Wah Tao seafood restaurant


Ver Tung chung en un mapa más grande

 

Al rico dim sum

 
Siempre hay cosas que descubrir en esta ciudad, falta de tiempo para poder conocer todos o casi todos los restaurantes de la ciudad. Hay sitios que están hoy y mañana de repente están en obras, pasan unos días y tenemos un nuevo local, es la oferta y la demanda. En cambio hay sitios que se ganan una reputación y permanecen con el paso de los años. Es el caso del restaurante: Din Tai Fung (鼎泰豐). Con bastante fama por su dim sum, especialmente los dumplings al vapor aunque la carta tiene bastante donde elegir (arroz frito, noodles, pollo…) y tendremos que pensárnolo un poquito.
 

Aviso: vamos a tener que esperar un ratito, la cola es algo inevitable en este lugar y especialmente si vamos durante el fin de semana. Por suerte, no tuvimos que esperar en exceso y mientras tanto aprovechamos apra dar un vistazo al menú e ir apuntando los platos, así vamos ganando tiempo una vez sentados en la mesa :) Al cabo de unos 15-20 minutos ya tenemos nuestra mesa, aunque también cabe la opción de compartir la mesa con otras personas; a gusto del consumidor.

No pueden faltar algunas salsas para acompañar con los platos, como el vinagre de arroz, salsa de soja o de chili. El vinagre mezclado con un poquito de jengibre le da un saborcito distinto a los dumplings o con un ligero toque picante del chili para la gente de paladar fuerte.
 

En total son 6 platos los que hemos pedido, pero a continuación podrán ver que la cantidad es más que suficiente compartiendo entre dos personas. Raciones generosas pero sin llegar a ser excesivas. Arrancamos con un pollo borracho (Drunken chicken in white wine). El plato se sirve ligeramente templado tirando a frío, la textura del pollo es muy suave y el juguito le da un toque perfecto. Recomendable este plato.
 

Seguimos con unos dumplings al vapor con verduritas y cerdo. Ahora es el momento de mojar el dumpling en el vinagre, dándole ese puntito. Muy buenos!
 

De este plato, sólo pedimos uno para probar ya que con el resto de platos iba a ser más que suficiente. Este “bollo” con carne de cerdo y algo de caldito, solitario en su cestita, listo para ser devorado ñam ñam… Esta vez si aproveché para sacar una foto del interior, eso sí, mordiendo con cuidado de no quemarnos.
 

 

Por si no había quedado claro el tema de los dumplings, repetiríamos con una nueva variante pero esta vez sólo con verdurita en su interior y bañados con una salsita de chili muy gustosa, para nada picante, lo justo para no hacernos sufrir; si los dumplings anteriores estaban buenos, estos aún mejores. Aunque en la foto no se aprecia, el tamaño de la masa era algo mayor, hasta parecía como si tuvieran falda :D en comparación con los otros de aspecto similar a empanadillas, muy bien formaditos.
 

Pero la cosa aún no termina, nos quedarían los dos últimos platos. Unos noodles con cebollita caramelizada y un señor arroz frito con sus buenas gambas. Una muy buena forma de terminar nuestra comida. Añado un truco: aprovechar un poquito de la salsita de los dumplings anteriores y mezclar con el arroz frito, una triunfada en toda regla!
 

 

El té en abundancia entre bocado y bocado, y luego reposar un poquito al término de tan ricos platos. Más que satisfechos y el haberme quitado la espinita de probar este sitio del que había oído hablar bastante pero aún no había tenido ocasión de visitar. Todo apunta a que repetiremos un día de estos, sitio perfecto para llevar a nuestra visitas y disfrutar de buena comida y a buen precio.

Para más señas, el restaurante al que fuimos es el situado en Tsim Sha Tsui en Cantón Road en la 3ª planta del centro Silvercord.
 


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Si lo prefieren y se da el caso de que están por la isla de Hong Kong, pueden acercarse al otro que se encuentra en Causeway Bay. Si ven colas, no se apuren. Coger número, acomodarse hasta que llegue nuestro turno y luego sólo toca disfrutar. Merece la pena esperar y estando en fin de semana, las prisas se aparcan. ¡Viva el dim sum¡

 

En guagua

 

Nada como estar un poquito más por encima del nivel de la calle para que nuestra percepción cambie un poco. Si es que somos “animales” de costumbres e incluso en una ciudad como Hong Kong, tan vertical, con la vista al frente se nos pasan algunos detalles que están más arriba.

Eso me recuerda que Pau observaba un dato: ¿por qué algunos carteles están en rojo y otros en azul? Con la pregunta en mente y habiendo observado lo que indica uno y otro, llego a la conclusión que el rojo es para los lugares turísticos y el azul para estaciones de metro, guagua, subterráneos… Curioso el apunte.
 

La calle Nathan Road, digamos casi infinita, que se extiende desde Tsim Sha Tsui hasta Prince Edward. Un buen pateo en toda regla, donde se alternan edificios de viviendas, comercios, hoteles, restaurantes… Las calles perpendiculares que desembocan a esta, estrechitas y que se pierden a lo lejos.
 

 

Gente que viene y va o hace tiempo a que aparezca la guagua que los lleva de vuelta a casa. La actividad por esta calle es una constante, y da igual que sea fin de semana, noche o día. Es el eje de la zona de Kowloon.
 

Cualquier esquinita es buena para poner un negocio. Nadie como la gente de Hong Kong para aprovechar el espacio
 

Nada como un paseo en guagua por esta zona u otras de los alrededores, bien en Kowloon o por la isla de Hong Kong. A parte de ir más cómodos, nos permite “espiar” cómo transcurre la vida por las calles de una forma más discreta, a pesar de que la pasión por la fotografía es algo que sucede con bastante naturalidad en esta ciudad. Detalles que no dejan de sorprender por muchas vez que se pase por los mismos sitios, siempre habrá algo que “salte” ante nuestros ojos.

 

Sencillito

 

Uno se ve con ganas de comer después de haber estado pateando un buen rato, el sol parece que aprieta más y los restaurantes escasean por la zona. El desayuno de aquel día hacía tiempo que estaba más que digerido y el cuerpo nos estaba pidiendo algo más de sustancia. Alberto hacía uso de la guía para ver si daba con algún restaurante próximo pero esta vez no había suerte, teníamos que improvisar. Al poco nos encontramos con un sitio muy local a la vuelta de una esquina, ni el menú en inglés pero al menos con fotos que eso siempre ayuda.

Nos sentamos a la mesa, Coca Cola fresquita frente a nosotros mientras esperamos que lleguen nuestro plato. A la vista además de unas botellas de agua, condimentos varios para darle un toquito distinto a nuestra comida. Mejor no pregunten qué es lo que había en el vaso con el logo de Fanta (¿años 60?), pero con el colorcito y oliendo un poco, sabemos que es potente. Más de lo mismo en los otros envases..
 

¡Buenoo! la comida ya está aquí, vamos allá ¿Qué habrán pedido estos dos muchachos? una “especie” de tortilla con algo de verduritas, brotes de soja, además de algunas gambitas y mejillones. De aspecto y sabor crujiente, aderezada con un toque de salsita picante pero suavita, nada que ver con la que comentaba anteriormente, aunque antes probar un poquito para no llevarse una sorpresa :)
 

Desde luego que el plató entró de maravilla. Calmada nuestra sed y nuestro apetito, ahora podíamos reposar un poco la comida al fresquito de los ventiladores del local. En los alrededores todo muy tranquilo, mientras el cocinero seguía afanado preparando algunas tortillas más, gente que esperaba su pedido para llevarlo a casa. Algunas personas más comen en silencio sus noodles, hay intercambios de miradas y sonrisas. Creo que son pocos los extranjeros que habían pasado por ese pequeño local, quien sabe cuándo vendrán los próximos.

Si es que a veces, las cosas más sencillas resultan ser las más ricas, ¿no les parece? seguro que el día de hoy habrá sido otro más en los que “tortillas” y noodles habrán sido despachados a más clientes y sin perder la sonrisa. A veces no hace falta hablar el mismo idioma, un simple gesto basta.

 

Un sitio nuevo

 

No será la primera vez que hemos estado pasando por delante de algún sitio y pasa bastante tiempo hasta que decidimos probarlo. Es el caso del restaurante del que voy a hablar a continuación. Su ubicación: en el corazón del distrito de Central y en una calle bastante transitada, con lo que es normal siempre ver bastante gente entrando y saliendo, además de, movimiento de coches en la puerta. No obstante, a la salida del mismo, la puerta se encontraba bastante tranquila, tuve suerte sacando la foto :)
 

Algo que nos llama bastante la atención y que viene ser habitual en los restaurantes de cocina cantonesa, es esta especie de escaparate donde podemos ver a los cocineros trabajando sin parar mientras disponen de algunos de los ingredientes para los platos que allí se preparan. Luego revelaré el plato estrella del sitio en cuestión, aunque igual con la foto pueden ir adivinando..
 

Por lo general, es mejor haber hecho una reserva pero eso no quita para que nos presentemos de imprevisto en el local y probar suerte. Igual nos toca esperar un poco, pero merece la pena. Nosotros habíamos reservado para 3 personas a eso de las 7 de la tarde, buena hora para los estándares de la ciudad. Se podrán imagina la cantidad de gente, pero nos acomodaron bien en una esquinita de la segunda planta del restaurante. Menú en mano, platos y a ver qué elegimos para comer.
 

Una vez elegidos los platos, la comida no tarda en aparecer. Me dejó asombrado la rapidez del servicio y muy correctos en todo momento. No tendrán problemas con el inglés aunque si va alguien que hable cantonés, seguro lo agradecen.

Primer plato de la noche: oca asada acompañada de una salsita de ciruela (al fondo de la foto). Mojar el pedacito de carne en la salsa y pa´dentro… sin palabras.
 

Un plato de tofu acompañado con trocitos de zanahoria y champiñones.
 

Un señor arroz frito con buenas gambitas y demás sustancias.
 

Y como cuarto plato: ternera salteada con verduritas y toque de jenjibre
 

¿Qué les parece el menú de la noche? Bastante completito y equilibrado con carnita, verduras y que no falte un poquito de arroz que siempre conjunta bien. La mesa estaba completa, apenas hueco para meter algún plato más. Tampoco puede faltar un poco de té oolong para suavizar entre bocado y bocado.
 

Con estos cuatro platitos íbamos más que servidos para nosotros tres. Las raciones en perfecta medida, pero ojo, que nos lo terminamos todito como debe ser. Sin embargo, casi cuando terminabamos hubo algo que me llamó poderosamente la atención en la mesa de al lado… ¿adivinan el qué? y es que es otros de los platos estrella del restaurante: huevo de 100 años. ¿Quién se anima? y advierto, no se dejen llevar por el nombre o por la apariencia, fiarse de un servidor.
 

Un poquito más de cerca donde se aprecia la textura de la yema. Sabor consistente e interesante a la vez.
 

Seguro ya lo habían adivinado… la estrella de la noche ha sido la señora oca, la cual es el reclamo principal de este sitio, además del plato anterior que acabo de comentar. La foto habla por si sola y una vez degustemos la carne, entenderán el por qué de su fama. Ya se me está haciendo la boca agua nuevamente…
 

Nuestras tazas de té ya vacías, la comida en nuestro estómagos. Ha sido una cena como Dios manda. Menos mal que aún es tempranito y podemos estirar las piernas de camino a casa. Así da gusto.
 

Y a todas estas, ni siquiera había mencionado el nombre del restaurante: Yung Kee. Si quieren conocer un poco más sobre la historia del mismo, no dejen de visitar su web.

Para más señas nuestro amigo Google Maps nos hará más fácil llegar hasta él. Espero que se animen a visitarlo si tienen ocasión, no se arrepentirán.
 


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