Reciclaje electrónico

Primeramente antes de iniciar el reciclaje, siempre se le puede dar más uso si cae en las manos adecuadas. En sitios como en Sham Shui Po, podemos encontrar en los mercadillos cacharros electrónicos de todo tipo. Como buen centro de compras de electrónica, ¿se imaginan la cantidad de miles de aparatos que se mueven al año? La renovación tecnológica, y especialmente de dispositivos como móviles, ordenadores o televisiones está a la orden del día; no obstante ya sabemos que cada aparato tiene un ciclo de vida totalmente distinto y un mejor o peor aprovechamiento por varios dueños hasta que le llega el momento de pasar a mejor vida y es momento de iniciar el reciclaje electrónico.

Hay empresas especializadas que se encargan de recoger los cacharros, aunque también hay gente que trabaja de forma independiente al igual que aquellos que recogen latas de aluminio, vidrio o cartones. Aunque parezca mentira, a fecha de hoy Hong Kong está un poco rezagado en lo que a reciclaje se refiere y por ello se ve más presencia de carteles como el de a continuación.

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Sumar esfuerzos para que la gente esté concienciada a la hora de reciclar y lo haga casi sin pensar. Los anuncios como este son necesarios y también acompañados de algunos de anuncios por televisión o incluso su difusión por un canal de YouTube como otras campañas de: prevención de accidentes laborales, buena conducción o construcción de estructuras ilegales entre otros, y acompañado siempre de un guiño simpático puesto que hay que dar ejemplo a los más pequeños también. Un medio ambiente mejor pasa por seguir mejorando el reciclaje electrónico de la ciudad y contribuir cada uno de la mejor forma posible.

La velocidad a la que se mueve el mundo de la tecnología y más en el apartado gadgets es algo imparable pero si que hay formas para dar un mejor aprovechamiento a aquellos dispositivos que aún pueden ser útiles en otras manos. Venderlos de segunda mano es una opción, donarlos a una ONG también ayuda y como última opción, reciclaje que contribuya a futuros dispositivos que se beneficien de ello.

Luces tenues

No será la primera ni última vez que lean sobre lo mucho que me gusta escribir sobre las escenas de la calle y más aún cuando la luz del día desaparece dando paso a las luces de las farolas, de los coches o los neones de algunos letreros de establecimientos. Es un escenario perfecto para los amantes de la fotografía callejera y sobre todo en modo nocturnidad, jugar con las luces tenues y sus posibilidades.

A veces no hace falta ir armado de nuestra cámara compacta o réflex, sino que nos podemos apañar con el móvil para capturar esos detalles que nos llaman la atención. Por mi parte, siempre me fascina al pasar por los puestos de los mercaditos de Central justo cuando ya toca empezar a recoger al finalizar su jornada; bajo el color de las lamparitas que emiten esa luz amarillenta pero refugiada en los plafones de color rojo o las luces de las farolas unos metros más arriba.

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Los reflejos en las fachadas de los edificios y los juegos de sombras de la gente al pasar, da un toque misterioso. Mucha gente inicia el regreso a casa para la hora de la cena o bien van en busca de un lugar para cenar entre los puestitos, los sitios de noodles o los da pai dong aún perduran a pesar de que su número se haya visto reducido en los últimos años, pero se intentan unir esfuerzos para preservar esta cultura de la calle tan importante para Hong Kong.

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Ojalá pudiera escaparme más a menudo después del trabajo, pero a veces durante la rutina del día a día uno va programado con el itinerario casa-trabajo-casa y a veces el fin de semana se antoja poco el tiempo para dedicarle a hacer algunas salidas con la cámara (cierto que lo echo de menos). Me pondré como objetivo para el año 2016 que está a la vuelta de la esquina el usar más a menudo mi querida 7D

Por si acaso no se habían pasado ya por mi perfil de 500px, en él podrán encontrar algunas de mis escenas favoritas hasta el momento entre las que he podido retratar a lo largo de estos años. Sin duda, tengo más fotos por rescatar de mi disco duro del que podría rescatar algunas fotos más que bien merezcan la pena donde se ilustra lo interesante que el arte callejero de la ciudad con sus luces tenues. ¡Me encanta!

Secando al sol

Apurando el mes de Noviembre estábamos hasta hace poco y hoy ya empezando un nuevo mes, parece que estos meses finales se están pasando demasiado rápido, ¿no tienen esa sensación? Otra de las cosas que ha sido un poco atípica ha sido el clima porque los días de calor se han ido alargando, a veces no daba la sensación de estar a estas alturas del año. Por suerte, las temperaturas han empezado a suavizarse un poco y hasta sentir algo de fresquito por la tardes; no tengo duda que a lo largo de este nuevo mes las temperaturas seguirán bajando algo más y la ropa de abrigo tomará las calles.

Mientras tanto, siempre y cuando haya días soleaditos como este pasado domingo, hay gente que le gusta aprovechar para estar secando al sol algo de pescadito. Será que en casa no cuenta con azotea o un sitio apropiado para ello, así que nada mejor que llevarse los pescaditos hasta el puente más cercano y tenderlos ahí tal cual. Les aseguro que cuando vuelva el dueño estará todo intacto.

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Y justo un poco más abajo si se fijan, las vías del tren que une Fanling con Sheung Shui y también la autopista pasando por debajo de dicho puente.

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Esperemos que le haya dado tiempo a todo el pescadito a secarse, porque seguro que ya llevaba sus buenas horas secando al sol (hasta eso de las 6 de la tarde) aún se podía seguir aprovechando hasta los últimos rayos. Imagino que sería todo para consumo particular aunque quien sabe si igual aproveche para sacarse algunos hongkies y venderlo en algún mercadillo de la zona.

No es extraño ver esta escena a menudo y más en un entorno un poco más rural, pero tampoco se extrañen si cuando vayan paseando por la zona de Sheung Wan se vean a pie de calle algo de pescado o cáscaras de naranja secándose y es que las tienditas de la zona tienen que aprovechar como puedan.

Oxfam Trailwalker 2015

Creo que no sé por dónde empezar, aunque lo mejor será como todo yendo desde el principio. El gran día para el Oxfam Trailwalker 2015 había llegado. Atrás quedaban 4 meses de preparación con los chicos, tanto a nivel de equipo como a nivel individual. ¿Nervios? Para qué engañarnos.. Pues algo si, pero eramos conscientes de lo que teníamos por delante. Cien kilómetros que nos llevarían desde Sai Kung hasta las afueras de Yuen Long al campamento Po Leung Kuk en Tai Tong. Cruzando monte, playas, asfalto, senderos de roca y muchos escalones.

Con el tiempo suficiente para registrarnos, recoger nuestros dorsales y brazaletes para controlar nuestro tiempo en cada punto de control. Ya sólo quedaba calentar un poco, ver que todo estaba en orden y meternos en el grupo para no salir rezagados. Se notaba que había ganas de salir cuando por la megafonía anunciaban: «15 minutos para la salida». Sonidos de aplausos y vocerío del resto de participantes dispuestos a empezar.

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Aquí metidos en el mogollón a falta de unos instantes para que se inicie la última tanda de equipos a las 2 de la tarde. Empezamos la cuenta atrás de los diez últimos segundos y se empieza a estirar el grupo a medida que la carretera va ascendiendo ligeramente hacia la zona de la presa. Tenemos suerte que el tiempo acompaña y estaba un poco nublado, porque de la vez anterior mira que sudamos.

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Los primeros kilómetros que sirven a modo de calentamiento hay que tomárselos con calma. A pesar de que esos diez kilómetros de asfalto hasta empezar lo que es sendero se puedan hacer un poco largos, vamos alternando un poco de trote suave en las zonas llanas y tramos de bajada. Poco a poco nos vamos acercando al final de la presa y empieza la parte buena de la carrera: la montaña, y seguidamente bajaremos a la primera de las playas por la que pasaremos.

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Las secciones 1-2 no entrañan mucha dificultad pero es a partir del tercer tramo cuando se vienen algunas subidas con zonas rocosas un tanto técnicas. A eso de las 6 de la tarde ya se ha hecho de noche y toca hacer uso de las linternas, vamos pasando varios grupos como buenamente podemos hasta llegar al punto de control nº3 en la que nos esperan algunos amigos para darnos algo de material que les habíamos dado el día previo. Primero el registro y luego a la zona habilitada, no hay tiempo que perder. Rellenar el tanque y comer algo, entre cinco y diez minutos que se aprovechan al máximo. Ya llevamos 35 kilómetros pero vamos con buena motivación y eso cuenta mucho, más aún a la hora de encarar la subida hacia Ma On Shan.

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Recién habíamos coronado Tai Mo Shan, y era todo un alivio saber que tras pasar las cimas de «Needle Hill» y «Grassy Hill», se terminaban los ascensos y la parte más dura de la carrera había pasado. La noche no se hizo tan larga como me había imaginado (algo a lo que le había estado dando vueltas los días previos) y con las primera luces del día estábamos de camino por la zona de grandes rocas en la sección 7 tras haber pasado un punto de control previo y habiendo recargado las pilas con un poco de cafecito caliente que entró de maravilla.

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Yendo cuesta abajo todo bien, y con nuestro amigo Jon que se unió para los dos últimos tramos que nos animó con musiquita además de más conversación. Unas secciones aparentemente fáciles pero que también requerían de fortaleza mental para afrontar esos últimos 22 kilómetros, ya casi estaba hecho pero no había que cantar victoria.

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¡Qué felicidad el haber llegado a la meta! y es que los kilómetros finales se ha hecho un poco cuesta arriba, todos estábamos con ganas de terminar porque las fuerzas ya iban fallando. Cada uno sabía por dónde estaba pasando, ser fuertes de moral y seguir tirando hasta el final. Sobre todo Juergen se merece un gran elogio por haber peleado con una de sus rodillas durante casi toda la carrera; entre todos nos hemos apoyado y no distanciarnos demasiado, conversando de lo que sea para mantener la mente distraida y eso no veas lo que ayudaba.

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Nuestro objetivo inicial eran 24 horas, incluso vimos factible el poder ir hacia las 22 horas pero como decía antes en el tramos final con las fuerzas algo justas se alargó un poco más de lo que nos hubiese gustado. No obstante, un tiempo total de 22horas 53 minutos es algo que firmamos con mucha alegría. Lo habíamos conseguido y sobre todo mantener la sonrisa hasta el final. Un sentimiento de satisfacción enorme y hasta alguna lagrimita también se me escapó. ¡Tremenda la experiencia Oxfam Trailwalker 2015! y sobre todo gracias a mis compañeros Ricky, Pete y Juergen por haberlo hecho posible, ¡juntos hasta el final!