Shenzhen, al norte

Día de cielos despejados y perfecto para salir a la montaña, y es que teniendo una ruta cerca de casa pone las cosas más fáciles. Desde que uno inicia el ascenso y hasta que llegamos a este punto es tan sólo media hora de camino o como mucho una hora si vamos de forma más pausada. Como lo he denominado : «balcón con buenas vistas». Al alcance de nuestra vista, la frontera de la ciudad con la vecina Shenzhen al fondo, el verde del campo y rascacielos salpicando el territorio.

Hace poco más de veinte años el panorama era totalmente distinto al actual. El campo con sus paisajes de cultivo predominaba y el carácter eminentemente pesquero era también una de las características de Shenzhen. Todo comenzó como un experimento por parte del gobierno central para ver cómo evolucionaba esta región colindante con Hong Kong. Visto lo visto, el experimento si que dio sus frutos y hoy en día es una ciudad imponente que no para de crecer y ha superado ampliamente la población de la ex-colonia inglesa.

Vista al norte
Vista al norte

Se ha generado gran riqueza por parte del comercio marítimo, su aeropuerto y también como centro tecnológico donde se han implantado muchas conocidas marcas como Microsoft, HP, Nvidia.. Pero también se han desarrollado empresas que se han convertido en gigantes de calibre similar como Tencent (creadores de QQ o el Wechat) o el fabricante de telecomunicaciones Huawei. Con estos dos nombres se pueden hacer una idea de lo fuerte que han irrumpido en el panorama mundial.

Se podrán imaginar el movimiento que hay entre ambas ciudades cada día. La puerta de entrada al resto de China continental y a través de red de trenes que tanto se ha expandido y hace sombra al propio Japón.

Para mi sigue siendo un lugar un tanto desconocido porque no he estado tantas veces como debiera pero que con los años ha ido ganando potencial. No es sólo por las compras o la comida sino que también cuenta con museos, jardines y hasta algún parque temático. Habrá que acercarse un poquito más.

China extensa

Aunque llevo tiempo por la zona aún quedan sitios por ver en China y es no es una tarea fácil, no sólo por lo extensa y también el tiempo que hay que dedicarle para desplazarse entre ciudades de interior algo más remotas.

No obstante, dando un vistazo atrás de los viajes hechos en este tiempo tampoco puedo quejarme pero uno siempre se queda con la espinita de visitar más rincones. El viaje más presente que tengo es cuando fui con mi amigo Alberto hasta Guilin y Yangshuo, y eso que fue hace 4 años casi por estas fechas al comienzo del veranito. Aún lo recuerdo como si fuera ayer, fue un viaje muy completito.

La primera toma de contacto con China continental fue yendo a Pekín durante un mes que fue toda una experiencia para poder practicar el mandarín aprendido durantes las semanas previas, así como poder visitar algunos de los sitios de interés como la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo o la Gran Muralla. Mucho habrá cambiado la ciudad desde entonces y más aún después de las Olimpiadas celebradas en el verano de 2008.

Uno tampoco tiene que irse demasiado lejos desde Hong Kong para descubrir sitios tan interesantes como Huizhou y que dicen tiene cierto parecido con la Venecia de China (Hangzhou) pero que aún no he tenido la ocasión de ir. Puede que cuando tengamos en mente una futura visita a Shanghai, nos gustaría incluir la visita a esta ciudad.

Desde las zonas con más tradición y paisajes increíbles hasta otras que se han modernizado totalmente en los últimos 20 años como puede ser el caso de Shanghai; se dice que esta ciudad quiere plantarle cara a Hong Kong en lo que al aspecto financiero se refiere y como no, los edificios altos no podían faltar y sin descuidar las zonas históricas de cuando la ocupación francesa.

De Norte a Sur, hay muchos contrastes y eso que sólo he estado en las grandes ciudades porque lo que es el interior, tiene mucho por ver y armarse de paciencia en las conexiones; principalmente en tren (aunque la alta velocidad avanza rápido) o sino en guaguas pero que no van por lindas autopistas y se hacen eternos algunos tramos, es lo que sería la China profunda 🙂

Seguro que les gustaría poder saborear un poquito de cada cara y sacar conclusiones, ¿verdad? No dejen de visitar mi página de Facebook o Google+ para más información y posts anteriores.

Paciencia

Un día festivo y más siendo fin de semana, sólo puede significar una cosa: la afluencia de gente, y si a eso le juntamos que se celebraba la festividad de Ching Ming los números se multiplican. Una de esas ocasiones que se tiene que rendir a los fallecidos para visitar sus lugares de descanso, adecentar los nichos y también quemar papeles; terminando con una buena traca de petardos para auyentar a los malos espíritus.

Uno se da cuenta en fechas como estas la mucha gente que tiene a sus ancestros en poblaciones cercanas en la provincia de Guangdong, es un movimiento masivo. Me atrevería a decir que no había visto tanto colapso para salir de la ciudad en comparación con Año Nuevo Chino, que ya es decir.

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Una vez cruzada contra la frontera, tocaba hacer cola para comprar el billete de tren. Más de lo mismo, con la cola avanzado lentamente hasta el mostrador. Nos distribuimos en varias colas para ver quien conseguía llegar antes pero al final el resultado fue el mismo, ya se sabe lo aleatorio que puede ser esto de los mostradores y la gente que tenemos por delante.

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La nuevisima estación de Dongguan que apenas lleva unos meses funcionando, la cual era nuestro destino final y apenas son 45 minutos de trayecto desde Shenzhen.

Algunas zonas de los alrededores aún estar por desarrollar pero ha supuesto un salto cualitativo respecto a la anterior estación en Shilong.

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Y es que viajar en tren en China está mejor de lo que uno piensa, pero ante casos como este no queda otra que armarse de paciencia. Mucha gente queriendo ir hacia el mismo sitio, el mismo día y todos queriendo llegar antes que nadie, y pasa lo que pasa. Suerte es no tener que coger un coche, que el caos por la autopista se lo podrán imaginar.

El parque Luo Fu

En la segunda parte de visitas después de haber ido a hacer las ofrendas pertinentes, aún quedaría otro lugar que visitar. No importaba tener que tragarse otro día poquito de colas, allí estábamos todos con el mismo día propósito pero sabiendo cómo es el carácter de los chinos al volante pues las pitadas, adelantamientos por arcén o con doble raya continua no importaban.

Situado en los alrededores del monte Luo Fu, íbamos a visitar el parque del mismo nombre. Espacio verde, lago, templo; en definitiva, un sitio para el esparcimiento y donde disfrutar bajo la sombra de los árboles o al calor del solecito en aquel día un tanto inusual.

Todo hay que decirlo, el lugar tenía muy buen aspecto y eso ya decía algo. Cuando llegamos a la puerta principal del complejo nos podíamos encontrar con que tenía clasificación AAAAA en los estándares de China; así costaba unos 70 yuanes por persona la entrada, aunque los que fuesen del Año del Caballo estaban de suerte porque les saldría gratis.

¡Vamos allá! Sigamos a la gente y luego a dispersarse que por lo que vi en el mapa, bastante extensión tiene. Y no me faltaría razón al término de la visita, porque no llegamos a ver todo y eso que yo me pude aventurar a explorar un poco más. Queda pendiente para la próxima.

No pude evitar acordarme de aquel divertido programa de la tele y sus clásica prueba de las zamburguesas, jaja, aunque en esta ocasión todos superaron la prueba 😀

Y si por si acaso alguien se preguntaba el nombre del lago en cuestión: El lago del Loto Blanco que por lo que contaba en la tablilla tiempo atrás era la flor que predominaba en el lago y de ahí le venía.

Justo al fondo donde termina el lago se encontraba el templo Chongxu al cual peregrinaban los visitantes. Los puestecitos justo a la entrada ofrecían desde varillas de incienso, molinillos de viento e incluso moneditas para poder tirar a un pozo de los deseos con dragones que tenía a mis espaldas. No debe ser mal negocio vender todo esto y además algunos refrigerios, porque con el calor de quemar incienso junto con que ese día la temperatura había subido de forma inesperada.

Ya en el camino de vuelta decidimos ascender a la «Colina del Ciruelo», cuyo nombre viene de la cantidad de ciruelos allí plantados y en algunos de los cuales habían empezado ya a florecer. Una parte menos transitada del parque y desde la cual disfrutar de unas bonitas vistas de las montañas cercanas.

No fue una mala forma de culminar el día con esta visita. Todo lo que sea conocer rincones nuevos es algo que siempre me gusta, a pesar de la masificación de esos días pero en parte comprensible por estar metidos de lleno en unas fiestas tan importantes como las que se celebraban.