Mi mejor media maratón

Después de haber participado por primera vez en el año 2015 en la carrera «China Coast Marathon» y habiéndome puesto como objetivo participar de nuevo, aquí estamos en la edición del año 2016 (un domingo 31 de enero) y hacer una mejor media maratón. La rutina volvía a repetirse: despertar temprano para ponerse las pilas con el desayuno, prepararse e ir hasta Tai Po para coger la guagua que nos llevaría hasta Pak Tam Chung que es donde empezaba la carrera.

Los días más largos de otoño-invierno haciendo que la primera luz del día empezase pasadas las 7 de la mañana. Dorsal ya recogido y listo para dejar mi maleta en la bolsa para dar a los voluntarios que se encargarían de organizarlas.

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El nivel de actividad iba en aumento a medida que iban llegando más corredores y por la megafonía iban anunciando las zonas para recoger el dorsal, además de cuánto tiempo faltaba para el inicio de la carrera. Lo normal en los preparativos previos es que la gente aproveche para ir al baño con las consiguientes colas. Algunos ya empezaban a calentar, y es que el tiempo estaba fresquito además se preveía que hubiese algo de viento en la parte alta al paso de la presa.

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Faltando poco más de de media hora para el comienzo y en las cercanías de la línea de salida tras un calentamiento previo. Mejor ir cogiendo algo de sitio que sino luego con todo el mogollón se hace un poco más difícil avanzar posiciones para posicionarse bien cogiendo un buen ritmo.

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Por la megafonía anunciaban que serían casi 3000 corredores los que estarían participando entre las modalidades de media maratón y maratón completa. Algunas caras conocidas de unos amigos del equipo de dragonboat, deseándonos suerte para la carrera. Pasaban los minutos y la gente se iban agrupando un poquito más, el comienzo estaba próximo y ahora sólo quedaba ajustarse los tenis y poner nuestro reloj / móvil en marcha para hacer el seguimiento de la carrera. Un minuto y la cuenta atrás 10, 9, 8… y ¡arranca la carrera!

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Sabiendo que nos espera una primera rampa de subida, hay que ser conservador sin apurar mucho en los primeros kilómetros. Reconozco que el año pasado me costó un poco en el tramo final pero esta vez con el recorrido ya en mente y conociéndolo bastante bien de cuando estuvimos entrenando para el Trailwalker, no habría dificultad. Ahora sólo quedaba que las piernas respondiesen bien al recorrido un tanto ondulante y mantener un buen ritmo. Lo más importante: disfrutar de la carrera y escuchar a mi cuerpo.

El factor viento a la hora de afrontar las subidas si que se notó un poco pero tan sólo algunas ráfagas y de igual forma cuando nos tocó dar la vuelta al recorrido en los tramos de bajada, había que tener cuidado para no ir demasiado rápido animados por el empuje del viento. En todo momento me encontré bastante cómodo y las piernas no se quejaron, sabiendo el trechito que me quedaba poco antes del final y luego encarar la parte final de la carrera. Miraba el reloj de vez en cuando y estaba yendo más rápido, me daba confianza y sabía que podía apretar un poco para mejorar mie tiempo. Últimos metros y haciendo el sprint final, yeah! había conseguido mejorar mi tiempo con creces pero aún tendría que esperar a ver el tiempo oficial. Finalmente la marca sería de1h45m44s, bajando mi tiempo en casi 13 minutos respecto al año pasado. Qué gran sensación desde luego, mi mejor media maratón hasta la fecha.

Tras finalizar ir a la zona para recoger la camiseta-souvenir, plátano, magdalena y bebida isotónica. No olvidarme de hacer unos estiramientos mientras estaba aún en caliente y luego devorar la comida. Recoger mi bolsa y ponerme una camiseta fresquita junto con el suéter; listo para coger la guagua de vuelta que nos llevaría hasta la parada de tren «Universidad». Ya en el tren de regreso a casa, y con la mente puesta en un buen almuerzo para recuperar las energías.

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Muy contento por cómo se había dado la carrera y cumplido el objetivo de mejorar mi tiempo. Además, esta carrera me ha venido muy bien como preparación de cara a la maratón de Tokio que estaré corriendo el próximo domingo 28. Ya no queda nadita, y ultimando los entrenamientos estos últimos días esperando tener las piernas listas para el gran día.

Punta de Teno

Como si se tratase de un triángulo, la punta de Teno vendría a ser uno de los vértices más alejados desde la capital y que tiene un atractivo especial. Llegar hasta el final de la isla, hasta su faro y sentir la brisa del mar; la fuerza del oleaje y sentir ese spray de gotitas que las lleva el viento.

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Para nosotros los isleños que a veces las distancias nos parecen grandes, ir hasta la punta de Teno es como quien va a pasar el día y ya que estamos, uno aprovecha para darse una vueltita por la isla como quien no quiere la cosa. Es una excusa para poder disfrutar del paisaje, de la carretera y algunas paraditas a lo largo del camino para almorzar o echarse un cafecito.

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Los Gigantes fácilmente visibles y el terreno donde se mezcla roca con algo de vegetación. Un sitio que hasta hace poco estaba cerrado debido a las obras de mejora de la carretera, en parte para prevenir los desprendimientos porque lo que se dice respecto al asfalto había unos cuantos buenos agujeros y había que ir con cuidado.

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Una pequeña calita en la que los bañistas disfrutan o bien echarse un rato al si encontramos un hueco entre los callados de la playa. Un poco de viento si que hacía ese día pero un bañito en el mes de Diciembre es todo un lujo.

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Caminando en dirección al faro, el sol está pegando con intensidad pero ya la iba quedando poco gas porque en cuestión de una hora y poco el atardecer estaría por llegar. Como quien no quiere la cosa, nos pegamos casi una horita entre las fotos y el paseo. Nada mejor después de haber almorzado y evitar la clásica modorra, sobre todo para un servidor que se tenía que poner al volante.

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Con las pilas cargadas, emprendemos el camino de vuelta por la carretera y en dirección a las cumbres de Masca para terminar volviendo por la autopista del sur. Lástima no habernos quedado para ver el atardecer que seguro fue todo un espectáculo, aunque desde las alturas si que disfrutamos de un cielo con unas tonalidades increíbles.

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El viaje si que mereció mucho la pena, en parte porque hacía muchísimos años que no había podido estar y porque también fue especial el poder enseñarles a la familia de mi mujer ese rinconcito de la isla.

Primera carrera

Apenas había comenzado el año y me proponía empezar con buen pie para no perder la costumbre de correr, aunque esta vez con la desventaja de haber hecho un parón navideño en la rutina habitual de salidas pero confiaba con que retomando la semana antes de la primera carrera de 2016 lo haría sin problemas. Me enteré de la existencia de «The Green Race» en lo que buscaba el calendario de carreras y me llamó la atención por su recorrido que pintaba bastante bien. Tenían dos variantes de 10 y 15kms, siendo esta última a la que me apunté.

La noche antes como es habitual, dejar las cosas preparaditas para la carrera aunque no iría muy cargado porque al tratarse de una distancia ni muy larga ni muy corta podría correr más ligero además que las previsiones del tiempo apuntaba que haría algo de fresquito y nublado pero eso luego cuando empieza a correr arranca a sudar si o si. Botellita de agua en mano y un gel por si acaso.

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La carrera daba comienzo desde Braemar Hill que queda en la zona alta de North Point y desde allí ascendía un poco para luego ir llaneando en zig-zag entre la montaña para luego emprender el descenso hacia la presa de Tai Tam, empezar el ascenso hacia Park View y la subida final hacia Mount Butler para terminar en el mismo lugar donde empezamos. A las 8 de la mañana se daba el pistoletazo de salida, vamos allá!

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En los metros finales haciendo un poco de sprint para arañar un poco el crono pero no estuvo nada mal hacer 1h47m y sobre todo disfrutando mucho de las vistas a lo largo del recorrido a pesar de tener algunas nubes. Para ser la primera edición de esta carrera, no se me dio nada mal pero seguro que con el tiempo pueden ir puliendo algunos detallitos de organización.

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¿Qué tal fueron las sensaciones durante la carrera? La verdad que me encontré bastante bien e intenté ir siempre a mi ritmo sin dejarme llevar por la emoción o salir persiguiendo a otros corredores para pillarles el ritmo que seguro luego me podría pasar factura.

A priori parecía un recorrido fácil por las zonas llanas y de bajada pero había que reservar fuerzas para los tramos de subida, y ahí creo que fue donde más sufrí pero no justamente durante la carrera sino en el día después por las agujetas que tuve en uno de los gemelos; fue cuestión de un par de días y como luego nuevo.

Al lado del mar

Como quien dice, esto es casi empezar por el final pero también apuramos el último día de visita en la isla hasta el máximo. Día 31 de diciembre y en la víspera de recibir el nuevo año al lado del mar; nos escapamos hasta el sur de la isla que nos recibía con un sol radiante como si se tratase de verano y buena prueba de ello la cantidad de turistas británicos, alemanes, rusos… y demás nacionalidades que estaban tumbados cogiendo rayos; a cada cual con un tono un poco más sonrosadito y mientras tanto nosotros dando un paseo que habíamos iniciado desde la playa del Duque y bordeando la costa llegando hasta casi la caleta de Adeje.

La hora de comer se iba acercando y la gente me iba reclamando ya un sitio para sentarnos y comer. No demasiado lejos podía divisar unos restaurantes y sería cuestión de pocos minutos en llegar a ellos. En lo que me había adelantado para ir dando un vistazo al menú de varios locales, hablaba por teléfono con mi mujer para darle algunos detalles de la carta. Finalmente, asunto resuelto y nos sentamos en una de las mesitas del restaurante «Casa Celso«, con una vista privilegiada al lado del mar.

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Vistazo a la carta para empezar con unos entrantitos y luego algo de pescado del día. Tanto les había gustado el cherne de la otra noche cuando estábamos por el Puerto de la Cruz que no dudamos en pedir de nuevo. Los entrantes entre los que estaban: mejillones, pimientos de padrón, pasta marinera y gambitas al ajillo, junto con el pescadito para compartir. Suficiente para contentar al personal, o eso espero y sino… hueco para el postre que siempre hay.

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La hora del postre fue sagrada y los más golosos de la mesa entre los que nos encontramos la sobrina de mi mujer y un servidor nos acercamos a las neveras a ver cuáles eran las opciones. Quesillo con nata y una tarta de chocolate con nueces, y creo que acertamos de pleno 😀

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Ahora para el regreso nos quedaba un paseito como de casi una hora pero con eso de estar haciendo la digestión y demás, seguro que se nos alargaría demasiado. Lo mejor fue que me diese un salto a buscar el coche al aparcamiento donde lo habíamos dejado y recogerlos; el paseito a paso ligero si que me vino bien a mi para que luego no sufriese los efectos de la modorra habitual y que luego teníamos que poner rumbo de vuelta a Santa Cruz.

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Fue un día de media jornada pero en el pudimos aprovechar un buen ratito de sol; yo creo que hasta todos cogieron un poco de colorcito y todo. A no ser un día que nos llovió estando por el Sauzal, de resto el tiempo estuvo espléndido hasta el final. Vacaciones de Navidad perfectas y además probando muchas cositas nuevas, y sobre todo para mis parientes que lo experimentaban todo por primera vez.

El jet lag ya está más que superado después de casi dos semanitas desde que nos volvimos. Yo creo que todos disfrutaron mucho de la isla y más aún al lado del mar disfrutando de la brisa y buena comidita local.

¡Feliz fin de semana a todos!