El abalone

 

Aunque sería más correcto decir: el abulón o también oreja de mar. Abalone es el nombre que recibe en inglés este peculiar molusco y cuya carne es tan apreciada en la gastronomía china. Sinceramente, antes de haber llegado a Hong Kong, poco o nada había oído hablar de él pero ahora ya me resulta de lo más familiar. Y como cualquier molusco que se precie, aquí está la concha de un abulón en cuestión. La verdad que como elemento decorativo también quedaría bien en casa, no?
 

Seguro que si han venido a Hong Kong, les habrá llamado la atención estas tiendas de pescado seco en las cuales podemos encontrarnos el abalone. Colocados en tarros transparentes y con abalones de distintos tamaños, y de ahí también el precio. Puede que a algunos no les parezca atractivo así de entrada, pero una vez lo prueben seguro que las sensaciones son distintas.
 

Al tenerlo en estado seco, al igual que otros muchos «frutos del mar», la conservación se hace más duradera. También, suele usarse como ingredientes en sopas chinas mezclado con otros ingredientes que requieren de muchas horas de cocción y son muy apreciadas por sus cualidades saludables.

Existe un restaurante en Hong Kong llamado «Forum Restaurant» (富臨飯店), cuyo cocinero Yeung Koon Yat, tiene como plato estrella: Ah Yat Abalone. No sé si la apariencia del mismo será como la foto de a continuación, pero al menos para que se hagan una idea de cómo queda una vez puesto en la mesa. Suele ir acompañado de una salsita y en este caso con algo de verdurita, una presentación minimalista desde luego 🙂
 

 

Yo he podido comerlo en un par de ocasiones pero siempre ha sido en alguna celebración especial y es que, por lo general, su precio no suele ser barato y por eso es mejor reservarse para ocasiones como estas (bodas, cenas de celebración…)

Si tiene ocasión de probarlo no dejen de hacerlo, se los recomienda un servidor. Luego me cuentan impresiones.

 

Al bambú

 

Si hay algo con lo que uno disfruta cuando viaja, a parte de conocer lugares, gentes o cultura, es la comida. No habrá viaje en el que no hayamos probado algo nuevo, y esta vez tampoco iba a ser menos. Hasta ahora, el único plato novedoso había sido el pescado a la cerveza que pudimos probar en nuestra primera cena en Guilin. Estaba muy bueno de sabor, pero el pescado en cuestión tenía bastante espinitas pero habiendo paciencia.

El día que aprovechamos para subir a Longsheng, mientras ibamos en la guagua nuestro guía fue haciendo una pequeña introducción de lo que nos encontraríamos en la zona y sin olvidarse del apartado gastronómico. El plato que tendríamos ocasión de probar y típico de la zona: arroz al bambú. El «misterio» se desvelaría un poco más tarde.

Luego, en lo que íbamos ascendiendo entre las casas de Ping An, empezamos a observar cómo cocinaban este plato tan particular. Al método tradicional con su fogoncito y estar atento para girar el bambú de vez en cuando y que no se nos pase el arroz 🙂 Si se fijan hay dos tamaños de bambú, y es que eso dependerá de si queremos una ración individual o una algo más grande para compartir.
 

Todo es cuestión de organizarse como esta señora: una cesta para los bambús que aún no han sido cocinados y su cubo con agua para enfriar los bambús después de que estén listos para poder comer.
 

Y aquí tenemos el resultado de nuestros bambús una vez abiertos y esperando los primeros bocados. Aprovechamos para pedir tanto de arroz como de pollo, y ciertamente el sabor que le da el bambú es interesante y una presentación del plato muy curiosa, desde luego. Además del plato estrella, tampoco faltaron unas verduritas salteadas o un poco de carnita con setas y más verduritas.
 

 

Todo tenía una pinta fantástica y sólo quedaba hincarle el diente a la comida, que se nos enfría. ¡¡Al ataque chicos!! palillos preparados y yaaa… pero déjenme algo mientras dejo la cámara aparcada por un rato 🙂
 

Desde luego que algo de cervecita no faltó pero que conste que éstas no son nuestras, que sino no sé cómo ibamos a subir hasta lo alto de los arrozales o volver a la guagua que nos llevaría de vuelta a la ciudad.
 

Después de disfrutar tan suculenta comida y a un precio realmente bueno, no había muchas ganas de ponerse a patear pero cuanto antes mejor que sino nos entra la modorrita y se desperdicia el tiempo que tenemos para visitar las terrazas de arroz ¿Quién se anima a limpiar bambús? Me pregunto que harán luego con ellos, porque según nos contaron, sólo se usan una vez para cocinar y luego… Seguro que le sacan buen provecho y algo útil se saca de ellos, así que despacito y buena letra y a darle al bambú.
 

 

Regalito

 

Ahora que he tenido tiempo, no podía dejar pasar la ocasión de hacerle un «reportaje» a nuestro siguiente protagonista. Alberto que en la vez anterior tuvo un detallazo, esta vez también se portó trayendo consigo algunos presentes de aquellas tierras: unos mochis buenísimos (mango y té verde) y unos Kit Kat. De los mochis ni dio tiempo a retratarles, ya que, había que comérselos rápido para que no se echaran a perder.

¿Y qué podemos decir de estos Kit Kat? yo que por la pinta que tenía la caja y esos colores verditos, me sugería que podrían ser de té verde, pero la cosa cambió cuando descubrí un lateral… wasabi
 

 

Mi pregunta era la siguiente: ¿picarían? Seguro que más de una vez se les fue la mano con el wasabi cuando comen sushi y luego… la sensación que «inunda» nuestra nariz, eso ni los chicles de eucalipto. Uno se queda con unos sudores y como que uno puede respirar el doble, jaja o no? 🙂
 

Ya sólo nos queda hacer la prueba, paquetito abierto y preparado para dar el primero mordisco… ¿Sensaciones? de momento ni rastro del sabor del wasabi pero sí que una sensación distinta comparado con el Kit Kat original. Chocolate blanco con un ligero color verde pistacho. ¿Igual los «picores» empiezan pasados unos segundos? pero por si acaso vamos a tomárnoslo con calma e ir disfrutando en los días siguientes del resto de Kit Kat´s.

Gracias Alberto por traerlos desde las tierra de los «Kit Kat´s raros». Tendrás que hacer una recopilación de todos los que encuentres por allá, seguro nos sorprendes con sabores más que exóticos. No lo dudo 🙂
 

Repostando

 

Con el día intenso que estabamos teniendo yendo de un sitio y a otros, la paradita para el almuerzo era más que obligada. Casualmente vinimos a dar a la calle por la cual la noche anterior habíamos estado paseando y que habíamos cenado. Bastantes restaurantes uno tras otro, camareras carta en mano ofreciéndonos entrar hasta que uno se decide por uno, sin presiones, cuestión de probar sitios y/o cosas nuevas.

El sitio elegido fue el restaurante Yiyuan. De ambiente tranquilo, además de una decoración e iluminación cuidada. Al entrar nos encontramos con que había un grupo de extranjeros comiendo, buena señal además que en las ventanas mencionaban algo de la Lonely Planet aunque por más que miramos, el sitio en cuestión no se mencionaba. Serán técnicas para atraer más a los clientes 🙂
 

 

El tiempo «iba en contra», las ganas de comer podían más y era preciso decidirnos lo antes posible. Página para aquí, para allá… bueno venga, aquí vamos:

– Arroz frito con verduras y carne.
– Cerdo con salsa agridulce.
– Carne salteada con apio y salsita.
– Pollo con anacardos y verduritas.

Platos dispuestos y un servidor que se pone manos a la obra con la comida, a dar buena cuenta de ella 🙂
 

Todo estaba muy bueno la verdad, a destacar en especial la carne con apio y salsita. En esta ocasión no pedimos nada que no fuera poco convencional y fuimos de cabeza a algunos platos ya conocidos, como los que uno puede encontrar en un restaurante chino en España, pero con mejor sabor aún si cabe.

Y con tanta comida de por medio, lo suyo es ir refrescando la garganta, o bien con té o sino otra opción mejor: cervecita. Prácticamente durante todo el viaje en los sitios que paramos para almorzar y cenar, un par de botellitas caían, y es que con lo ligerita que era, bajaba que da gusto.

El nombre de la cerveza en cuestión: Li Quan, rubita y ligera, y cuanto más fresca mejor. Seguro que a nuestro amigo Pau no le hubiera importado echarle un trago e incluirla en su lista de cervezas del mundo. No me cabe la menor duda que por las tierras de Islandia donde se encuentran ahora, se vendrá con nuevas referencias.
 

Un nuevo fin de semana llama a la puerta. Parece mentira que ya haya pasado la semana tan rápida, y eso que al principio costó arrancar. Mañana sábado Alberto estará de vuelta por Hong Kong como paso previo antes de volver a Japón y seguro que tiene muchas cosas que contarse de esta semanita.

A disfrutar y al fresquito, mejor que mejor.