Windows 8

 

Como bien saben, una cosa que me gusta bastante y por la que siento debilidad son los aparatos electrónicos, a aquellos que llamamos hoy en día: gadgets. Aprovechando que una nueva edición de la Feria Computex en Taipei acaba de comenzar, qué mejor forma para compartir un poco sobre tecnología.

A pesar de que apenas recién estén viendo la luz algunos productos, seguro que coinciden conmigo que Windows 8 es de lo que más está dando que hablar en los últimos meses. Las principales marcas del sector aprovechan para dar a conocer productos que estarán a la venta en pocos meses y destacar los tablets que vienen equipados con esta nueva versión de Windows, donde se ha innovado bastante respecto a la interfaz y que viene inspirado de los teléfonos con Windows Phone 7, con sistema de mosaicos. Parece que esta vez Microsoft va por el buen camino ofreciendo un producto con buenas características: rapidez y facilidad de uso.
 

Este es un modelo del fabricante Asus. Básicamente es un modelo del estilo al Transformer con Android. Tampoco puede faltar la base con teclado que le da una mayor autonomía.
 

Si buscan por la red, seguro se encontrarán con algunas noticias relativas a estos nuevos productos con los que algunos reporteros ya han estado jugando y sacando algunas breves conclusiones sobre especificaciones y acabado. No obstante, habrá que esperar hasta que se puedan obtener unas revisiones más detalladas de cada uno de ellos, pero no pintan nada mal.

Dejo por aquí estos enlaces del día que vienen desde la web Netbooknews

Asus
Acer

Aunque el sistema operativo no estará disponible hasta el mes de Octubre, éste es un muy buen adelanto. Más fabricantes no tardarán en subirse al carro y sacar nuevos productos. El mercado de tablets se pone más interesante y de cara a los consumidores, una nueva opción a tener en cuenta: iOS, Android o Windows 8. Un servidor aún no tiene tablet pero de momento lo que más me atrae es una con Android, cuestión de tiempo y ver qué modelo se adapta mejor.

No dejen de seguir la feria en estos días. Promete.

 

Momento Wayag

 

Hasta aquí habíamos llegado y nos esperaba otro gran día por delante. Una cenita de las nuestras, charlar un poco después de la odisea por la mañana y coger el sueño prontito. Poco más podíamos hacer cuando pasaban de las 10 de la noche, tan sólo escuchar un poco de música o leer.

El tiempo estaba de nuestro lado cuando comenzamos una nueva jornada del viaje. El cielo azul hacía presagiar que sería un buen día y vaya que sí lo sería. Salimos de nuestro refugio con un par de guías que nos acompañarían durante buena parte del día. Ellos son los que mejor conocían la zona y sus recovecos. ¡Vamos allá!
 

La zona a la que accederíamos distaba como mucho unos 20 minutos de barquita, un paseo agradable al comienzo del día. A pie de playa: el color turquesa del agua y las formaciones rocosas salpicando el paisaje, pero tendríamos que irnos un poco más arriba para contemplarlo mejor.
 

Descendemos del bote y nos adentramos entre la vegetación ¿Preparados? este es el momento que hemos esperado durante todo el viaje. Nos queda escalar monte arriba hasta la cima. Momento de seguir a nuestros intrépidos guías que ni siquiera llevan cholas y uno contempla con asombro como trepan por las rocas como si tal cosa, es lo que se dice estar adaptados al terreno. Nosotros con cuidado y sabiendo dónde agarrarse bien.
 

Vamos ascendiendo poco a poco y tras algunos metros con el efecto de la humedad, el sudor se hace más presente. Alguna paradita para secarnos las frente y darnos de lo que vamos dejando allá abajo. La playa y las rocas se van haciendo chiquititas.
 

Calculo que el ascenso total no más de diez minutos, con un camino sin trazar y agarrándonos a troncos de árboles y rocas; sólo nos hubiera faltado un machete para hacerlo más auténtico, aunque la vegetación no era tan tupida. Y aquí estamos señores, en lo alto. Disfrutemos de las vistas y del silencio 🙂
 

Alberto no duda en escalar un poco más para buscar un sitio privilegiado y no perderse detalle. A continuación unas fotos para su disfrute. Tan sólo verlas es como teletransportarse hasta allí.
 

 

 

 

Ahora sentado en la mesa de trabajo, cerrar los ojos y casi como estuviera allí, recuerdos imborrables. ¡Objetivo conseguido chicos!
 

Si la subida se las traía, el descenso no iba a ser menos con el factor inercia en nuestra contra. Algún que otro resbaló tuvimos pero sin consecuencias que lamentar. Dentro de lo que cabe las rocas tenían formas redondeadas con lo que de caernos, el raspón sería menor. No obstante, con cuidado de donde pisar y agarrarnos.

Menudo aperitivo, más bien plato del día, y eso que apenas habíamos empezado. Ensimismados por el paisaje, continuamos entre los islotes para seguir explorando la zona. En nuestro barco siempre con buen rollo y una sonrisa antes que nada, mientras el motor aguante y no andemos escasos de gasolina, no Agus? jaja, que sino luego se nos ponía tristón y esa carita que ponía era bastante cómica.
 

 

La vegetación de estos islotes tan tupida y que aprovecha hasta el máximo el espacio, sin embargo, siempre hay algún caminito que nos lleve hasta la cima que sólo nuestros guías conocen. Sería nuestra segunda parada de la mañana y sin duda, la que más peligro tenía. No porque lo probase yo, que tuve un pequeño percance en el bote al darme un tirón en el tobillo izquierdo de la forma más tonta y por precaución me quedé en la embarcación mientras Alberto y Dani se perdían islote arriba.
 

A su vuelta, poder contarlo y de cabeza al agua para refrescarse un rato. El sol del mediodía estaba empezando a hacer justicia y creo que no tardaríamos en empezar a regresar para estar de vuelta a la hora de la comida. Un menú de los nuestros nos improvisaríamos 🙂
 

Por la tarde, con un plan más relax y sin la necesidad de tener que escalar, otro de los guías se prestó a acompañarnos y mostrarnos otra de las zonas de islotes. Por muchos que viéramos ese día, no nos cansaría y no dejaríamos de asombrarnos de la diversidad de formas y sobre todo los colores.
 

Nuestro guía no perdía de vista el frente e iba orientando a Agus para saber hacia donde tenía que dirigir la embarcación. Con ritmo lento y hasta por momentos parando el motor ayudándonos con un palo para avanzar debido a la poca profundidad y evitar que nos quedásemos atascados.
 

Nos encontraríamos con la presencia de una tortuga que avanzaba con toda su parsimonia a pocos metros de nosotros. De resto, todo muy tranquilo y con pocos pececitos por los alrededores.
 

Auténtico espejo alguna de las zonas de agua que sólo se veían interrumpidas por nuestro paso
 

Y los manglares que cierran el paso entre algunas de las lagunas. La vegetación se abre paso allá donde puede, diversidad es la palabra.
 

 

¿Ven la zona blanca un poco más al fondo de la foto? Un banco de arena que tuvimos que ir bordeando con cuidado por el extremo de la derecha. Seguiríamos hasta el fondo donde podríamos ver ya el mar abierto.
 

 

El mar en esa zona nos había advertido que era bastante agitado y razón no les faltaba viendo el oleaje a unos cientos de metros por delante de nosotros. De ahí que para meternos por la zona de lagunas tuvimos que acceder por el sur e ir avanzando entre rinconcitos hasta el norte y poder contemplar esa zona de mar. Sólo le faltaba que de repente saliera un galeón cruzando como en la película de los Goonies, tal cual.
 

Para saltar de alegría con el día que nos estábamos gozando todos. Dani no se lo pensó dos veces y se tiró al agua tan sonriente.
 

Creo que nos podíamos sentir más que satisfechos y sobre todo unos privilegiados por estar surcando aquellas aguas. Me pregunto cuántas personas habrán estado allí, seguro que no tantas como podamos pensar. Una de las ventajas de que el turismo en la zona no esté masificado, sólo unos pocos se aventuran a llegar tan lejos y esperemos que el paso del tiempo no lo estropee. ¿Volveremos algún día? quien sabe…
 

Momento de emprender el camino de vuelta a nuestro refugio. Nuestra última noche en Wayag y al día siguiente comenzar el camino de vuelta hacia el sur hasta Sorong con un par de días por delante. Ibamos mejor de lo previsto con nuestro itinerario. Da gusto cuando las cosas salen mejor de lo planeado, pero mejor andar sobrados de tiempo que no ir justos, por lo que puediera pasar.
 

Es el momento del viaje para enmarcar, dudo que se nos olvide en mucho tiempo. La razón de habernos pegado una odisea de unos cuantos kilómetros a bordo de nuestro fiel longboat con su tripulación. Para que luego nos llamen locos; espíritu aventurero en buena compañía.

 

Kiosquito

 

Al más puro estilo playero nos podemos encontrar en distintos puntos de la ciudad kiosquitos como estos, ofreciendo todo tipo de refrigerios perfectos para combatir el calor. Ciertamente la publicidad que tiene me recuerda a los helados Kalise, qué recuerdos del verano 🙂

A pesar de que se trate de un kiosko móvil, doy fe que poco se mueve durante la semana porque siempre que paso por allí de camino a Central a hacer algunas diligencias, ahí están al pie del cañón. Aunque eso no quita para que puedan trasladarse a otra esquinita, pero es la suya sin duda.
 
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Éste en concreto se encuentra justo en frente de la tienda de Chanel, un lugar por el que a diario pasa mucha gente de camino al trabajo o a la hora del almuerzo. Fácil para comprar alguna botellita de agua, refresco; también, helados, empiezan a apetecer bastante.

Mañana daremos la bienvenida a un nuevo mes y en unas semanas a la estación estival. No dejar de comprar en el kioskito más cercano que tengamos, beneficiamos al pequeño comerciante frente a las todopoderosas cadenas de supermercados, ya que, tan sólo unas pocas son las que controlan el mercado.

Mantenerse hidratados o darse un caprichito para el cuerpo.

 

En Tosca

 

El pasado miércoles nos acercamos mi novia y yo hasta el ICC que queda justo encima de la estación de metro de Kowloon, a los pies del centro comercial Elements. Como hacía un tiempito que no salíamos a cenar algo especial, decidimos probar un sitio del que habíamos leído muy buenas críticas. Se trata del restaurante Tosca situado en la planta 102 dentro del hotel Ritz-Carlton. Ni que decir que a esas alturas, las vistas son de vértigo. Aunque no pudimos conseguir la mesa más pegadita a la ventana, se podía tener buena panorámica hacia la isla de Hong Kong.
 
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Como buen restaurante italiano que se precie, para empezar un plato de pan variado en el que no puede faltar fogaccia. Acompañado de aceite de oliva con un toque de vinagre balsámico. Todo un vicio para los amantes del pan, y uno que no acostumbra a comer tanto pan a diario como lo haría en España, éste es de lo momentos que hay que aprovechar. Creo que nos cambiarían el plato en dos ocasiones más. Acompañamiento perfecto entre plato y plato.
 
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Antes de ir que mi novia le estuvo echando un ojo al menú, ya tenía muy claro lo que iba a pedir. Añadir que la carta no es súper extensa pero todos los platos están muy cuidado y destancando algunos platos estrella como puede ser: el carpaccio de carne. Ni que decir que estaba espectacular. El corte de la carne y además el contraste con un toque de helado de vainilla. Súper fresquito el plato.
 
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Yo por mi parte opté por un plato de berenjenas gratinadas con mozarella. De textura muy suave, acompañado de tomatitos cherry y un poco de parmesano.
 
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Después de los entrantes y antes de pasar al plato principal, pedimos este ravioli relleno de queso y con trocitos de ternera con cierto toque agridulce. Una combinación interesante, además de, la forma poco tradicional del ravioli siendo tan alargado, en vez de los cuadraditos a los que uno está acostumbrado.
 
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Otra de las recomendaciones del sitio eran las chuletitas de cordero. Buena presencia en el plato y con unas papitas en forma de daditos. La carne poco hecha, con un poco de salsita para cerrar el conjunto. Muy tierno, perfecto para mi, pero creo que mi novia no le hubiera importado que estuviera algo más hecha la carne para su gusto. No obstante, muy bueno.
 
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Y mi segundo plato, tiras de solomillo. Insuperables, no digo más! Comer y disfrutar. El resto de detalles del plato se me han olvidado por completo, jeje. Mala costumbre la mía la de no anotarlo o sino una foto al menú la próxima vez.
 
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Para cerrar la noche no nos podíamos ir sin unos postritos, y con lo que a mi me gustan 🙂 El tiramisú es otro de los destacados, pero por desgracia la foto que saqué no quedo muy allá, así que, cojo prestada una de la gente de Open Rice. Antes de que el postre llegara, el camarero hizo una apuestao conmigo: «si no te convence el tiramisú, no te lo cobro». Así que, hecho. Sólo quedaba mi veredicto luego.
 

Ni que decir que finalmente tuvimos que incluirle el tiramisú en la cuenta, no nos escapamos. Más que justificada la recomendación y es que no se parece en nada o un poquito al convencional. Sobre todo por la galleta que tiene en parte superior, lo cremoso que estaba o el puntito exacto de café. Genial.

Y para mi novia un canoli. Crujiiente con trocitos de pistacho y crema en el interior. Muy peculiar su presentación y de sabor más que interesante.
 
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Cafecito y petit-four cerrando una cena más que magnífica. Ah! se me olvidaba, una botella de vinito tinto de Valpolicella. No es que sea un gran experto de vinos, y más en los italianos, pero tengo buenos recuerdos yendo a comer con mis padres en un italiano de Tenerife en el que probé varios vinos, y eso siempre ayuda.
 
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Un sitio apto tanto para cenar o bien almorzar con unas vistas increíbles y comida a la altura. Una muy buena experiencia para nuestra primera vez. Puede que más adelante probemos el brunch que tiene fama; de momento, aún seguimos saboreando los platos que les mostré anteriormente.

Si se quedan con más ganas y quieren leer críticas de más gente puede echarle un vistazo a este enlace.