Demo

A todos nos gusta poder probar productos nuevos y más aún si luego nos podemos llevar un pequeño detalle de regalo a casa. La gente de Olympus quiso aprovechar durante el fin de semana y montar varios stands en los que poder probar lo último de su gama Pen. Como dice su el lema de su campaña publicitaria: «Para querer, para tocar, para compartir». Bajo este arco accedíamos a los distintos puestos.

Son cámaras de uso amigable con las que disfrutar con nuestros amigos y hacer cuantas más fotos mejor. El tiempo que estuve probando una de ellas, primero con lente bastante angular y otro con lente zoom, con una calidad de imagen muy buena. Y lo mejor de todo el tamaño, para llevar siempre encima nuestro sin que nos pese demasiado.

De los escenarios dispuestos, teníamos una pequeña maqueta con trenecito, con atracciones tipo noria y hasta un tio vivo.

image

Al mismo tiempo que los mayores prueban las cámaras, los niños también se podían entretener. Sobre todo para las familias y aprovechar para sacarse algunas fotos. Una cosa que no comenté, es que te daban un papel a modo de pasaporte, pasabas por cada uno de los puestos que había para conseguir un sello y a la vez que probabas la cámara. Finalmente con todos los sellos, te daban un obsequio.

image
 
image
 
image

Y entre estos detalles, el que comentaba al principio. Se trataba de una réplica en miniatura de uno de los modelos. Listo para poner en nuestro llavero o bien como colgante de nuestro móvil. Nada de USB dentro, aunque eso si que hubiera sido total 🙂

image

La verdad que esta gama Pen, es una camarita más que apetecible de igual forma que la gama Nex de Sony. De momento mi 7D no la cambio por nada, pero si que me gustaría llevar a veces una cámara más compacta. El sistema micro 4:3 está bien, pero estar nuevamente con más lentes (aunque se pueden adaptar las de Canon y compañía) es algo que no me llama, en todo caso, un modelo compacto como la S110. Pero desde luego que buen sabor de boca se queda uno. ¿Han probado alguna cámara con este sistema? o igual ya la tienen algunos que me sé yo 🙂

Detalles

 

Es una tradición que se repite año tras año y ya va tocando poner la decoración propia. Si apenas un mes para el mundo occidental terminamos nuestras fiestas de Navidad, ahora le toca al mundo oriental celebrarlo a su manera. A modo de recordatorio, según el calendario chino que se rige por el lunar, será en la segunda semana de Febrero cuando comiencen las festividades. Desde el domingo 10 y siendo festivos los siguientes tres días en Hong Kong, aunque para el resto de China puede significara semana completa.

Algunos elementos decorativos relacionados me he ido encontrando durante estos días, tales como este pequeño puente situado en frente del edificio Hopewell en Wan Chai. Lo curioso, que a un lado había un pequeño mural en el que la gente podía dejar un candadito. Parte de festividad china y también combinado con la cercanía al día de San Valentín.

image

Viajando hasta Kowloon y en un sitio de mis preferidos como sabrán, Mongkok, y en el centro comercial Langham Place. En lo alto de una de sus entradas, no faltan los motivos decorativos y esta vez no hay Hello Kitty, sino unas simpáticas muñequitas chinas.

image

El color naranja como saben, representa fortuna y por su parecido con el oro. De ahí que veamos muchos arbolitos con estas naranjitas y presidiendo muchos edificios o portales de casas.

image

Todos estos elementos que nos indican la llegada inminente de una semana festiva, no sólo en China sino en más países asiáticos como Vietnam, Taiwán, Singapur o Malasia. Tampoco olvidarnos de las comunidades que vivan fuera de su país de origen que seguro tendrán sus celebraciones. Me imagino los Chinatown repartidos a lo largo y ancho del globo.

Aireándose

 

Uno van paseando por la calle tan tranquilamente por un vecindario de los Nuevos Territorios, como es este caso, un día con cierto calorcito y algo de brisa en una mañana de sábado. Hasta aquí bien, pero algo llama nuestra atención cuando nos encontramos esta escena, que es de lo más habitual durante el fin de semana:

image

Debido al espacio limitado con el que cuentan algunas casas para tender alguna ropa, en especial aquellas de gran tamaño como son sábanas, colchas… dónde mejor sino al aire libre para que les de el solecito. Aprovechar una cuerda en una trasera donde no moleste a nadie, y a tender se ha dicho.

Viéndolo de esta forma, es un gasto de lavandería que se ahorran y nada mejor que los rayos del sol antes que usar una secadora que a la larga ya sabemos que va deteriorando los tejidos. Y creo que quejar por parte de los vecinos no hay. Y sabiendo como son aquí de gastarse el hacer anuncios para prohibir esto y lo otro, aunque si que he visto carteles en los parques públicos, cosa que me parece muy bien. Se imaginan estar de paseo por el parque y verse ropa tendida digamos cerca de los columpios o en algunas barandillas cercanas, no es lo suyo.

Rumbo suizo

Llegamos a Milán en vuelo directo desde Hong Kong después de unas 13 horitas en el aire pero que se hicieron bastante llevaderas, y es que viajando de noche uno siempre puede aprovechar las horas de sueño habituales para darle descanso al cuerpo, y eso entre la cenita de turno junto con un par de películas para entretenernos. Pasaban unos minutos de las 7 de la mañana cuando aterrizamos en el aeropuerto de Malpensa y aún no se veía mucha actividad. A la espera de que salieran nuestras maletas y ponernos en marcha un ratito más tarde.


 

Habíamos reservado un coche de alquiler para hacer el primer tramo del viaje que implicaba desplazarnos desde Milán hasta Zurich, pero como llegamos más temprano de lo que había previsto, hicimos un poco de tiempo tomándonos un cafecito que el cuerpo nos lo iba a agradecer luego, sobre todo a mi que estaría tras el volante.

Bienvenido a los euros y a los precios europeos.

Echando un vistazo a cómo estala el tiempo fuera, y la verdad que no pintaba demasiado bien. Confiaba en que más adelante el día se despejase, pero ya estaríamos alejados de la ciudad y de camino a Suiza. Creo que con unos 2ºC de temperatura, cielo nublado y un poquito de lluvia finita.

Como ya se iba acercando la hora en la que había acordado recoger el coche, tuve que darles una llamada para que nos vinieran a recoger puesto que la oficina no estaba en la propia terminal. Después de unos minutos de espera, aparecía una furgoneta de la empresa de alquiler y que nos llevaría a la oficina para hacer los trámites de rigor.

El coche elegido era…igual difícil adivinarlo tan sólo por el cuadro de mandos. Un clásico Fiat Punto. Comprobar que todo estaba en orden, colocar el equipaje, ajustar los retrovisores y ponernos en marcha. Eso sí, tendríamos que hacer una breve paradita para llenar el depósito por completo puesto que nos esperaban unos cientos de kilómetros en dirección al norte.

Siendo previsor para el viaje, había descargado el mapa de nuestro trayecto e impreso las indicaciones. Así tenía a mi novia de copiloto, que eso siempre ayuda, aunque las indicaciones estaban bien señalizadas, pero ya se sabe cuando estamos en un país nuevo y con carreteras a las que no estamos familiarizados, y si juntamos que la meteorología es otro factor importante. Había tramos de niebla un tanto densa pero lo bueno es que no había lluvia intensa y ni tan siquiera nieve. Esta última tan sólo en los laterales de la carretera y en lo que yo conducía, mi novia aprovechó para sacar algunas fotos.

Nos preguntábamos ¿cómo estaría el tiempo en Suiza, igual de nublado que en Italia? la el paisaje se volvía un poco más montañoso según seguíamos acercándonos a nuestro destino, pero aún tendríamos sorpresas..

Finalmente se hizo la luz después de atravesar un largo túnel de 17 kilómetros. En concreto, el de Gottard y siendo el tercero dentro del top de túneles a nivel mundial. Se hizo un poco interminable, y además siendo de doble sentido durante tantos kilómetros en un espacio reducido. Pero lo mejor fue que nada más salir del túnel, el cielo azul nos dio la bienvenida de esta forma 🙂


 

El paisaje era estupendo, como sacado de una película. Las laderas de las montañas salpicadas de casitas de madera, el color verde de la tierra, el blanco de la nieve y un cielo limpio. Así daba gusto poder entrar en un nuevo país, y aunque la estancia sería breve, apuesto que me dejaría buen sabor de boca. Digo me, porque mi novia hace ya unos cuantos años que tuvo ocasión de visitarlo, pero yo me estaba estrenando.

Aunque aún nos quedaba un poquito para llegar hasta Zurich, decidimos hacer una paradita en una gasolinera de paso y así poder estirar las piernas. De paso, compramos algo de provisiones y también cayeron algunos souvenirs, incluída una clásica navaja suiza, ya me podía dar por satifecho.

La duración total del trayecto fue de apenas unas cuatro horas, incluyendo la parada antes mencionada. Ahora sólo teníamos que dar con el hotel; por suerte no tuvimos que dar muchas vueltas y llegamos bastante rapidito. Qué ganas de llegar a la habitación y descansar un poco, y mientras tanto disfrutar de la panorámica de la ciudad.

Más tarde saldríamos a dar una vuelta por el centro y encontrarnos con unos amigos para cenar. Allá vamos Zurich!!