Doble copa

 

Y no la Danone 😀 Otro año más y como es tradición por estas fechas, el día grande de dragon boat: el festival de Tuen Ng. Se organizan carreras a lo largo de todo el territorio, desde Stanley que es la más multitudinaria, pasando por Aberdeen, Cheung Chau o Discovery Bay. Ésta última era a la que acudimos nosotros.

Del año pasado tenemos buenos recuerdos, además, era mi primera temporada con el equipo y eso también lo hizo más memorable aún. En aquella ocasión, nuestro equipo mixto fue el que se alzó con el triunfo en la gran final y este año esperábamos repetir victorias, íbamos con muchas ganas.

Desde Tung Chung hasta Discovery Bay hay tan sólo un paseito en guagua de veinte minutos, con lo que me quedaba relativamente cerca de casa si lo comparamos con otras carreras que hemos tenido a las que he tenido que madrugar bastante para llegar al punto de encuentro con el equipo. Son días largos con lo que conviene ir preparados con agua, comida y también crema del sol; aunque no lo parezca por las nubes el calor se notaba y sobre todo la humedad de estos días. Asignadas nuestras casetas en un lateral de la playa, nos acomodamos y al poco de llegar tendríamos una sesión de calentamiento previa a las carreras que se sucederían durante el día.
 
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Una playa que nos era familiar y que nos gusta. Nos habíamos propuesto que sería nuestro día, había que dar el cien por cien en cada carrera mientras manteníamos las emociones hasta el final.
 
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Momento de ponerse en marcha. La primera carrera del día sería a eso de las 9 y media de la mañana, equipo mixto en acción. Más tarde sería el turno de las chicas y ya casi para el mediodía el turno de los chicos. ¿Sería buena señal que tuviéramos el bote número 8? aunque no somos demasiado supersticiosos, de vez en cuando uno sí que mira los números por eso de las tradiciones chinas y más si estamos en uno de sus festivales.
 
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A la llegada del bote a la playa, contrastar impresiones con los compañeros que acaban de remar. Ha sido intensa, sobre todo al final cuando han tenido que apretar más en los últimos metros. No sabemos con certeza si hemos sido primeros, ha sido muy justita la llegada. Ha sido cuestión de décimas de segundo, y la primera victoria se la lleva «Team Mushu». Aunque aquí lo que importa realmente al final es el tiempo promedio que se consiga en las distintas rondas para ver luego quien accede a las distintas finales.
 
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Las primeras carreras del día estaban casi seguidas por lo que había que estar atento a las llamadas por la megafonía. Entre cada una de ellas, tiempo para descansar, hacer una puesta en común y organizar la alineación para la siguiente carrera. Me tocaría el turno de entrar en acción en la carrera del equipo de chicos y entre los equipos a batir estaban los «Lamma Dragons» que no nos lo pondría fácil ni mucho menos. Otra ronda más y luego vernos la cara en la final en un total de 7 equipos que accedían a la final.

A cada poco, los tiempos de las carreras se iban publicando en este tablón. La gente se arremolinaba para ver qué tal tiempo había hecho su equipo. Como se puede apreciar en el tablón, hay tres secciones diferenciadas:

– Equipo mixto.
– Masculino.
– Femenino.

 
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Situaríamos a nuestros tres equipos en las finales y por méritos propios. Lo digo porque sabiendo que las chicas habían hecho unas carreras increíbles, nuestra sorpresa al ver que las habían descalificado. Fuimos a hablar con la organización, después de casi una hora de revisar las carreras previas y los tiempos, se dieron cuenta del error de cálculo con los tiempos y nos daban el primer puesto merecido. Se imaginan la alegría de nuestras chicas? Y si eso no fuese poco, los chicos hicimos también lo propio en nuestra final.

Nos hubiera encantado conseguir un tercer trofeo en la final mixta pero nos quedamos por poquito fuera, consiguiendo un 4º puesto y es que los tiempos de los tres primeros estaban con diferencias de ni siquiera segundos, muy disputado. No obstante, un día redondo en lo que a resultados respecta.

Día increíble con pareja de copas doradas

Y no podíamos dejar de hacernos la foto de la familia Buzz Dragon al completo con los dos trofeos. Era momento de celebrarlo como se merece, fruto del buen trabajo en equipo y la garra demostrada hasta el final.
 

Camino de vuelta (y II)

 

Después de dejar atrás Pef y su resort, no habiendo conseguido el objetivo del almorzar, qué mejor cosa que coger rumbo. En unas horitas más estaríamos de vuelta en Pulau Kri, que si recuerdan, había sido nuestro primer punto de parada al inicio de la travesía. El camino que tomaríamos cambiaba un poco respecto al trayecto de ida y decidimos hacer la variante a través de un estrecho que conecta por el interior.
 

Un pequeño canal de unos pocos metros de ancho por el que pueden pasar barquitos como el nuestro y que luego poco a poco se va ensanchando. Salpicado con algunos islotes y muy poco transitado. En nuestro paso por el estrecho tan sólo nos toparíamos con un botecito en el lateral que estaba afanado con algunas labores de pesca.
 

Bueno, miento, nos encontraríamos con un curioso poblado a las faldas de esta montaña. Casitas de madera de aspecto muy frágil y algunas con parte en el mar. También algunos botes de pesca que reposaban, pero sin rastro de personas.
 

Me pregunto cuándo y cómo habrían llegado los primeros pobladores de esas casitas. Si acaso dos o tres familias vivirían. Desde luego que la pesca sería uno de los medios de vida principales y otros productos tendrían que ir a buscarlos por las cercanías o hasta Sorong que queda unas horitas alejado.
 

La esencia de las cosas sencillas. Seguro que a sus habitantes de nada les falta y tan felices como la gente de Mutus. Cosas así dan mucho que pensar. Uno que viene de un sitio acostumbrado a tantas cosas y de forma inmediata, a veces nos olvidamos de gente como esta que vive a la antigüa usanza y es como si el tiempo no hubiera pasado.
 

Con tanto tiempo dentro del barco, tampoco faltaba la diversión. Aquí Alberto se estaba columpiando un rato, mientras que Dani aprovechaba para coger algo más de solito, aunque parece que el solito que nos acompañaba desde la mañana se había escondido un poco con algunas nubecitas grises pero sin amenza de lluvia, eso sí, con calor todo el rato.
 

Todo quedaría atrás cuando viéramos aparecer el muellito en Kri de nuestro hostal, en el cual nos habían acogido tan amablemente. Sin problema alguno para coger cabaña para dos noches más, seríamos los únicos residentes. Veníamos con unas ganitas de comer que ni se imaginan, sólo quedaba hacer tiempo para la cena y no veas cómo de bien recibiríamos ese arrocito con verduras. Creo que hasta tuvimos pescadito, no chicos?

Mientras recibíamos la llamada de la cena, poco más podíamos hacer que contemplar cómo iba terminando un nuevo día. Era jueves por la tarde y nuestro avión desde Sorong salía el domingo por la mañana. El día del viernes nos podríamos permitir el no hacer nada y levantarnos un poquito más tarde, disfrutar de la playa con algunos bañitos y tomando el sol.
 

Mientras tanto, el cielo nos dejaba una bonita estampa para recordar siempre: la de sus atardeceres. Era la segunda vez que veíamos cómo se escondía el sol desde Kri y a cada cual más bonito. Precioso contemplar las tonalidades del cielo, un espectáculo.
 

 

 

Tanto relax tuvimos que ese día no toqué la cámara de fotos prácticamente. Nos dimos un paseo hasta un resort un poco más allá de nuestro hostal. Prácticamente vacío pero nos encontramos con algunos de los empleados que nos ofrecieron un poquito de agua mientras descansamos en una de las cabañas. Poco más que hacer por los alrededores y tan sólo retornar para tumbarnos en la arena, y esperar a la hora del almuerzo. Qué vida tan perra verdad? jeje, y la amiga hamaca una de las mejores cosas 🙂
 

Nuestra fiel Karimata que había aguantado el trayecto como una campeona, también se merecía un descanso y así de paso, el bueno de Agus no pondría peros respecto a la gasolina. De todas formas, esa misma tarde de viernes que se nos ocurrió a hacer un poco de snorkel no muy lejos, montón una escenita de gañaneo típica pero al final optó por comprar un extra de gasolina pagado de su bolsillo, porque según él estaríamos justos de gasolina para llegar a Sorong. Todo se vería..
 

Anochecía y sabiendo que mañana partiríamos hacia Sorong y siendo nuestra última noche en Kri. Echaríamos de menos nuestro hostal y su gente, igual la comida un poquito también. Se habían portado muy bien con nosotros y gracias a Dani que les batalló el precio para dejarnos la habitación por tan sólo 350.000 rupias en total, en vez de por cabeza que era lo que decía la guía. Un precio más que razonable por el alojamiento y con las comidas incluídas.
 

Al día siguiente saldríamos a eso de las 10-11 de la mañana y en cuestión de unas 3 horitas vendríamos llegando a Sorong. Parece mentira que había pasado una semana desde que saliéramos desde ese puerto y nos encontrásemos por primera vez con Agus y compañía. Sólo nos quedaba sacarnos una foto de familia para recordar ese momento.
 

Igual muchos se preguntan: ¿qué tal es la ciudad de Sorong? sinceramente poco que añadir, no tiene mucho de especial sino que es un lugar de paso para viajeros y con bastante actividad con sus tiendas, puestos callejeros y restaurantes. Un poquito sucia en algunas zonas pero con gente cordial. Decidimos dar una vuelta después de haber encontrado nuestro hotelito. Primero subido en una de esas pequeñas furgonetitas que hacen la vez en transporte colectivo y a la vuelta decidimos andar para hacer la digestión de nuetro menú de KFC y luego la cena en un restaurante local.

Entre medias hasta tuvimos tiempo de conocer a unos chavalitos que jugaban al fútbol y nos propusieron unirnos a ellos. Dani y Alberto no se lo pensaron dos veces y dieron algunos toques con ellos, aunque con la humedad del ambiente y por falta de calzado adecuado (Dani iba en cholas), decidieron dar por terminado el partido. Ni qué decir lo mucho que disfrutaron los chicos con esos minutitos.
 

Seguimos nuestro camino hacia el hotel a medida que anochecía, esperando coger algunas horas de sueño antes de ir al aeropuerto al día siguiente. Eso si el karaoke que teníamos en el hotel nos dejaba, en fin. Aguantaríamos como buenamente podíamos, pero por quejarnos un poquito y así Dani darle palique a los de recepción metiendo un poco de presión, jaja.

Echando la vista atrás, habían sido días muy cargaditos de experiencias y conociendo gente nueva. Paisajes increíbles, buceo y desconexión. Unas vacaciones con compañeros excelentes y que siempre recordaremos. De vez en cuando entra un poco de morriña viendo las fotos. Y lo bien que sabe decir: «Yo estuve ahí».

¡Hasta la próxima aventura!

 

Camino de vuelta (I)

 

Si han venido siguiendo el viaje, poco a poco el final se iba acercando pero aún nos quedaba emprender el trayecto de vuelta desde Wayag hasta Sorong. Habiendo hecho ya la parte más difícil y con tiempo de sobra, no debiéramos tener problemas. Más que acostumbrados a nuestra fiel Karimata, sabíamos que tendríamos una jornada larga a bordo hasta hacer una paradita al final del día.

Darnos una duchita para empezar el día, preparar las cosas y despedirnos de nuestros amigos los guardas. Y ahora que me acuerdo en lo que escribo el relato, la noche anterior la pasamos en una de las cabañas del refugio y sí que lo agradecimos, pero uno ya tenía el cuerpo hecho a cualquier cosa. De camino al muelle y dar un último vistazo al lugar que nos había acogido los últimos dos días…
 

Y mientras tanto poner algo de ropita al sol para secarse en lo que nos preparamos para partir en un rato.
 

Con nuestras mochilas listas y habiendo revisado que no queda nada, nos echamos a la mar nuevamente con unas cuantas horas de travesía por delante. El tiempo no puede ser mejor, con cielo azul y el sol que empezaría a brillar con intensidad. Wayag quería que nos fuéramos con una sonrisa y vaya si lo estaba consiguiendo 🙂

Nos acomodamos en el interior, mientras que Agus ponía en marcha los motores (benditos ellos) y salíamos rumbo sur. Poco a poco dejábamos atrás la isla y con ello un lugar único del que habíamos sido testigos. Nuestra pequeña gran hazaña el haber llegado hasta allí a pesar de los elementos y que algunos nos pusieron caras raras al saber de nuestras intenciones. La verdad que a no ser por la tormenta que nos pilló en el viaje de ida y un poco de lluvia esa misma noche, de resto el tiempo se portó de lujo.
 

Para matar el tiempo durante el viaje teníamos varias opciones como leer, escuchar música, sentarnos sobre el techo y contemplar el paisaje a nuestro paso o también dormir. Íbamos alterando entre algunas de ellas, al menos el viaje no se nos hizo tan pesado y había pasado casi 3 horas cuando divisamos la pequeña isla de Mutus en la cual decidimos hacer una paradita.
 

Tenía toda la pinta de un lugar idílico. Con cabañitas cerca de la playa, palmeras y bastante tranquila.
 

A medida que nos fuimos aproximando al muelle, se fueron acercando algunos niños movidos por la curiosidad de nuestra llegada. Al poco llegaron algunos adultos que nos recibieron e incluso acompañarnos a dar una vuelta con ellos para conocer un poquito más el poblado.
 

Dejamos atrás nuestra embarcación y caminamos hacia el interior. A los lados del camino casitas sencillas hechas de madera y techos de paja, aunque veríamos también algunas de ladrillo. Poco a poco se nos iría uniendo más gente a la comitiva, todos con la mirada atenta en nosotros, los extranjeros que recién habían llegado a su pequeño paraíso.
 

Los niños nos recibían con una sonrisa y algunos hasta querían posar para nuestras fotos. Todo era cordialidad y alegría. A nuestro paso nos saludaban con un «Hello mister». Dani parecía que era el que marcaba el ritmo en el grupo, sino ver cómo lo van siguiendo los locales.
 

 

Después de llevarnos en círculo dando un vistazo general al poblado, volvíamos al punto de inicio de la visita. Pudimos comprobar que no les faltaba de nada, contaban con escuela, médico, centro de reuniones y como no, una iglesia también. Incluso tuvimos ocasión de comprar algunas provisiones adicionales (frutos secos, refrescos, chocolate) en uno de los kioskitos que nos encontramos durante la visita.

Nos vino bien estirar las piernas durante ese ratito y de paso tener la ocasión de conocer a una gente tan especial. No dudaron en ir a despedirnos mientras nos subíamos de nuevo al barco y continuábamos nuestro viaje con la idea de pillar algo de almorzar en un punto intermedio. Gracias a los habitantes de Mutus por su hospitalidad. Es de los recuerdos del viaje que uno no describe con palabras, se lo lleva uno dentro.
 

Pulau Pef sería el siguiente punto en la ruta. Un lugar con un resort un tanto exclusivo pero que según habíamos leído contaba con almuerzo tipo buffet. Igual teníamos suerte y podríamos comer allí para luego seguir el viaje y estar más cerquita de Sorong. El lugar era espectacular, y su precio seguro que también.
 

Esperamos de forma paciente a que nos indicasen si podíamos quedarnos a comer pero no hubo suerte esta vez. La comida estaba contada y tan sólo era para los residentes. Siempre nos quedarían los frutos secos y algunas galletas que aún conservábamos de los restos de nuestras provisiones. Otra vez será. Así que, vuelta al bote..
 

¿Cuál sería nuestra próxima parada? el destino nos llevaría a retornar a nuestro homestay de los primeros días. El último capítulo del viaje está por llegar y con ello Sorong más cerquita. Pensar que los días pasaban muy lentos y luego avanzaban casi sin darnos cuenta. Lo bueno es que íbamos con un día de antelación respecto al itinerario trazado, con lo que nos pudimos relajar y eso mismo sería lo que haríamos.

 

Más marcas

 

Es bueno saber que la apuesta por marcas españolas sigue siendo una constante en la ciudad. Las más conocida en lo que textil se refiere, es Zara y seguida de Mango, aunque esta última parece que está perdiendo algo de tirón con el cierre de algunas de sus tiendas.

De sobra conocido el grupo Inditex que aglutina algunas de las marcas principales de ropa como la mencionada Zara, Pull and Bear o Massimo Dutti.

Relacionada está con este gigante textil la siguiente marca. Curiosamente el verano pasado cuando estuvimos de vacaciones por Barcelona, mientras dábamos una vuelta por las cercanías de Plaza Cataluña, encontramos una tienda de la marca Uterqüe. Hasta aquel momento una total desconocida para mi, pero de lo que vimos nos gustó el estilo de la ropa y los complementos. Se anuncia próxima apertura de una tienda en el centro comercial IFC.
 
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De momento trabajando en su interior aunque sin fechas, pero seguro que a finales de mes o lo más tardar principios del mes siguiente estará lista. Sabiendo la prisa que se dan con las obras y la eficacia en los tiempos de ejecución, no tengo duda.

Las marcas españolas siguen en buena forma y esto es buen indicio. El.grupo creando más beneficios en comparación al mismo período de 2011 y esto tiende a crear más empleo con tiendas nuevas. Es bienvenido.