Legado

Teniendo tan cerca de la oficina el barrio de Wan Chai, es habitual que me suela escapar a la hora de comer y quieras que no se agradece estirar las piernas para disfrutar de una atmósfera distinta. El cambio que hay desde Admiralty lo empezamos a notar una vez iniciamos la calle Johnston por donde transcurre el tranvía y se va adentrando en pleno centro del núcleo de este barrio tan activo.

Es justo en esta calle y antes de pasar por la esquina de las canchas, que nos encontramos con un edificio histórico y donde en la actualidad tenemos un restaurante que ocupa las plantas superiores y con una tienda de decoración en los bajos.

Por lo que he podido leer, este edificio data de principios de los años 40. Aunque la edificación actual se compone como un todo, anteriormente era cuatro unidades individuales; cada unidad se denomina tong lau (唐樓), que es el nombre con el que se conoce a un este tipo de vivienda con balcones y para uso comercial o bien residencial. Y el nombre del restaurante en cuestión se debe a que había una casa de empeños en uno de los pisos. Fue en el año 2007 cuando se abriría este establecimiento.

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Yendo por otra de las arterias del barrio pero más pegada hacia el interior, la calle Queens Road East también tiene algún ejemplo más de edificación de este estilo. Muchos meses atrás la fachada estaba cubierta por unas redes, pero parece que casi está disponible del todo. Se ha respetado la estructura tradicional de balcones, mientras que en sus alrededores han levantado unas nuevas torres residenciales. En el bajo de este «tong lau» pondrán algún negocio tipo boutique o tienda de decoración, uno de los negocios que más florecen en la zona.

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No es que la ciudad tenga una extensa fama en conservación de edificios, y es que uno se da cuenta al ver las fotos antiguas lo que ha sido el antes y el después. Es importante mantener el legado de la ciudad con sus construcciones y que las nuevas generaciones puedan verlas por ellos mismos y no sólo en los libros, y Wan Chai es una buena muestra de fusión.

Punto de descanso

Este pasado fin de semana no fue uno de los habituales, y es que hacía ya bastantes meses desde la última vez que me había subido a un avión. En concreto, desde mayo del año pasado cuando estuvimos en Taipei. Se presentó una buena ocasión de juntarse con un buen grupito de gente entre ellos Alberto y Dani que nos los había visto desde la boda de Miguel el año pasado.

El destino elegido fue Phuket, en lo que sería mi primera visita a la isla. Siempre había oido hablar mucho sobre ella, pero se me había resistido el poder ir en todo este tiempo. Llegando el jueves por la noche y hasta el domingo, con un total de 3 días por delante en los que pensar poco y tan sólo disfrutar de descanso en la piscina, playa y con alguna buena marcha.

Lo mejor de todo es el habernos podido quedar un poquito a las afueras del centro, en la tranquilidad de la montaña y con vistas a la ciudad, en Patong.

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A los que nos tiró más la playa nos desplazamos hasta la playa de Surin que estaba a poco más de veinte minutos en coche. Si que mereció la pena cambiar la villa por unas horas, darse unos baños en el mar y contemplar el atardecer de nuestra última noche en la isla.

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El domingo era el día de las despedidas, algunos sobre el mediodía partíamos de vuelta al aeropuerto y otros en cambio aún podía aprovechar unas cuantas horas más de piscina hasta la tarde-noche. ¿Había cundido el fin de semana? puede que parezcan pocos días, pero aquí lo que se trataba fue de estar en modo relax, echarse unas risas, disfrutar de la comida y en compañía de unas cervecitas; objetivo cumplido totalmente.

En otra ocasión con algo más de tiempo habrá que descubrir un poco la zona norte de la isla y hacer algo de turisteo bien sea con un barquito o ver las panorámicas desde un punto más elevado, pero hasta entonces uno se queda con buenas sensaciones con la escapadita.

El parque Luo Fu

En la segunda parte de visitas después de haber ido a hacer las ofrendas pertinentes, aún quedaría otro lugar que visitar. No importaba tener que tragarse otro día poquito de colas, allí estábamos todos con el mismo día propósito pero sabiendo cómo es el carácter de los chinos al volante pues las pitadas, adelantamientos por arcén o con doble raya continua no importaban.

Situado en los alrededores del monte Luo Fu, íbamos a visitar el parque del mismo nombre. Espacio verde, lago, templo; en definitiva, un sitio para el esparcimiento y donde disfrutar bajo la sombra de los árboles o al calor del solecito en aquel día un tanto inusual.

Todo hay que decirlo, el lugar tenía muy buen aspecto y eso ya decía algo. Cuando llegamos a la puerta principal del complejo nos podíamos encontrar con que tenía clasificación AAAAA en los estándares de China; así costaba unos 70 yuanes por persona la entrada, aunque los que fuesen del Año del Caballo estaban de suerte porque les saldría gratis.

¡Vamos allá! Sigamos a la gente y luego a dispersarse que por lo que vi en el mapa, bastante extensión tiene. Y no me faltaría razón al término de la visita, porque no llegamos a ver todo y eso que yo me pude aventurar a explorar un poco más. Queda pendiente para la próxima.

No pude evitar acordarme de aquel divertido programa de la tele y sus clásica prueba de las zamburguesas, jaja, aunque en esta ocasión todos superaron la prueba 😀

Y si por si acaso alguien se preguntaba el nombre del lago en cuestión: El lago del Loto Blanco que por lo que contaba en la tablilla tiempo atrás era la flor que predominaba en el lago y de ahí le venía.

Justo al fondo donde termina el lago se encontraba el templo Chongxu al cual peregrinaban los visitantes. Los puestecitos justo a la entrada ofrecían desde varillas de incienso, molinillos de viento e incluso moneditas para poder tirar a un pozo de los deseos con dragones que tenía a mis espaldas. No debe ser mal negocio vender todo esto y además algunos refrigerios, porque con el calor de quemar incienso junto con que ese día la temperatura había subido de forma inesperada.

Ya en el camino de vuelta decidimos ascender a la «Colina del Ciruelo», cuyo nombre viene de la cantidad de ciruelos allí plantados y en algunos de los cuales habían empezado ya a florecer. Una parte menos transitada del parque y desde la cual disfrutar de unas bonitas vistas de las montañas cercanas.

No fue una mala forma de culminar el día con esta visita. Todo lo que sea conocer rincones nuevos es algo que siempre me gusta, a pesar de la masificación de esos días pero en parte comprensible por estar metidos de lleno en unas fiestas tan importantes como las que se celebraban.

8bits

Finalmente tuve la suerte de encontrarme con una de sus obras, y es que hace no mucho había compartido un enlace sobre este artista que se hace llamar Invader y que ha elegido ir dejando su huella por distintas zonas de la ciudad representando arte de 8-bits.

En la foto que vemos a continuación, podremos ver en lo alto la figura con la que ha dejado su sello; uno de los clásicos bichitos del juego Space Invaders, que todos recordaremos con cierta nostalgia. Pero no es el único, puesto que también se han divisado figuras del personaje HK Phoey y de otro karateka protagonista de otro videojuego.

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Por lo pronto me doy por satisfecho al haber dado con una de sus figuras, pero a medida que vaya dando con más iré actualizando esta entrada.

Por cierto, ¿hay algún artista en su ciudad que tenga una huella de identidad característica y la haya dejado por distintos puntos? Si es así, se agradecen los comentarios.

2014-04-18 18.29.22